Esta noche un quinteto de muchachos británicos hará delirar a miles y miles de niñas y adolescentes uruguayas, quienes (en muchos casos, junto a sus padres) asistirán a ver a One Direction.
Las boy bands –que surgieron en la década de 1960, planearon por la década de 1970, tuvieron sus altibajos en los 80 y alcanzaron su Everest en los 90, de la mano de grupos como Back Street Boys, Take That, ‘N Sync y Five, entre muchos otros– habían caído en desgracia desde hace 10 años, producto de una acefalía grande.
La sagacidad y el olfato comercial de Simon Cowell llevó a One Direction a la fama instantánea y a un éxito mundial a base de melodías pegajosas y risitas para las chicas. Es extraña la sensación musical de todo esto para los varones, quienes tienden a rechazar y/o reprimir su música, burlándose de los integrantes de estos grupos taquilleros a más no poder con el objeto de sus deseos.
Entre los celos y el desprecio musical (los varones éramos más rockeros) y capilar, las boy bands eran un suplicio. Pasan las décadas pero las circunstancias no.