Una investigación realizada en Standford en el año 2023 y publicada en la prestigiosa revista científica Science Translational Medicine, da cuenta del mecanismo cerebral detrás de conductas desadaptativas y resistentes al cambio. La investigación se focalizó en la conducta alimenticia y proporcionó evidencias para tratar conductas desadaptativas en general. Así como también abrió puertas en el entendimiento de las áreas cerebrales involucradas.
Estas conductas se asientan en hábitos. Y lo cierto es que ¡los hábitos dan que hablar! Libros, conferencias y programas, entre otros, destacan por tratar acerca del poder de los hábitos. Hacen referencia tanto de cómo cambiarlos, cuánto tiempo lleva el proceso para lograr el éxito, así como de diversas técnicas para instalar nuevos hábitos, ¿pero qué pasa cuando los hábitos estorban?
Los hábitos en general, se forman a lo largo de la vida: son aprendidos, modelados y también elegidos. Una vez adquiridos, funcionan casi sin que nos demos cuenta. Cada hábito tiene una razón de ser y muchos tienen que ver con simplificarnos la vida. La cosa se complica cuando los hábitos, ya sean de pensamiento, emoción o acción nos entorpecen. ¿Qué afectan? Desde asuntos complejos y de alto impacto como las relaciones hasta la agenda, pasando por cada aspecto de nuestra vida.
Para cambiar hábitos se requiere voluntad, pero: ¿qué pasa cuando la voluntad pareciera no existir y unos hilos invisibles empujan a repetir una y otra vez lo que ya sabemos que no sirve? Justamente esto es lo que sucede en la base de los trastornos relacionados con los hábitos.
Wang et al. se propusieron entender qué sucede en el cerebro, ante conductas resistentes al cambio y a los tratamientos. Para eso, estudiaron la conducta de atracones con la comida. Utilizaron tanto tomografía computarizada como otras herramientas de última generación, que les permitieron descubrir, por ejemplo, que los atracones tienen que ver con hábitos más que con impulsividad.
Este hallazgo abre nuevos horizontes para el tratamiento ya que en lugar de centrarse en la impulsividad, parece que habría que trabajar en la voluntad. ¿Por qué la voluntad? Porque se trata de fortalecer el mecanismo dirigido a metas, que es antagónico al subyacente a los hábitos.
Los atracones así como otras conductas resistentes como las drogas, están orientadas a la gratificación inmediata. Lo cual produce un subidón de dopamina. El atracón puede estar relacionado al hambre emocional, que responde a un estímulo interno y tiene que ver con el uso del alimento para gestionar y/o expresar emociones. Así como también, pueden responder a hábitos, los cuales activan la conducta de atracones, es decir que se come sin hambre o necesidad fisiológica.
Entre los resultados de la investigación se destaca que existen circuitos cerebrales implicados en la formación de hábitos relacionados a trastornos y por lo tanto, resistentes al cambio.
Fuente: https://www.science.org/doi/10.1126/scitranslmed.abo4919
Es importante recordar que el conocimiento aportado, no solo sienta bases para tratamientos innovadores, también es muy valioso para las personas. ¿Cómo sirven a las personas? Cuando transitamos un trastorno relacionado a hábitos -es decir eso que parece estar dirigido por hilos invisibles-, podemos comprender y tomar las riendas.
Los investigadores descubrieron que la conectividad multivariable del putamen sensoriomotor, está alterada en aquellas personas que presentan conductas de atracón o bulimia nerviosa. Existe un circuito neuronal que da cuenta cómo la dependencia excesiva de la formación de hábitos, puede impulsar conductas resistentes a tratamientos, en múltiples trastornos cerebrales.
El estriado dorsolateral, el cual está relacionado con aprendizajes y ejecución de hábitos, es un nodo clave para promover los mismos. El estriado dorsomedial, que tiene que ver con aspectos cognitivos en general y en especial el procesamiento de la información y planificación de la acción, así como en la regulación de la conducta y la toma de decisiones, se centra en respuestas dirigidas a objetivos. Por lo tanto, se opone a la acción basada en hábitos basados en rutinas de acción. ¡Parece ser que trabajar en objetivos es un camino de fortalecimiento de la salud cognitiva y de aspectos más evolutivos que fortalecen la salud y el bienestar!
Wang y su equipo identificaron que la conectividad alterada se correlacionó con la gravedad de la ingesta de alimentos impulsada por los hábitos, en lugar de ser por hambre o necesidades fisiológicas. La dirección de la conectividad dio cuenta de la disminución de la conectividad del putamen sensoriomotor con la corteza cingulada anterior. El putamen sensoriomotor, núcleo de los ganglios basales, procesan la información sensorial y motora para aprender y controlar el movimiento-. Mientras que la corteza cingulada anterior, tiene que ver con el procesamiento cognitivo y de las emociones, motivación, control de impulsos e integración de la acción para la toma de decisiones y la acción.
La alimentación externa y emocional está impulsada por el hábito, es decir por el circuito cerebral del hábito y sus alteraciones como:
.la disminución de la conectividad putamen sensoriomotor-corteza cingulada anterior.
.alteraciones en la materia gris - tejido cerebral involucrada en funciones cognitivas superiores-
.alteración de la señalización de la dopamina -neurotransmisor-
.cambios relacionados con la plasticidad en la arquitectura celular local
.regulación negativa de los receptores de dopamina
Los autores destacan que la conducta habitual desadaptativa puede ser abordada modulando los circuitos cerebrales mencionados. Abordaje que no se limitaría a los trastornos de alimentación sino que a otros muchos trastornos vinculados a hábitos.
Orientarse en objetivos es la clave para generar el cambio. Por supuesto, recordando que se trata de un proceso. En ciertos casos es recomendable apoyarse en un profesional y en otros es suficiente con la ayuda de una persona allegada.
Una vez más, la investigación muestra la capacidad de plasticidad del cerebro y el cuerpo humano para restablecer el equilibrio perdido. Pongamos manos a la obra y diseñemos objetivos que fortalezcan las redes neuronales de la voluntad.