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Unidades de cuenta, no “monedas” y dinero de alta calidad (III)

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21 de enero de 2020 a las 05:03

Esta es la segunda nota de una serie de cinco que se publicarán en El Observador. La primera parte se puede leer aquí y la segunda parte aquí

La pérdida del rumbo virtuoso durante más de dos siglos en breve síntesis:

Primer pecado: legalizar la reserva fraccionaria, es decir, la autorización a multiplicar los sucedáneos del dinero (billetes y crédito bancario) en cantidades mayores al depositado, y prestarlo, creando dinero absolutamente espurio, en cantidad expansible por aumento del crédito (corresponde a la fase de auge del ciclo) y contráctil (crisis).

Segundo pecado: acuñar monedas y emitir billetes en términos de unidades de cuenta nacionales (dólares, libras, pesos, francos) en lugar de haberlo hecho en términos de cantidades físicas de oro (onzas troy, gramos).

Tercer pecado: no haber abolido la reserva fraccionaria, responsable de los ciclos, al descubrir que también el crédito bancario es dinero fiduciario tanto como los billetes, y haber pretendido, hasta hoy, aplicar parche tras parche para conjurar las crisis, empezando por la creación de los bancos centrales, en vez de ir al origen del problema.

Cuarto pecado: la creación y proliferación de bancos centrales y dineros nacionales, absolutamente artificiales, con la nefasta posibilidad de hacer “políticas monetarias”, que son verdaderamente un continuo factor de desestabilización para la economía y el entramado social (¡imagínense “políticas métricas” que cambiaran la longitud del metro todos los días!).

Estas inconsistencias, que fueron y son un tóxico para el comercio internacional y un fertilizante para el proteccionismo, llevan inevitablemente a las crisis del sistema monetario y por ende financiero, con graves consecuencias sociales y para el desempeño de la economía, que, a no olvidar, es un entramado muy complejo y muy frágil de relaciones voluntarias entre personas y agentes económicos, de derechos y obligaciones, muy difíciles de crear y más aun de regenerar cuando se rompen, pudiéndose observar oleadas de gente expulsadas a la marginalidad y la pobreza en cada crisis económica y/o financiera, y como daño adicional, no menos grave, el desprestigio de las buenas instituciones como el libre comercio o el capitalismo. Y para colmo, los ciclos no ocurren simultáneamente en todo el mundo, lo que lleva a que vivamos, al decir de JHS, en una economía esquizofrénica.

Y aunque por cada vez mayor cantidad de regulaciones las autoridades crean tener bajo control el riesgo de crisis financieras y bancarias y eso les trae tranquilidad (a los gobernantes), se soslaya el perjuicio permanente a la actividad económica privada ocasionada por la continua variación del valor del dinero en función de las políticas monetarias y de la continua expansión y contracción de la cantidad de dinero.

Iberoamérica y el euro. Propuesta

Mi visión (o mi ilusión) es, en un cambio de paradigma radical pero con raíces históricas, que, en tránsito hacia un medio de pago global y en un proceso gradual y espontáneo, país tras país, tal como ocurrió con la adopción del patrón oro durante el siglo XIX, los países que forman la Comunidad Iberoamericana de Naciones, a la par de la abolición de sus monedas nacionales, definan su unidad de cuenta nacional en términos de euros, que es una moneda (medio de pago y depósito de valor) multinacional. En donde seguramente el euro predominará como medio de pago, pero en un ámbito de total libertad de elección de monedas. Y donde no sea de descartar que también podrá adherir Estados Unidos, aunque seguramente en ese momento sea en un nuevo tratado monetario internacional. Complementa mi visión la completa libertad bancaria y la completa sujeción de los bancos al principio del coeficiente de 100% de reserva para los depósitos a la vista.

Tengo la convicción que para nosotros, los uruguayos, es imperioso eliminar el peso uruguayo como medio de pago. No aporta absolutamente nada y es solo un factor de confusión y distracción fenomenal. El único costo sería un pequeño aumento del señoreaje, en todo caso ínfimo al lado de los beneficios. ¡Porque ya estamos dolarizados en gran proporción! Resta completar su eliminación y elegir en qué medio de pago (depósito de valor) definiremos el peso uruguayo solo como unidad de cuenta nacional. ¿Qué opciones tenemos para esa elección? El oro, no es conveniente hacerlo unilateralmente; el yen o el yuan, sí podríamos; pero la alternativa obvia es entre el dólar y el euro. Culturalmente tenemos más afinidad europea, incluyendo el fútbol, el sistema métrico decimal, los 220 volts, etc. Sin mencionar la posibilidad de soñar con una Patria Grande que incluya a España y Portugal (simplemente a través del libre comercio espontáneo y sin excluir posibles tratados de comercio futuros)1 . Entonces, con una visión estratégica y geopolítica, ¿no se avendrían los europeos a resarcirnos del señoreaje o a aceptarnos como un país más del sistema euro? Todos los países iberoamericanos más las respectivas Madres Patria, más todos los demás países europeos, sería, en mi opinión, algo fantástico en oportunidades de desarrollo cultural y económico, comercio y cadenas de valor que merece la pena intentar.

Nótese que eliminar la moneda nacional no debe verse, ¡ni por asomo!, con resignación o como consecuencia del fracaso y daño permanente de no poder manejarla adecuadamente. ¡Es todo lo contrario! Tiene un beneficio enorme, gigantesco, adherir a sistemas cuanto más universales mejor.

Eduardo Palacios Maceira es directivo de la Academia Nacional de Economía

1 Ver excelente artículo de Jorge Fenández Díaz

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