Opinión > EDITORIAL

Una sola urna

El movimiento Un Solo Uruguay demostró que sigue activo y dando lucha por sus reclamos 

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25 de enero de 2019 a las 05:04

La nueva convocatoria en Santa Bernardina en Durazno de Un Solo Uruguay tuvo menos impacto que la de un año antes, pero igual demostró que el movimiento sigue activo y tiene mucho más para decir. 

Para el 2019 los organizadores de este innovador movimiento opositor optaron por repetir el formato y hasta la forma de ese mojón mítico, como fue el 23 de enero de 2018. Tal vez no fue una buena decisión, ya que le quitó sorpresa y las comparaciones siempre son odiosas: la de 2018 será insuperable.

En un año mucha agua pasó por debajo del puente. El año pasado Un Solo Uruguay prendió una llama que se desparramó a lo largo y ancho de todo el país. Tanto el gobierno del Frente Amplio como el movimiento sindical observaron sin reacción como este grupo de individuos ligados al campo con ganas de trabajar y producir les disputaba el monopolio de los reclamos populares y las reivindicaciones sociales.

Una vez más en la capital y adyacencias, los montevideanos urbanos volvieron a ver una realidad que es mucho más rica y compleja que el estúpido estereotipo de que la gente que produce en el campo son extensiones brutas de las 4x4.  

Es todo lo contrario: las 10 pesadas mochilas que carga el Estado uruguayo a las que hizo referencia Eduardo Blasina en 2018 siguen tan pesadas y molestas como nunca. Por eso es por lo que el planteo de Un Solo Uruguay rasca donde pica. Ubica la discusión política precisamente donde debe estar. 

La proclama leída el miércoles 23 por el productor de Florida Julián Cabrera fue cargada de críticas y propuestas. Tal vez demasiadas, propias de un movimiento aluvional que logró nuclear desde pequeños transportistas, apicultores, chacareros, pequeños comerciantes, estancieros, tamberos, defensores del agua, militantes contra UPM2, productores de quesos y todos aquellos que trabajan de una u otra forma en el sector agropecuario.

Pero todos unidos por un denominador común: la exigencia de un Estado que no sea el socio perjudicial para el desarrollo sino un aliado para poder crecer y mejorar la competitividad para producir más y mejor. 

En la retina queda el intento de ninguneo al movimiento por parte del gobierno, la disputa por el relato de lo que sucede en el campo, el desnorte del oficialismo ante un movimiento de protesta que no le es afín ideológica ni políticamente y, por sobre todas las cosas, quedan el ojo y la oreja atentos de la ciudadanía a los reclamos planteados por Un Solo Uruguay.

Resulta imposible hacer oídos sordos a los planteos formulados por Cabrera u olvidar el peso de las 10 mochilas de Blasina. Entre el público en Santa Bernardina había varios precandidatos a la Presidencia de la República, quienes atentamente palparon el malestar con el presente y las ganas de cambiar el estado de las cosas actuales por algo mejor.

Será la ciudadanía con su voto y los políticos con sus propuestas quienes decidirán si los reclamos de Un Solo Uruguay tienen asidero o no. No escuchar atentamente los planteos del 23 de enero puede llevar a muchos políticos a una encerrona peligrosa. Una trampa que es en la que parece haberse metido el gobierno y su presidente cuando le dijo a un colono que exigió soluciones a los planteos: “Nos vemos en las urnas”. 

 

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