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25 de septiembre 2022 - 5:05hs

A tres semanas del clásico del 4 de setiembre se sigue hablando de él pero no por motivos deportivos, que son contundentes, sino por los hechos de violencia que se generaron durante el partido y, presuntamente antes, una tribuna engrasada.

Digamos, en primer lugar, que no hay que lamentar heridos ni muertos. Todo lo que se discute va desde “un operativo exitoso” como lo definió  el Ministerio del Interior a la sanción, por parte de la Comisión Disciplinaria de la AUF, aplicaba a los dos clubes –una especie de fallo salomónico– de pérdida de derechos de localía por dos partidos. Nacional es castigado por engrasar los tejidos y los paravalanchas de las tribunas destinadas a la parcialidad visitante, por devolver proyectiles, por tirar maíz a Kevin Dawson y por permitir el pasaje de un grupo de hinchas de la tribuna Abdón Porte a la Atilio García. Por su parte, Peñarol fue sancionado por el ingreso de la gallina inflable, por los daños materiales en las tribunas, por los proyectiles que fueron lanzados, por el uso de bengalas.

Peñarol marcó discrepancias pero no apeló el fallo. Nacional lo rechazó por completo y decidió apelarlo, cosa que deberá sustanciarse en los próximos días, aunque la apelación no tiene carácter suspensivo.

Pero fue el presidente de Nacional José Fuentes quien tomó la posta y realizó en varios medios una enérgica defensa de la actuación de su club, marcó el doble estándar del tribunal para castigar de forma similar hechos desiguales y marcó que es preciso determinar cuál es el límite de la actuación de los dirigentes ante problemas que, indudablemente, no son exclusivos del fútbol, sino de la sociedad toda.

En el programa La pecera en Azul FM, Fuentes señaló que su responsabilidad no es ser la de "paladín de la Justicia". "Soy un ciudadano. Yo no tengo que perseguir a esas personas. Estoy para cuidar a Nacional y a la gente. Después, lo que hace a temas delictivos, no soy yo el que lo tiene que hacer." Y más adelante se explayó: “No pretendan que un dirigente de fútbol arregle la violencia que hay en la sociedad. Lo que está a nuestro alcance, lo hacemos ahora, porque un tarado vaya y ponga grasa –asumiendo que fue él quien la puso– yo no me puedo hacer cargo", y luego abundó con un concepto que tiene mucho de cierto: "Yo soy el presidente de Nacional, no soy el director de seguridad. Acá se nos quiere traspasar a los dirigentes de fútbol la responsabilidad que tiene que tener otra gente, no nosotros. Yo no tengo que perseguir a todas esas personas; yo estoy para cuidar a Nacional y darle a la gente la protección".

Luego la entrevista derivó sobre si Nacional debió haber investigado por su cuenta a quienes engrasaron los alambres y paravalanchas.

El tema de la violencia en el deporte y más precisamente en el fútbol viene de lejos y no nació en Uruguay. Mucho más famosos son los “hooligans” de la Premier League que asolaron por años los estadios y causaron no solo daños, sino tremendas masacres donde murieron decenas de personas. Y si no remontémonos a la tragedia de Heysel, en Bélgica ,donde en 1985 murieron 39 aficionados en la previa al partido Liverpool vs Juventus por Copa de Europa y que determinó una dura sanción de la UEFA a los clubes ingleses: cinco años fuera de las competiciones europeas.  De ahí comenzó la campaña tolerancia cero en Gran Bretaña que hoy permite tener partidos sin vallado y sin problemas, excepto, lamentablemente, cantos racistas que son severamente sancionados. 

Pero Fuentes tiene razón en varios aspectos. Los dirigentes de fútbol no son paladines de la Justicia, obviamente. No pueden, ni deben, sustituir las funciones del gobierno nacional o municipal y menos las de la Justicia y las de la Policía. Es bueno tenerlo en cuenta pues ya los clubes gastan ingentes sumas anuales en seguridad propia (Nacional, según Fuentes, tiene un presupuesto fijo de un millón y medio de dólares y Peñarol seguro que no debe estar muy lejos). Es mucho dinero y máxime para clubes que siempre tiene problemas económicos y necesitan vender jugadores para equilibrar sus cuentas.

Lo que sí tienen que hacer,  por ejemplo, es cuidar lo más posible el funcionamiento institucional y, especialmente, el relacionamiento con ese tipo de hinchas a los que se refiere el comunicado de Nacional a la Justicia: “Lamentablemente no estamos en condiciones de proceder de acuerdo a su solicitud, debido a que Nacional, tratándose de personas que se movilizan invocando su condición de hinchas y se ofrecen a realizar tareas determinadas, no las registra debido a que pertenecen a una masa de gente que invoca actuar como ‘voluntarios’ y no son funcionarios del club por lo que institucionalmente no los registra”. Se refería  así a personas que fueron autorizados a ingresar a la tribuna Scarone antes del clásico para limpiar pintadas potencialmente ofensivas al rival. Pero si no son funcionarios y no son socios y no se registran. ¿qué son? Con esa redacción elíptica da toda la impresión que se hace referencia a los otrora llamados “barras bravas”.

Es decir, los dirigentes no son policías ni jueces. Pero sí deben actuar dentro del club con suma exigencia, precisamente porque en la sociedad hay más violencia y porque la vara con las que se mide su desempeño no es solo el número de campeonatos ganados. También influye la conducción de clubes con enorme influencia social, para bien o para mal. Antes no se pedía eso. Hoy sí. Para bien o para mal, son las reglas del juego.

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