18 de agosto de 2015 14:30 hs

El decaído crecimiento de China y la reciente devaluación de su moneda como parte de una reestructura financiera se combinan para ensombrecer aun más las perspectivas exportadoras de Uruguay. La modesta caída del yuan es muy inferior a la suba del dólar en el mundo entero, incluyendo nuestro país, lo que mitiga en parte el impacto de la devaluación. Pero su efecto se sentirá igualmente en la posición competitiva de China, ya que abarata sus exportaciones en tanto encarece el ingreso de productos del exterior para satisfacer la demanda de alimentos y otros rubros en ese gigantesco mercado de 1.400 millones de personas. Agrava esta perspectiva el menor crecimiento de su economía, cuyo robusto ritmo actual del 6% sigue siendo envidiable pero está lejos del 10% de años previos.

Lo peor está por venir, a medida que China reordene su economía para paliar las señales de agotamiento de su milagro económico de más de tres décadas. Cuando Deng Xiaoping tomó las riendas en 1978, a la muerte de Mao Zedong, el 90% de los precios eran fijados por el Estado. Actualmente el mismo porcentaje es fijado por el mercado. En estos 36 años, el poder de compra de los habitantes se multiplicó 40 veces y el Producto Interno Bruto (PIB) saltó del 2% del PIB mundial al 16%. Unos 500 millones de personas, más de un tercio de la población, salieron de la pobreza, generando un agudo salto del consumo interno, alentado por crédito fácil aunque de dudosa solidez. Para proteger el sistema bancario y las empresas públicas, el gobierno optó por alentar la inversión de particulares en la bolsa, a crédito y con escasas garantías. Se fue creando así una burbuja financiera que ahora ha explotado, forzando a devaluar el yuan para favorecer exportaciones y encarecer las importaciones, a expensas del consumo.

Todos sentirán el cimbronazo. En América Latina lo sufrirán mayoritariamente Brasil y Chile, pero también países en los que China proyecta inversiones o actúa como prestamista. Incluyen un canal interoceánico en Nicaragua, puertos en Cuba y refinerías en Venezuela, así como préstamos a naciones con difícil acceso al crédito, como Argentina, Ecuador y Venezuela. Los efectos en Uruguay pueden ser menos gravosos debido a que las exportaciones a la potencia asiática están centradas en productos alimenticios, especialmente carnes y granos, renglones en los que las restricciones de la demanda consumidora serán menores que en otros rubros más prescindibles.

Más noticias

Pero es inevitable cierto impacto desfavorable por el decaimiento del crecimiento y la devaluación del yuan en nuestro principal socio comercial. No solo puede verse afectado el ingreso de exportaciones uruguayas sino que, además, los abaratados productos chinos competirán en condiciones más favorables en nuestro mercado interno, ya golpeado por el cierre de empresas o disminución productiva en muchos rubros. Aunque la devaluación ha sido hasta ahora comparativamente modesta, de solo el 3,3%, su impacto se sintió en el mundo entero. Los mercados bursátiles cayeron agudamente por una ola vendedora en medio de temores de una guerra de divisas. Sería ilusorio pensar que Uruguay pueda escapar incólume, perspectiva que se agrega a los problemas que ya enfrenta el país por la caída de precios de sus exportaciones principales y la tendencia declinante del consumo interno.

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos