El Maestro Tabárez sorprendió a todos. A los periodistas, al técnico de Italia, Cesare Prandelli, al mundo fútbol. Comenzó con tres zagueros en el fondo cuando se esperaba que fueran cuatro. De esos tres, Diego Godín fue el líbero, en tanto José María Giménez por derecha, y Martín Cáceres, por izquierda, eran los stoppers.
Este no fue un cambio cualquiera, ya que en lo previo se esperaba línea de cuatro y con Cáceres a la derecha de lateral. Nada que ver. Con eso, además, Tabárez hizo una apuesta clave: esperar a Italia bien cerrado en el fondo, esperando para largarse al ataque en el segundo tiempo, cuando los italianos sintieran el desgaste luego de otros dos partidos en calor.
Jugó con dos carrileros como Álvaro “Tata” González por la zona derecha, y con Alvaro “Palito” Pereira por la zurda. En el mediocampo, Egidio y Lodeiro jugaron como dobles 5 con el Cebolla replegado por izquierda y dando una mano en marca y en subida. Cavani, una vez más, fue el más sacrificado ya que se tiró atrás y marcó a Andrea Pirlo, tal como lo había hecho con Steven Gerrard. De esa forma, Luis Suárez estuvo muy solo en ofensiva durante los primeros 45 minutos.
Para el complemento el Maestro volvió a sorprender. Sacó a Lodeiro y colocó a Maxi Pereira. Esto hizo que el de Benfica jugara como lateral derecho y que Tata González se instalara al lado de Egidio. Cavani seguía marcando a Pirlo y apenas aportaba arriba. Una falta de Marchisio fue el pulmotor que Uruguay necesitaba. Italia quedó con 10 y, sumado al cansancio hubo espacios que el equipo supo aprovechar muy bien. Stuani ingresó y los celestes comenzaron a jugar con tres hombres en punta. Ahora sí, Cavani pasó a la ofensiva y se olvidó de Pirlo –quien quedó un par de veces solo con la pelota y llegó con peligro–. Gastón Ramírez también ingresó bien y tras un córner suyo llegó el gol de la victoria. Uruguay ahogó a Italia. No generó tantas chances, pero el alcanzaba con una. Y fue gol.
El Maestro Tabárez sorprendió a todos. Y eso es bueno, porque valió el pasaje a octavos.