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Uruguay en carrera contra Google y Apple por el mundo de los videojuegos

Los servicios de streaming de videojuegos serán la próxima etapa para la industria, y la uruguaya Abya se lanza en mayo para usuarios de Estados Unidos 

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13 de abril de 2019 a las 05:03

La guerra por los videojuegos grandes (no los casuales de celulares), o más bien la guerra por captar a los jugadores, ya no será peleada por los dispositivos como la PlayStation o la Xbox. Será en internet y tendrá un participante uruguayo, llamado Abya, que desde mayo correrá junto, o contra, los gigantes Google y Apple.

El sistema se llama cloud gaming, o juego bajo demanda, y se origina en experiencias muy primarias hechas en el año 2000 por una empresa finlandesa que fueron evolucionando a lo largo de lo que va el siglo, sin alcanzar ningún caso de éxito hasta ahora. El gran objetivo de estos servicios de streaming, o sea de transmisión, es que el usuario pueda jugar a cualquier cosa sin que importe el poder computacional de su dispositivo. Es decir, según se anuncia, ya no sería necesario gastar US$ 600 en una Play Station o US$ 1.500 en una PC preparada para juegos. “Podés jugar al Tomb Raider en una Ceibalita y cargarlo en 10 segundos”, promete Franco Miceli, fundador de Abya.

El streaming

Hay dos tipos de juegos bajo demanda. Uno sería aquel en el que el usuario tiene que descargar paulatinamente archivos del juego, por lo que precisa que su dispositivo tenga algo de poder computacional para procesarlo. Con este sistema se descarga, por ejemplo, el 5% del juego y con eso se comienza y, a medida que se avanza, el sistema va descargando pequeñas partes más sin afectar la fluidez del juego ni descargarlo nunca por completo.

El otro sistema consiste en que el juego nunca se descarga, sino que está en un servidor en la nube. En su casa, el usuario envía los comandos tal como si el juego estuviera instalado en su computadora o tableta y el juego corre desde los servidores en la nube. Técnicamente hablando, lo que el usuario recibe es una transmisión de video del juego que está jugando en una computadora en otra ciudad u otra parte del planeta. Gracias a eso, el usuario ya no tiene que preocuparse de que el juego ocupe 25 gigas y consuma seis de memoria RAM, como el Rise of the tomb raider. Este segundo sistema es el que usa Abya y el que prometen Google y Apple.

“Lo que se necesita para que esto funcione correctamente es tener poder de procesamiento en la nube. Si hay servidores con gráficos potentes, te va a funcionar en cualquier dispositivo”, dice Miceli, que es ingeniero en telecomunicaciones y tiene 34 años. Concibió esta idea en 2015 mientras trabajaba en investigación y desarrollo para el Plan Ceibal.

“Cuando estaba trabajando ahí, veía que los niños no podían usar las máquinas para los juegos que estaban de moda”, cuenta. “Más allá del fin educativo para el que estaban hechas las ceibalitas y para lo que trabajábamos, me di cuenta de que el niño le da valor a lo que tiene por la forma en que lo usa. Los equipos que comprábamos variaban, entonces me pregunté qué tenían en común todos ellos. Todos tenían una buena red y buena capacidad de video. Ahí se me ocurrió la idea de correr los juegos en la nube y hacer creer que corren en la computadora”, explica a Cromo.

El comienzo

Un fondo de apoyo de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII) le permitió dar los primeros pasos y explorar en la construcción de servidores. En ese entonces solo había un par de experiencias fallidas de streaming de juegos y los planes de Google y Apple todavía no se anunciaban. A Miceli luego se asociaron Waldemar Fernández, quien entre otras cosas había llevado varias empresas de tecnología a la bolsa de valores, y Nicolás Jodal, de Thales Lab y Genexus.

“Google arrancó a trabajar en 2016 con un equipo enorme de ingenieros. Nosotros, en nuestro pico de trabajo, fuimos siete u ocho en la empresa”, recuerda.

La diferencia entre el proyecto de Miceli y los otros que se estaban desarrollando fue, en primer lugar, técnica. Estos sistemas de streaming utilizan un modelo específico de tarjetas gráficas de la marca Nvidia (una de las marcas más utilizadas para las PC hechas para jugar), que se ocupan al mismo tiempo de procesar el juego y convertirlo en video para transmitir. “Lo que importaba era solucionar el tema de cómo codificar el video para que no ocupara mucho espacio en la red”, cuenta. Y al resolver esa cuestión pudo llegar a una solución técnica distinta a la que usaban los otros.

Con el fondo de ANII, Miceli compró su propio servidor y desarrolló su propio software. La idea era que con pocos servidores se pudiera atender a la mayor cantidad posible de usuarios, ya que los otros sistemas apelaban a servidores virtuales, es decir que se apoyan en múltiples máquinas. “Al no usar tecnologías de virtualización no necesitábamos dividir nuestro servidor entre muchas máquinas virtuales” explica.

Así llegaron al sistema llamado bare metal, o metal desnudo, que no es creación suya pero que aprovecharon para su proyecto. Un servidor bare metal es una máquina dedicada a un usuario en forma exclusiva, en lugar de ser compartida para distintos fines. En este caso, el usuario único de ese servidor es Abya y los clientes son los futuros jugadores que usen los juegos que residan en ese y otros servidores. Por eso el primer gran paso fue comprar un servidor propio.

Con el tiempo, Abya consiguió otros servidores. Algunos están en Uruguay y otros están en Estados Unidos (San José de California y Washington, específicamente). Estos que tiene en el norte son alquilados a IBM y Amazon, aunque usan el mismo servicio bare metal y por lo tanto funcionan en exclusiva para ellos. Este es uno de los factores que les permite correr cualquier clase de juego en una resolución de 1080 píxeles y a 60 cuadros por segundo. Y están trabajando para llegar a una resolución de 4K, una calidad gráfica que representa el paraíso para cualquier gamer.

Miceli cuenta que en un reporte interno sobre las pruebas que ejecutaron en sus servidores, se llegó a demostrar que uno solo de sus servidores podía soportar hasta 70 usuarios a la vez. Y los 70 podrían estar jugando distintos juegos y recibiéndolos en perfectas condiciones desde sus casas. “Por lo que sabemos de la industria, somos muy superiores en performance a lo que hay disponible”, afirma.

Las incógnitas

Estos sistemas, se supone, contribuirían a masificar videojuegos que hoy son para jugadores duros, es decir, para aquellos que invierten mucho dinero en consolas, actualizaciones de PC y compras. Es decir que podrían atraer a jugadores casuales, al menos a los que estén dispuestos a pagar una suscripción mensual cuyos costos no se anuncian, ni siquiera en el caso de los grandes competidores de Abya.

El año pasado Google había hecho una prueba pública para su sistema, pero con un nombre distinto. En marzo de este año, en la Conferencia de Desarrolladores de Juegos, presentó con toda la pompa Google Stadia, que es su nombre definitivo. Además de tener como respaldo el nombre del mismo Google, el sistema ofrece algunas ventajas, como poder ser usado desde un celular o tableta y luego ser enviado a un televisor a través del Chromecast . Y aunque el Chromecast  y el celular no parecen ser demasiado prácticos para juegos complejos pensados para PC o Xbox, el problema se solucionaría con un controlador fabricado por ellos mismos. De todos modos, Stadia todavía no está disponible y tampoco se han dado fechas.  

Seis días después de Google, Apple anunció Arcade, su propio sistema, que se abriría al público en el tercer trimestre del año. A diferencia de Stadia, Apple Arcade permitirá jugar sin conexión, si se quiere, y solamente a través de los dispositivos de la marca. Según una nota de la web de tecnología The Verge, ni siquiera los mismos creadores de videojuegos sabían decir cómo se repartirían los ingresos. En otra nota, un periodista del New York Times destacaba que no se ha anunciado cuánto costarán estos servicios y coincidía en que tampoco había noticias sobre cómo se repartirían las ganancias con los que provean de juegos a Google y Apple. Una opción sería la de Netflix, que compra películas ya hechas y también las produce.
“El anuncio de Google ha ayudado a mostrar que esto llegó”, dice Miceli. “Su producto es muy bueno y tiene características técnicas interesantes. Lo que tiene es que los desarrolladores están cambiando sus juegos nuevos para adaptarlos a Stadia, cosa que lleva a que tengas que hacer versiones de tu producto para la nube, para Xbox, Play Station o Google Play. En nuestro sistema no hay que hacerle ninguna adaptación”, señala.

Hasta ahora, el estándar para acceder a juegos consistía en comprarlos en su versión física, DVD o BluRay, o descargarlos desde distribuidores online, como Steam; y la constante ha sido que el juego debe instalarse y operarse en el dispositivo que tenga el usuario, ya sea una computadora, un celular o una consola. Y por eso, el tipo de juego que se pueda usar depende del dispositivo y del dinero que se invierta en él. Han sido dos carreras que se corrieron en paralelo, la de los juegos, que van avanzando gráficamente, y la de los fabricantes de hardware vendiendo aparatos o tarjetas que permitan disfrutarlos al máximo.

En este punto el futuro a mediano plazo es solo especulación. Una posibilidad que se abre es la de que el streaming de juegos termine con las compras físicas y las descargas, tal como Netflix arrasó con el hábito de ir al videoclub. La otra posibilidad es de que el requisito de disponer de un ancho de banda decente siga oficiando como impedimento para la verdadera masificación de este sistema, ya que es fundamental que no haya desfasaje entre los comandos que da el usuario en su casa y la imagen que recibe en su pantalla, tal como si estuviera operando el juego en su computadora.

La promoción de Google Stadia propone la idea de que se trata de reunirse en un lugar, sin importar las distancias físicas. Y, por lo tanto, entiende que la lejanía no es un impedimento para sentir que se está dentro del juego y se es parte de una comunidad. En el caso de Abya, es su nombre lo que apunta a algo así, pero con un matiz que resulta hasta orgullosamente ideológico. Es que Abya es el nombre que reivindican algunas comunidades indígenas para el continente al que Europa bautizó como América.

 

El contenido manda
En opinión de Franco Miceli, de ahora en adelante la puja entre estos servicios de streaming no va a ser tanto por las condiciones técnicas sino por el contenido que ofrezca cada uno. “Es como Game of Thrones para HBO, o como las series que solo tiene Netflix. O es como lo que le pasó a Epic Games con el Fortnite”, comenta. 
Apple no ha adelantado gran cosa, salvo que tendrá un catálogo de más de 100 juegos exclusivos para su sistema. Ha anticipado, sí, que están trabajando con Hironobu Sakaguchi, responsable del Final Fantasy, y con Will Wright, creador de Los Sims y Sim City, ambos considerados genios de la concepción de videojuegos. Google Stadia solo ha mostrado que dispondrá de algunos tan avanzados gráficamente como Assassin’s Creed: Odyssey y Doom Eternal.
En el caso de Abya, aunque no dice todavía cómo se compondrá su catálogo, el avance de presentación muestra brevemente un menú en el que hay juegos importantes, como Rise of the tomb raider, Mad Max y Lego Marvel. “Estamos dedicados a generar contenidos y a licenciar. Creo que esta competencia va a hacerle bien a la industria. Es como en el caso de Netflix, ya que ahora hay un montón de productores locales que le venden. O puede ser lo mismo que Youtube, que le abrió la televisión al mundo”, dice Miceli.

 

 

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