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Y hacia las nubes me voy: 40 años de Candombe del 31

En este 2017 se cumplen cuatro décadas del lanzamiento del álbum debut de Jaime Roos, el disco que mostró su música por primera vez

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22 de octubre de 2017 a las 05:00

La música de Jaime Roos está tan metida en la banda sonora de casi todos los uruguayos que parece que siempre hubiera estado ahí, acompañándonos. Como muchas cosas que damos por sentado, a veces cuesta valorar el verdadero aporte de su obra y la influencia que tiene sobre la música y la cultura uruguaya.

La reciente puesta en marcha de la cuidada reedición de su discografía completa, que comenzó a fines de 2015 y lleva ya 13 títulos (aún faltan siete discos que se irán editando durante 2018) tal vez ayude a poner las cosas en su lugar. Lo mismo que el lanzamiento este año del libro biográfico El montevideano escrito por Milita Alfaro.

La primera tirada de reediciones de su obra completa trajo la importante novedad de la edición en CD de su primer álbum, Candombe del 31, lanzado originalmente en 1977 y nunca vuelto a editar.
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Fue el propio Roos quien se había negado a reeditar el disco, renegando de alguna de las canciones y del sonido de ese álbum juvenil grabado en forma accidentada entre Francia y Uruguay. Solo se habían reeditado las canciones Candombe del 31, Señorita Efe, Te acordás hermano y Carta a poste restante en su formato original en el CD Primeras páginas.

Roos había vuelto a grabar los temas Cometa de la farola en el disco Brindis por Pierrot de 1985 e Y es así, Que te había olvidado (rebautizada como Tu vestido blanco) y Carta a poste restante en su álbum Sur de 1986.


Cometa de la farola se convirtió con los años en uno de sus temas más populares y está en varias recopilaciones y en más de un disco en vivo. Pero su primera versión, que combina murga, pop y rock, es la de este álbum que cumple 40 años, mostrando que los cimientos de la obra de uno de los artistas fundamentales de la música uruguaya ya estaban en aquel primer disco.

El viaje

Jaime Roos

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Jaime Roos se fue a Europa en 1975 a los 21 años, sin un plan de vida claro. Primero recaló en España y luego en Francia, tocando música latinoamericana en boliches y cabarets y también en la calle.

El Uruguay que había dejado atrás vivía épocas muy oscuras. La dictadura que había comenzado en 1973 se había afianzado y se veían pocas esperanzas de salida. Jaime había comenzado muy joven su carrera de músico profesional en bandas de rock tocando por todo Montevideo, en los bailes que aún usaban bandas en vivo como principal atracción. De a poco se fue insertando en el ambiente más cultural del Montevideo de la época, trabajando como músico de teatro, lo que lo llevó a conocer a varios artistas. Antes de irse fue parte de proyectos importantes de la generación posterior a la surgida en los años de 1960, como Aguaragua de Pájaro Canzani, la banda Epílogo de Sueños o la primera versión de Canciones para no Dormir la Siesta. También se había incorporado al grupo Patria Libre de corte más folclórico, donde estaban Raúl Castro, Jorge Lazaroff y Jorge Bonaldi.

Como todos estos músicos, Roos provenía del rock, era fan de los Beatles, de Eduardo Mateo y Rubén Rada, y disfrutaba también de la música de Zitarrosa, Viglietti y Los Olimareños. Nacido en el Barrio Sur montevideano tenía el candombe incorporado, pero además, algo no tan común en esa época, era un apasionado de la murga.

Roos provenía del rock, era fan de los Beatles, de Eduardo Mateo y Rubén Rada, y de la música de Zitarrosa, Viglietti y Los Olimareños

Aunque había compuesto un par de temas, se fue a Europa con la idea de desarrollarse como bajista y no pasaba por su cabeza ser un cantautor.

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Como ha sucedido más de una vez, fue la distancia la que lo llevó a componer y a pensar más en sus raíces. También su trabajo de "músico latinoamericano" para consumo del público europeo le hizo dar cuenta de lo poco que sabía de la música del continente y de cómo estaba "robando la plata" al interpretar canciones folclóricas y revolucionarias de otras culturas.

En 1976 decidió grabar cuatro canciones suyas en un estudio francés, pensadas como una maqueta para mostrar a algún sello que se pudiera interesar en financiar un álbum. Roos se encargó de todos los instrumentos en esos temas y se animó a cantar, algo de lo que no estaba muy convencido.
En 1976, Jaime Roos decidió grabar cuatro canciones suyas en un estudio francés, para mostrar a algún sello que pudiera financiarlo

Canciones en la mochila

No llegó a mostrar esos temas a ningún sello francés. A influjo de su novia holandesa, emprendió un viaje por Latinoamérica, recorriendo el continente a dedo desde México hasta Montevideo. Hizo todo el recorrido con la única cinta que tenía de esa grabación en una mochila que sobrevivió milagrosamente a diversos avatares.

Llegó a Montevideo en 1977 y le mostró la cinta a Coriún Aharonián, uno de los responsables del sello Ayuí. A Coriún le entusiasmó la música de Roos y lo convenció de usar esa grabación como parte del disco (que pese a su carácter de demo tenían una calidad superior a la que se podía obtener en esos tiempos en un estudio montevideano) y de grabar seis temas más en Sondor, para los que apenas usó 12 horas de estudio. El músico tenía cinco temas más compuestos y creó el que faltaba –Y es así- dos días antes de entrar a grabar.

Este fue el nacimiento de Candombe del 31, un álbum que combinó las influencias que Roos tenía de Mateo, Rada, Zitarrosa, Los Olimareños y Viglietti en una forma muy particular.

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El disco estuvo muy lejos de ser un éxito, fue apenas difundido en su momento y vendió poquísimos ejemplares. De hecho la leyenda dice que el álbum vendió unos 100 volúmenes en dos años. Coriún Aharonián desmiente esas cifras yendo a los datos del sello, pero igualmente los números no son muy alentadores. En un año de ventas el álbum apenas llegó a los 200 ejemplares, en una época en que los discos se vendían mucho más que ahora.

Antes de retornar a Europa, Roos dio una serie de conciertos en el Teatro del Anglo, acompañado por quienes luego serían Los que Iban Cantando (Jorge Lazaroff, Jorge Bonaldi y Luis Trochón) que nunca superaron una taquilla de 50 espectadores.

Jaime Roos grabaría dos discos en Francia, uno de ellos –Para espantar el sueño (1978)– con cierta repercusión mediática en aquel país. El otro, titulado Aquello (1981), sería el primero de lo que puede considerarse una trilogía de obras maestras que continuaría con Siempre son las cuatro (1982) y Mediocampo (1984). Esos discos le abrirían el camino para convertirse en uno de los fenómenos populares más grandes de la música uruguaya, un lugar que ocuparía por más de dos décadas, extendiendo su fama al otro lado del Rio de la Plata, y que en parte aún mantiene.

Puede decirse que Candombe del 31 es un disco imperfecto por sus carencias técnicas, la inseguridad en la voz de Roos (que canta algunos temas en registros agudos que nunca más retomaría) y lo desparejo de algunas canciones. Pero en este álbum juvenil de gran frescura están algunas de sus mejores y más perennes composiciones y los cimientos de una obra que construyó una manera única de entender la música de este lado del mundo.

Roos en papel

Cuando Jaime Roos anunció la reedición en versiones remasterizadas de su obra completa, también hizo pública la existencia de un libro biográfico escrito por Milita Alfaro. Finalmente, Jaime Roos. El montevideano se publicó este año, editado por la editorial Planeta. La historiadora y periodista Milita Alfaro armó el libro a partir de dos años de conversaciones con el músico, repasando como dice su subtitulo "vida y obra" del artista.

La primera mitad del libro, donde se relatan los apasionantes raíces familiares del músico, su infancia y adolescencia, su experiencia europea, sus primeros discos, los comienzos de su enorme popularidad y una época de creatividad y actividad superlativas, es excelente. Cuesta apartarse de su lectura.

En la segunda parte del libro, que está armado cronológicamente, la propia autora habla de cómo el músico fue eclipsando al hombre. Roos comienza a mostrarse como una persona mucho más elusiva y aislada y la narración se transforma en una sucesión de descripciones de sus diversas actividades artísticas y de su vida en el escenario. Aunque en los muy buenos capítulos que hablan de cada disco del artista se incluyen opiniones criticas aparecidas en la prensa rioplatense, se extraña a veces otra voz que no sea la de Jaime Roos en algunos temas. El tono es el de una "biografía autorizada" y la opinión del músico no es nunca puesta en discusión. Alfaro es una de las personas más adecuadas en las que puede pensarse para escribir este libro, por su formación y por su cercanía al artista. Es obvio que la murga es una parte central de la obra de Roos y la autora, una especialista en el tema, le saca mucho jugo a esa faceta. Pero su música tiene muchas otras vetas y tal vez falte una exploración mayor de la relación de Roos con otro estilos y también sus influencias extramusicales (la literatura por ejemplo).

De todas formas El montevideano es un libro importantísimo sobre uno de nuestros músicos fundamentales.

Para escuchar

Candombe del 31 puede escucharse hoy en CD editado por el sello Bizarro, con muy buena remasterización y presentación gráfica. El álbum no esta disponible en las plataformas de streaming (ninguna de las reediciones de su obra completa lo está). Lo que sí puede escucharse en las diversas plataformas son cuatro temas del disco incluidos en el álbum Primeras páginas, que recoge temas de sus tres primeros álbumes.

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