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Wanda Nara, la foto y el bikini: cuando el cuerpo femenino no deja de ser noticia

La mediática argentina se refirió a las críticas sobre su figura y la violencia que ha recibido en redes sociales

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27 de julio de 2022 a las 05:03

Wanda Nara está de vacaciones en Ibiza y las fotos en bikini que le roban los paparazzi en la playa española tapizan las secciones de espectáculos y chimentos de los portales de noticias, se comparten en Instagram y se comentan en Twitter. Se habla de su cuerpo, se critica, se analiza y se destroza.

En 2022, el cuerpo de las mujeres sigue siendo noticia. Lo fue la calvicie de Jada Pinket Smith en la gala de los Premios Oscar, la cantante Billie Eilish cuando decidió hacer una portada de revista, y los senos de la actriz Florence Pugh después de usar un vestido con transparencias. “No es la primera vez, y desde luego no será la última, que una mujer escucha lo que está mal en su cuerpo de una multitud de extraños", escribió la actriz desde sus redes sociales después de recibir todo el odio de Internet. 

El verano llega con un mandato casi religioso: la prueba del bikini. El uso de la prenda de baño, creada en 1946 por el ingeniero Louis Réard, es de interés de algunos portales que alaban o destruyen la imagen de las mujeres que se atreven a usarlo. “Las increíbles vacaciones de Pampita en Ibiza: bikini animal print y bronceado perfecto”; “Evangelina Anderson imponente en micro bikini”; “Jennifer Aniston luce bikini negro en la playa y deslumbra los 53 años”; esos son solo algunos titulares que contrastan con las críticas que recibieron figuras como Camila Cabello, Georgina Rodríguez o la misma Wanda Nara al cometer el delito de ponerse un dos piezas para entrar al mar. El doble estándar es tan evidente como falso: solo algunos cuerpos pueden usarlo.

“¿Por qué Wanda (o cualquier otra mujer) no puede ponerse una bikini tranquila sin que opinen de cómo se ve su cuerpo? El cuerpo de Wanda, como el de todxs, cambió, mutó, porque básicamente eso es lo que ocurre con todos los cuerpos”, escribió la psicóloga Julieta Fantini en su cuenta de Instagram junto a un video en el que recopila algunos de los comentarios de odio que recibió la argentina: “Volvé a los filtros, por nuestra salud visual te lo pido” o "¿no se vendrá el sexto?" como si el cuerpo fuera solamente un reservorio de maternidad.

Porque exigen cuerpos naturales, si y sólo si están dentro del canon de belleza. De otra forma son depreciados y se lo hacen saber. 

“¿Y si aflojamos con tanta exigencia hacia el cuerpo de la mujer?”, se pregunta la psicóloga. Y tantas otras mujeres mirando las respuestas. "Hablar de los cuerpos de las feminidades es violencia estética y ésta puede tener un impacto tanto físico como mental".

La empresaria y mediática compartió una historia en su cuenta de Instagram una de las fotos y agregó un descargo: “Chicas, si yo estando así tengo tanto éxito, les recomiendo que empiecen a darle a las pizzas sin culpa”. Introduce el concepto de culpa, tan enquistado en una sociedad tradicional, está unido al delito o el pecado previo: la comida. El mensaje es especialmente nocivo para las personas que viven con un trastorno de la conducta alimenticia. 

“Obviamente, nadie sube una foto donde se ve mal", continuó y puso algunos ejemplos: "Cuando me enfermé de Covid, no subía fotos arruinada en la cama. Todos (los que tenemos la posibilidad) ponemos la foto comiendo sushi o un balcón con buena vista. Me la paso comiendo polenta, arroz y fideos con manteca, pero no son muy ‘instagrameables’"

Todos elegimos nuestro mejor perfil cuando tenemos la oportunidad de hacerlo. ¿Pero qué pasa cuando lo que se muestra en las redes sociales distorsiona la realidad? “El retoque puede beneficiar o perjudicar”, escribe Nara. ¿A quién?, es la pregunta.

Wanda Nara tiene, al momento, 13.633.581 seguidores en Instagram. Entre fotos y videos de su estilo de vida, su familia, los productos que vende y las marcas que consume. No se considera influencer, aunque pueda estar influenciando a millones de personas. Y la influencia también es estética. Cuando se tipea “Wanda Nara Photoshop” en la sección de noticias de Google aparecen 8,060 resultados en 0.35 segundos.

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“Durante siglos la belleza ha sido impuesta a las mujeres como un requisito imprescindible para demostrar su feminidad; pero fue en la sociedad contemporánea cuando estos ideales se masificaron a través del sistemático bombardeo de las imágenes inalcanzables de actrices, modelos y cantantes”, escribió Esther Pineda en el libro Bellas para Morir: Estereotipos y Violencia Estética Contra la Mujer, publicado en 2021. La autora explica que quienes no responden a estos estereotipos son "víctimas de discriminación, exclusión y violencia, presión social que lleva a las mujeres a someterse a modificaciones estéticas innecesarias, invasivas y riesgosas mediante los productos y servicios ofrecidos por las multimillonarias industrias cosméticas, farmacológicas y quirúrgicas”.

La influencia de las redes sociales sobre la autoestima de las mujeres y las niñas ha sido ampliamente estudiada. Según el último informe de la UNESCO, la apariencia física es la principal causa del ‘bullying’, seguida del racismo, y las niñas son más propensas que los niños a sufrir acoso debido a su apariencia física. 

Según un estudio encargado por la empresa Dove y publicado en 2019, el 63% de las adolescentes uruguayas no se sienten atractivas; solo el 4% declara que le gusta su cuerpo; el 43% considera que debería adelgazar para que su cuerpo sea ideal; 64% encuentra al menos un aspecto de su cuerpo que le disgusta; 28% evita mostrar fotos que exhiban alguna parte de su cuerpo.

"Les puedo asegurar que amo a cada centímetro de mi cuerpo. ¡Sí! Tengo celulitis, como todas tenemos también acné y en verano raíces, porque descanso de la tintura, en fin, ¡soy real! Y elijo mi mejor perfil para subir a mis redes”, sostuvo Nara en su descargo.

“Ella se expuso”. “Es su culpa”. Los argumentos suenan muy similares al argumento de la mala víctima. Aquel “mira la pollerita”, “qué hacía sola” o "se la estaba buscando". Wanda Nara comenzó su carrera mediática exponiendo su cuerpo y su sexualidad, es verdad. Pero, ¿quién puede tener el tupé de pedirle que su figura se mantenga como a los 20 años? El cuerpo cambia y la sensualidad se vive en todos ellos. 

Ser una figura pública no justifica el odio que se depositó sobre su cuerpo. Las mujeres soportan constantemente el peso de la belleza y las consecuencias de la violencia estética, esa presión social impuesta especialmente sobre las mujeres, para adaptarse a los cánones estéticos y las consecuencias de salir de ese contenedor. Tampoco es necesario exponerse. Las mujeres ocupan la agenda de noticias por subir o bajar de peso, por teñirse el pelo o dejar las canas, por mostrar más o menos piel de lo aceptado para su tipo de cuerpo, por las cirugías, las arrugas o los pelos. Y ese parecería ser el precio de la fama: ser diseccionada por la opinión pública.

En 1990 Naomi Wolf publicó sobre “el mito de la belleza” para ejemplificar cómo, al mismo tiempo que las mujeres se liberaban de la mística femenina de la domesticidad, el mito de la belleza ocupaba el terreno perdido y ocupaba el relevo en esa función de control social. 

Wolf considera que "la ideología de la belleza es el último baluarte de las viejas ideologías femeninas y todavía tiene el poder de controlar aquellas mujeres que de otra manera se hubieran hecho incontrolables". Por lo tanto, cada generación ha tenido que luchar contra su versión del mito de la belleza, siendo la belleza una cualidad que aseguran es "objetiva y universal", pero no lo es. No es lo mismo la belleza a lo largo y ancho del planeta. La belleza, lo sabemos, es una construcción social.

Wolf a su vez planteó que este mito de la belleza le asigna valor a las mujeres en una jerarquía vertical. Una escala de valores que contribuye al mito de la confrontación femenina. Porque claro, desde estos términos siempre hay una más linda, más fea, más delgada o más gorda. “La identidad de la mujer debe ser fundamentada en la 'belleza' para que permanezcamos vulnerables a la aprobación exterior, llevando el órgano vital y sensible del amor propio expuesto a la intemperie”, sostiene. 

Wanda Nara es el cuerpo de la semana para muchos que la apuntan con el dedo. Pero es, al fin y al cabo, una mujer normal que empatiza con otras mujeres normales, que sólo quieren ir a la playa. Y que las dejen disfrutar.

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