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¿Vivir de YouTube en Uruguay? La mirada de los creadores de Tiranos Temblad y El Bananero

“Los youtubers de antes somos el Renault 12 que tiene que andar en la autopista alrededor de autos manejados por un grupo de gente que ya pensó cuál es la mejor ruta", opinó Agustín Ferrando, creador de Tiranos Temblad

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03 de agosto de 2021 a las 05:04

Hace unos años los youtubers en Uruguay eran contados con los dedos de la mano. Ni siquiera existía el término, o al menos no era acuñado así por los referentes de la primera camada.

Era impensado predecir que aquellos inexperientes videobloggers que se lanzaron como navegantes de internet llegarían incluso a trabajar con sus redes sociales para ganar dinero y convertirse en lo que hoy se conoce como creadores de contenido o influencers. Mucho menos previsualizar que YouTube se convertiría en la herramienta online más utilizada por los adolescentes uruguayos de 9 a 15 años, según marca un estudio de Kids Online hecho por Unicef. Y menos aún que mutaría hacia una plataforma capaz de recompensar monetariamente a cientos de usuarios y que un país sudamericano como Uruguay tendría a un pequeño puñado de su población involucrada en ese embrollo.

“Cuando yo empecé, no existía la palabra youtuber. Yo era ‘el de los videos’, el que hacía videos en YouTube. Todos fuimos youtubers hasta que apareció Instagram, TikTok, Twitch. Y ahora creo que todos somos creadores de contenido, pero con una red madre, que en mi caso es YouTube”, recuerda Gonzalo Fonseca, un uruguayo que suma 2,79 millones de suscriptores en su canal principal.

Gonzalo Fonseca.

YouTube se creó en el 2005 y por ese entonces, al menos en Uruguay, era muy poco utilizada. Estaba destinada casi que pura y exclusivamente a compartir videos a modo de diversión con amigos, recordaron algunos de los incursores de la época. Los años pasaron, la popularidad de la plataforma vino de la mano del crecimiento de los smartphones –en parte por entretenimiento y en buena medida por quienes la tomaron como hobbie– y nació la posibilidad de generar ingresos, así como también el deseo de “ser youtuber”. Pero monetariamente Uruguay siguió corriendo la carrera desde muy atrás.

En los primeros tiempos, los protagonistas uruguayos de YouTube –una especie de televisión online, creada con otro fin– comenzaron a emitir sus contenidos priorizando la calidad antes de la cantidad. Preferían publicar un video por mes, o a lo sumo dos, y las repercusiones eran esporádicas. A esa altura, pensar en una remuneración económica era casi una utopía.

Hoy, sin embargo, la estrategia sucede a la inversa: la página devenida en aplicación recibe muchas más visitas –es el segundo sitio web más visitado en el mundo, solo detrás de Google–, principalmente desde los teléfonos celulares, por tanto exige más demanda, pero también abre un espacio a la recompensa según las visualizaciones mensuales que los creadores obtengan. Aunque eso sí: no todos los youtubers crean contenido con fines económicos.

“El youtuber chico, el que te dice 'yo quiero ser youtuber', no te está diciendo 'quiero inventar un formato o encontrar una forma de hacer videos', te está diciendo 'yo quiero sentarme a reaccionar a los videos de rap y que me paguen por eso'. Esa es la idea ahora de ser youtuber. Toda esta debacle para mí empezó con el ingreso de la guita a YouTube, porque hasta antes de que vos pudieras ganar plata te daba lo mismo subir algo corto, largo, bizarro o no bizarro. Lo importante era que vos querías mostrar, hacer y subir eso. En el momento que se pone la plata –que, aparte, el modelo económico de YouTube es solamente cuantitativo; te pagan por cantidad de visualizaciones– se desvirtuó todo”, matizó Agustín Ferrando, creador de Tiranos Temblad, un canal de 148 mil suscriptores que desde 2012 recopila una serie de videos curiosos filmados en Uruguay a lo largo de un año.

Logotipo de Tiranos Temblad, un popular canal de YouTubue uruguayo

El incursor

Adrián Nario, apodado "El Bananero" desde sus comienzos, fue uno de los primeros uruguayos en abrir el camino. En sus inicios, recuerda, incursionó publicando parodias de películas utilizando un lenguaje vulgar y eso le fue más que suficiente para satisfacer a los primeros visitantes que navegaban por su canal juvenil.

Su saga, cargada de tráileres que mezclaban sátira, humor y pornografía, mostraba parodias de Harry Potter, Thor, Superman y Batman, y alcanzaba unas 20 mil visualizaciones como "disparate", comentó a Cromo. 

El Bananero

Si bien en la actualidad sobrepasa los 2,85 millones de suscriptores en un canal que mantiene desde 2009, hace poco tiempo que comenzó a monetizar sus videos. Aún así, cuenta que no vive de eso –ya que prácticamente siempre le bloquean la monetización por palabras ofensivas– sino que se dedica a publicitar sus productos y recibe donaciones cuando hace Radio Garka, un espacio de streaming.

“Estoy dedicado a todos los productos míos. Tengo mi página de merchandising, que siempre estuve negado a hacerla, pero vi que otra gente lo estaba haciendo con mi cara y yo no me iba a poner a hacer juicios. Eso me parece patético. Yo me hice conocido agarrando videos de películas que no me corresponden. (...) Tengo el merch (el merchandasing), que es ComprateEsta, y de las entradas principales que tengo es cuando me piden saludos a través de un sistema que se llama Saludame Esta y no doy a basto”, explicó.

Nario, de 44 años, es referente para diversos adolescentes que se transformaron en youtubers y opina que las políticas actuales de la empresa son bien distintas a la época en la que comenzó. Con las ventanas que existen ahora, los creadores tienen la posibilidad de atraer mucho más público, trabajar a la par de otras redes sociales y es probable que ya no se conformen con las 20 mil visitas que él recordaba de sus primeros pasos, entiende. Los más consagrados, a su vez, suelen  buscar un equipo (ya sea con editores, managers o amigos) para pensar su contenido y multiplicarlo, como lo haría cualquier medio tradicional. Sin embargo, algunos se mantienen fieles a la filosofía de hacer todo por ellos mismos.

“Hoy es cantidad, cantidad y que dure 15 minutos (el video) para que le puedas meter tres cortes de publicidad. Girás todo alrededor de un tema para no decir una palabrita que te pueda desmonetizar. Creo que en los últimos dos años yo tengo solo dos videos monetizados. Uno de ellos no sé cómo está ahí, pero sigue monetizando y hace US$ 300 o US$ 400 por mes, que es lo que hago con YouTube, aparte de lo que entra por las donaciones de la gente en (el espacio de streaming) Radio Garka”, contó Nario.

"Creo que en los últimos dos años yo tengo solo dos videos monetizados. Uno de ellos no sé cómo está ahí, pero sigue monetizando y hace US$ 300 o US$ 400 por mes"

“Yo tengo que hacer todo yo. Tengo que editar y ver todo. Es más, Andrés, un amigo con el que hacemos la radio, me dijo 'te doy una mano' y después yo fui y reedité. Lo tengo que hacer yo y no hay vuelta. Por un detalle de un segundo, porque la música no entraba, no sonaba bien la voz, he estado tres días resolviendo. (...) Para mí cada video es como una canción, una pieza de arte. Hay videos que estoy arrepentido de haberlos subido, pero por lo general me tomo mucho trabajo de que estén impecables, por lo menos para mi gusto”, agregó.

Y con él, a pesar de ser partidario de formar equipos una vez que el éxito es mayor, coincidió Fonseca: “El equipo de trabajo sirve porque te proyecta y podés crecer muchísimo más rápido. Cuanto más números tenés, más gente tiene que estar con vos, porque no te dan las manos. Yo tengo editores para mi canal secundario, pero para el primario todavía no me animo a que me editen, siento que tengo que editarlos yo, no es lo mismo”.

Llegar a números de más de seis cifras, que den margen para subsistir solo en base a YouTube, requiere continuidad, exige no pasarse de la raya y también acarrea la demanda del público consumidor de los videos, coinciden los creadores consultados. 

“Siento que cuando ingresó el dinero a YouTube se empezó a corromper la parte artística. Se empezaron a buscar formatos ya preexistentes y a hacer algo que llevara poco laburo y poca cabeza. Porque si no te pasa lo que me pasó: subís un video por año. Es muy desgastante y complicado hacer un programa gratis (por los videos) que tiene las mismas expectativas para el espectador que otro programa (por la televisión). El que se sienta a ver Tiranos (Temblad) no está diciendo ‘miren que esto lo hace gente por amor al arte, no le exijamos lo mismo que a Games of Thrones o al informe que pueda haber en la televisión que está hecho por un equipo de 30 personas’. La gente no piensa eso. La gente se siente y ve”, explicó Ferrando.

"Es muy desgastante y complicado hacer un programa gratis (por los videos) que tiene las mismas expectativas para el espectador que otro programa (por la televisión).

Con el paso de los años, y la firme política de comenzar a monitorear los contenidos, YouTube optó por diferenciar los videos aptos para niños de los no aptos y entendió que las palabras ofensivas –una especialidad de Nario– debían ser penalizadas con desmonetizaciones en los videos. Por ende, muchos creadores debieron ajustar sus estrategias para dejar de recibir cachetazos económicos por “infringir las normas de la comunidad”.

“Hoy en día te encontrás con que el 80% de los youtubers hacen los mismos formatos, géneros, desafíos o tendencias. Sucede con el tema de las reacciones, los fondos, cómo se filman. Todo se empezó a parecer mucho entre sí. Es una cosa muy extraña que me da un poco de pena como espectador. Siento que YouTube está perdiendo un montón de posibilidades, cada vez es más difícil encontrar gente que haga las cosas a su manera”, aseguró el creador de Tiranos Temblad.

¿Ser youtuber en Uruguay es posible?

Aunque los usuarios de YouTube se multiplicaron y Uruguay también arropó la posibilidad hace más de ocho años de que sus creadores se convirtieran en partners –y monetizaran sus videos–, las posibilidades de sustentarse económicamente en el país a través de la plataforma siguen estando condicionadas, así se respeten las condiciones y el youtuber consiga cifras populares.

Eso ocurre, principalmente, porque las métricas del sitio compensan con remuneraciones más altas a las visitas que recibe un canal de, por ejemplo, Estados Unidos, México o España, donde los anunciantes destinan más dinero, en comparación a uno que es visto mayoritariamente en Chile, Argentina o Uruguay, a pesar de que en este último sea el sitio más utilizado en el 91% de los casos entre personas de 9 a 15 años, según el informe Niños, niñas y adolescentes conectados, de Kids Online Uruguay.

¿Por qué sucede esto? La empresa entiende que generará mayores ingresos por medio de la publicidad en los países más poblados o que mayor índice de consumo tienen, ya que es donde las grandes compañías suelen invertir en los anuncios.

Pero no quiere decir que vivir de YouTube en Sudamérica, en 2021, sea imposible. De hecho, el Programa de socios de YouTube, disponible en el país, permite a cualquier creador subir su contenido y generar ingresos por las visitas que recibe. ¿De qué forma? Debe cumplir con las políticas de monetización de YouTube: conseguir más de 4 mil horas de reproducción de sus videos en los últimos 12 meses, contar con más de 1.000 suscriptores y tener una cuenta de Google AdSense vinculada. Aunque eso no significa que los ingresos le basten para vivir; en esa mesa suelen sentarse unos pocos.

La mayoría de los youtubers consagrados – con más suscriptores y visitas en sus videos– optan, sin embargo, por sumar un equipo y, en el mejor de los casos, salir del país para probar suerte en el extranjero y llegar a una remuneración mayor. Es el caso del uruguayo Federico Vigevani, el youtuber de Uruguay con más seguidores, pero también el del joven Gonzalo Fonseca, quien estuvo cinco años radicado en Argentina y desde el comienzo de la pandemia volvió a Montevideo. El estadounidense-uruguayo Adrián Nario migró por otras razones y ahora reside en Miami, mientras que Agustín Ferrando, creador de Tiranos Temblad, siguió viviendo en el país, pero jamás vivió del sitio web y siempre editó los videos por sí mismo.

"Siento que la palabra youtuber ha cambiado su significado un montón estos años, pero creo que se terminó de desvirtuar en el momento que se le llama youtuber a una persona que sube videos que no edita él mismo. Yo siento que el youtuber de verdad se edita sus propios videos. A mis ojos, en el momento que vos tenés un editor, dejás de ser youtuber automáticamente”, opinó Ferrando.

"Siento que el youtuber de verdad se edita sus propios videos".

“La edición pasa a ser la etapa más importante dentro de la realización de un video a mi entender. Todas las etapas tienen que colaborar hacia un momento, pero no deja de ser algo artesanal. Esto es lo que es porque lo hago yo con mis manos. Y entra en conflicto con los youtubers grandes, que son gente que tiene un crew (staff) alrededor que ya les hace el laburo y eso para mí escapa a la categoría youtuber. Prefiero algo mal editado pero editado por la persona que lo hizo que bien editado y sin sabor", añadió.

Vigevani, que suma más de 11,6 millones de suscriptores, se encuentra en una sintonía distinta y a sus 26 años entiende que sin mirar las estadísticas "todo el tiempo" o sin la ayuda de un editor no podría subir videos a diario como hace actualmente desde México, país al que migró hace algunos años para desarrollar un proyecto junto a su “ex” mejor amigo Mathías Sellanes –entonces compañero de videos en un canal llamado Dosogas– y finalmente volcarse a trabajar en su propio canal. 

Federico Vigevani es el youtuber uruguayo más popular: tiene más de 11,6 millones de suscriptores.

Durante la pandemia, el youtuber uruguayo más popular sacó provecho de que las personas acostumbraran a quedarse en sus casas y encabezó, con la ayuda del editor, una serie de videos diarios que prácticamente no tienen pausas y le bastan para vivir cómodo en un apartamento de Ciudad de México, además de contar con un equipo que lo asesora.

"El año pasado cuando empecé a hacer videos con mis vecinos los editaba por mi cuenta porque sentía que no había necesidad (de contratar un editor). Subía los videos cada tres días y no tenía problemas en editarlos. Por esto del coronavirus, a un amigo lo sacaron de su empresa y justo me habló y me dijo si podía editar mis videos. Le dije que sí, porque me caía muy bien y sentía que era un buen editor, y empezamos a trabajar juntos. Al mes, decidí comenzar a subir a diario. Fue clave porque yo no podía editar más, ya mi cabeza no me daba. Lo hice en Dosogas un año entero y siento que, por estar todo el día encorvado en la silla editando, quedé mal mental y físicamente", dijo en una entrevista concedida a Cromo hace algunas semanas.

“Casi todo el tiempo estoy con la aplicación YouTube Studio, que te muestra las estadísticas. Estoy todo el tiempo entrando y viendo cuántas vistas van, en cuánto tiempo, o cuántos suscriptores subí en el día. No es solamente por un vicio, sino para analizar cómo voy y ver que si voy mal, tengo que hacer algo para cambiarlo. Para mí, es muy importante que las personas que trabajan en redes (sociales) estén todo el tiempo fijándose en las estadísticas o en los comentarios de la gente para saber qué es lo que quieren ver”, insistió.

"Todo el tiempo entrando y viendo cuántas vistas van, en cuánto tiempo, o cuántos suscriptores subí en el día. No es solamente por un vicio, sino para analizar cómo voy y ver que si voy mal, tengo que hacer algo para cambiarlo".

Pese a la diferencia de temáticas y percepciones, los youtubers citados coinciden en que no es sencillo vivir de las ganancias de YouTube en Uruguay y afirman que desde que lograron convertirse en partners generaron ingresos paralelos para subsistir. A día de hoy, solo Vigevani y Fonseca perciben ingresos altos por los videos subidos a la página, aunque también obtienen rédito de otras plataformas.

Los casos de El Bananero y Tiranos Temblad, aunque son distintos, porque sus creadores no se sustentan a través de la monetización que paga YouTube, también reflejan ejemplos de éxito y repercusión que han mantenido su apoyo durante años en Uruguay y son vistos como referentes. Volcados al recurso de la parodia y no tanto a mostrar su rostro (aunque Nario también suele hacerlo), se aferran al humor, muchas veces inspirado en la sátira y en las creaciones de otros realizadores audiovisuales.

“Los youtubers de antes somos el Renault 12 que tiene que andar en la autopista alrededor de autos que están siendo manejados por un grupo de gente que ya pensó cuál es la mejor ruta; uno hace los cambios, el otro toca el embrague y el otro se encarga de la manivela”, concluyó Ferrando.

El primer video de Tiranos Temblad fue divulgado en 2012

 

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