4 de mayo 2024 - 5:03hs

Advertencia: es posible que en octubre debamos votar al menos para decidir sobre al menos dos consultas populares, pero la de la pobreza infantil no es una de ellas. Es raro que ni siquiera haya estado en la grilla entre los al menos siete plebiscitos que impulsan diversos partidos u organizaciones, considerando que algunos se basan pura y exclusivamente en el voluntarismo. Erradicar la pobreza infantil y adolescente, la más grave y numerosa en toda la población uruguaya, a través de un plebiscito sería puro voluntarismo, algo así como decretar que queremos que algo pase pero sin definir cómo lograremos que suceda.

Sería voluntarista y populista, pero no más que la propuesta de reforma de la seguridad social que, entre muchas medidas, ata las jubilaciones al salario mínimo nacional y lo hace por mandato constitucional, una propuesta que en teoría favorecerá a los uruguayos con menos porcentaje de pobreza. Un 2% de los jubilados viven bajo la línea de pobreza según el INE, una cifra que lejos está de enorgullecer a nadie, porque llegar a la edad de retiro luego de años de trabajo sin lo mínimo para vivir dignamente es una desgracia que debemos asumir como sociedad. Pero por aquello de la frazada corta en países con recursos limitados como Uruguay, cuando se compara ese 2% con el 20% de pobreza de niños y jóvenes, las cuentas no dan ni siquiera contemplando el afán electoralista de estos tiempos.

El PIT-CNT logró reunir las firmas necesarias para plebiscitar una reforma constitucional para que volvamos a tener un sistema previsional puro de reparto, para dar marcha atrás con la edad de retiro y los años de servicio que modificó la última reforma y para equiparar la jubilación mínima con el salario mínimo nacional. Cada uno de estos objetivos es bien diferente pero tienen algo en común: parecen sacados del mundo del revés. En este Uruguay, con esta realidad económica, con esta población envejecida y este déficit fiscal, lo que no explica el Pit Cnt es qué porción de la sociedad sufrirá si este plebiscito se aprueba. Porque el dinero deberá salir de algún lado. Y ese lado suele ser, por hecho o defecto, los más desprotegidos. O sea, los niños y jóvenes.

Nos llenamos la boca diciendo que la juventud es el futuro y no desgañitamos rezongando por la trifulca masiva que se armó en las inmediaciones de Nuevo Centro, cuando supuestas bandas de adolescentes se citaron para darse piña sin ningún otro motivo aparente más que darse piña. ¿Pero qué hacemos para mejorar el sistema de cuidados, la educación, la alimentación y tantas otras variables que hoy definen que casi una cuarta parte de todos los niños uruguayos y adolescentes vivan en la pobreza? 

Además de falta de recursos básicos, también el desempleo entre los jóvenes es mucho más alto que el promedio de la población. Por si fuera poco los números demográficos y las proyecciones ya muestran que en el futuro cercano habrá menos personas en el rango de edad en el que se los considera productivos, que las que integran el grupo de retirados. La pregunta que no responde esta consulta ni sus impulsores, es quién generará el dinero necesario para pagar las jubilaciones a la edad y con las condiciones que establece la propuesta del Pit Cnt. Porque no hay un solo dato de ahora ni del futuro a mediano plazo que muestre que los más jóvenes podrán producir lo suficiente para aguantar tremenda roca sobre sus cabezas. Y menos los jóvenes que crecieron en la pobreza y el aislamiento que esta genera.

Los economistas han calculado que, en caso de que se apruebe este plebiscito, deberán aumentarse las fuentes de financiamiento para la seguridad social en 8% del PIB. Ahora mismo los uruguayos gastamos más en este rubro que, por ejemplo, en todo el presupuesto educativo.

Tal como señaló Ignacio Zunino, director del CINVE (Centro de Investigaciones Económicas): “el plebiscito propuesto no ofrece soluciones adecuadas a los principales desafíos del sistema de protección social en Uruguay. Un proceso de discusión y reforma que se inició motivado por la preocupación ante la proyección de una tendencia creciente del gasto en pasividades y ante un diagnóstico de un fuerte desbalance presupuestal en el sistema de protección social hacia la población mayor de 65 años, no debería saldarse con una reforma que profundiza de forma muy importante los problemas identificados”.

“Inadecuado, inconveniente e imprudente”, escribió el economista Gabriel Oddone el año pasado en una columna en Búsqueda, en la que describió que esta propuesta “no solo no enfrenta ninguno de los desafíos que nuestro sistema previsional sigue teniendo, sino que es probable que agrave algunos problemas que la reforma reciente no resolvió y que termine generando resultados opuestos a los buscados por los impulsores de la reforma”.

El secretario de la central obrera, Marcelo Abdala, es consciente de todo lo anterior. En el acto del 1 de mayo se encargó de pedir el voto para el plebiscito, al mismo tiempo que recordó que "el desempleo juvenil es cinco veces mayor que el promedio del desempleo en todo el país" y que “de los 50 mil pobres más que en 2019 que hay ahora en Uruguay, un 17% son menores de seis años”. En el mundo del revés pasan estas cosas. El gremialista criticó el desempleo y la pobreza, con razón, y pidió el voto para un cambio que intensificará estos problemas.

En el mismo acto, el delegado de Fucvam expresó que “cada hombre y cada mujer que se ha sumado a esta hazaña heroica mirará con orgullo a los ojos de nuestros hijos y nietos, porque para ellos es esta lucha. Para el futuro de este país”. Otro gremialista habló de que esto es “por los trabajadores, es por los jubilados, por los pensionistas, por nuestros gurises, y para que no nos llenen de reformas”. Pobres gurises. Siempre a la cola.

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Reforma de la seguridad social

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