"There are more things in heaven and earth, Horatio, / Than are dreamt of in your philosophy"
En los últimos días se han publicado diversos artículos sobre nuestra industria de las Tecnologías de la Información, a propósito de recientes cierres o recortes de personal, en empresas como UKG, BASF, Alorica o Sabre. En ellos, se argumenta sobre las posibles causas de esta “crisis del modelo” y se proyecta un futuro sombrío, en especial de las empresas que se dedican a fabricar software para terceros, por una combinación del costo país, escala, competencia de la India y la disrupción de la Inteligencia Artificial.
He interactuado con esta industria por más de 20 años en mi carrera profesional. Durante los tres últimos años me reuní con 51 empresas de tecnología uruguayas, en el proceso de desarrollo de Zorzal Inversiones Tecnológicas SA. Zorzal es sociedad abierta, listada en la Bolsa de Valores de Montevideo, cuyo objetivo es ofrecer una alternativa de inversión en un portafolio de participaciones minoritarias de estas empresas. Participo además como invitado en los Directorios de tres empresas que forman parte del portafolio de Zorzal, por lo que me comprenden las generales de la ley. Pero de todas formas me parece necesario aportar otra visión, que pueda dar más contexto y contribuir al análisis, porque como decía Shakespeare en Hamlet, hay más cosas en el cielo y en la tierra, de lo que se intenta resumir o generalizar.
En primer lugar, los casos de BASF, Sabre, PedidosYa y Alorica no están vinculados a la tecnología y el software. Las reducciones en esas empresas responden a desafíos actuales de su negocio global más que a particularidades de su operación en Uruguay. Por ejemplo, en el caso particular de BASF, viene sufriendo caídas en sus ventas y resultado operativo, las cuales han motivado más de 4.800 despidos globalmente en los últimos dos años(*). Los centros de servicios compartidos o Shared Service Centers como el de BASF o Sabre en Uruguay, son estructuras que las multinacionales montan en países con buena relación calidad/costo de su mano de obra, para prestar servicios internos a varias filiales de una región, algunos de tecnología, pero en su mayoría administrativos, financieros y de recursos humanos. Uruguay compite muy bien en ese mercado, pero hay que tener en cuenta que éstos centros buscan permanentemente la eficiencia operativa, nacen con grandes dotaciones de personal para absorber funciones que estaban repartidas y duplicadas en varias filiales, pero tienden a especializarse, automatizar procesos y es natural que reduzcan su plantilla, en Uruguay y en otros países. Si bien es compartible la preocupación sobre el futuro de los Shared Service Centers, nada de esto tiene que ver con la competitividad del software uruguayo.
En segundo lugar, las empresas de tecnología uruguaya cada vez son más “multilatinas”. Pensar que podemos caracterizarlas a todas como empresas con 100% profesionales de IT uruguayos exportando sus servicios a USA desde Pocitos es una simplificación que distorsiona la forma en que podemos entender su actividad. El Uruguay no es caro desde el 2025, lo es desde hace por lo menos 15 años. Ante esta realidad las empresas uruguayas se adaptaron y generaron equipos en otros países, fundamentalmente en Argentina, Chile y Colombia.
Las empresas que llamamos “uruguayas” tendrán fundadores uruguayos y su casa matriz en Uruguay, pero la realidad es que encontramos muchos casos con personal repartido entre Uruguay y otras jurisdicciones, facturando en distintas monedas, en fin, bastante más complejo de lo que se lo quiere pintar. Esta internacionalización de las empresas uruguayas de software es una derivación virtuosa de nuestra necesidad de salir para afuera, al principio buscando clientes y ahora agregando sucursales y personal. La fuerza laboral de la industria de IT tiene en gran medida un formato de trabajo remoto regional, y es cada vez más dispersa geográficamente.
En consecuencia, sus costos no responden tan linealmente a los factores macroeconómicos o el mercado laboral uruguayo o de una geografía en particular. El “costo país”, o “el dólar bajo” están en alguna medida diluidos en su estructura de costos porque Uruguay no es su única fuente de talento y es bueno que así lo sea, las hace más resilientes a los vaivenes de la industria. Son muy pocos los casos de industrias uruguayas donde se ha logrado el nivel de internacionalización que tiene la tecnología.
En cuanto a la competencia, India existe en este mercado desde hace por lo menos 30 años. Siempre fueron más baratos que nosotros, siempre tuvieron más escala, siempre desarrollaron buena tecnología. Pero, así y todo, el #1 del outsourcing de tecnología de la India, Tata Consultancy Services (TCS), tiene una operación importante en Uruguay y en la región, con trabajadores uruguayos (¡e indios!) viviendo en Montevideo. Incluso puede argumentarse que, en buena medida, gracias a 24 años de actividad de TCS en Uruguay, es que tenemos más de 150 empresas de tecnología uruguayas facturando por encima de USD 1 millón (**). Si “rascamos” en los orígenes de estas empresas, es usual encontrar ex empleados de TCS, que ha sido un semillero importante en el desarrollo de emprendedores tecnológicos en Uruguay. Entonces India, nos ha dado mucho más de lo que nos ha quitado. En cualquier caso, siempre fuimos más caros que la India, pero por alguna razón, notoriamente cercanía cultural, manejo de español y portugués, mismo huso horario y cercanía geográfica con el mercado de las Américas, hemos podido competir como región contra India y diría que con India.
Se describe como una debilidad, que la mayoría de la industria esté soportada en empresas que prestan servicios de desarrollo (software factories), se las presenta como más vulnerables respecto de las que desarrollan productos propios. Hay voces que reclaman que la industria debiera moverse a un objetivo estratégico de desarrollo de productos informáticos, y se aleje de la vertical de servicios, del modelo de cobro por horas o el “staff augmentation” como se conoce en la industria. Se pone a todo ese espectro de empresas de servicios en una suerte de cadalso donde la guillotina de la IA caerá indefectiblemente. Al respecto dos apreciaciones: 1) la diversidad de software factories en Uruguay ha generado verdaderos especialistas en distintas verticales de negocio (Salud, Fintech, Ciberseguridad, Software Testing, entre otras) lo cual ha resultado en relaciones muy consolidadas con clientes que cuentan con ese soporte especializado y permanente para poder operar con seguridad y 2) existe una dimensión, dentro de las empresas de servicio, relacionada con la especialización en una plataforma de uso masivo en las corporaciones, como puede ser SAP, Salesforce, Oracle, AWS o Microsoft, que las han transformado en partners relevantes para ellos. Estas plataformas tienen una base muy importante de clientes, que demandan cambios, adaptaciones, nuevos usos y necesitan esos “partners”, que conocen cómo funciona su plataforma y pueden implementar en sus clientes los cambios o nuevos productos que lanzan continuamente. Es una relación muy profunda, que involucra certificaciones, relacionamiento comercial, apoyo financiero, referenciación de clientes, presencia física en los mercados, metas de ventas, en fin, muchas “más cosas”, que horas de programación.
Uruguay tiene casos muy exitosos de empresas que han hecho productos, generar tecnología propietaria y lograr venderla y mantenerse vigente en el mercado es para sacarse el sombrero. También es cierto que meterse a desarrollar productos tiene muchísimo más riesgo: Requiere inversión, horas de desarrollo que nadie paga hasta que el producto esté completo y probado, implica un enorme esfuerzo comercial y corre un altísimo riesgo de sustitución de otra tecnología desarrollada por competidores más consolidados. El negocio de los servicios en cambio tiene la ventaja de poder regular la contratación de profesionales en función de la demanda y además es un mercado enorme, las necesidades de las empresas en adaptaciones y nuevos desarrollos son permanentes. En suma, para mantener nuestra industria de IT fuerte, necesitamos hacer las dos cosas, servicio y producto.
Luego está el desafío de la Inteligencia Artificial. Acá se abre un universo de posibilidades, que nadie todavía puede pronosticar con certeza su impacto, si será negativo o positivo para nuestra industria. La realidad es que la IA está sustituyendo las tareas de programación básicas o intermedias, lo que haría un programador “Junior”. Esto en mi opinión abre una oportunidad para Uruguay. Si nuestro problema es la escala, la IA lo único que hace es eliminar esa desventaja competitiva. Tendremos agentes de IA supliendo nuestra falta de escala, y entonces el futuro de las empresas de tecnología uruguaya recaerá en la calidad de sus profesionales “Senior”, los arquitectos de sistemas, los que en definitiva saben conectar la necesidad del negocio con la solución tecnológica. Y creo que justamente es ahí donde radica la competitividad del Uruguay en tecnología. Crear buena tecnología es innovar, entender la necesidad del cliente, sea este americano, brasileño o un chileno con acento cerrado. Comprender rápidamente el desafío, diseñar la solución tecnológica adecuada e implementarla, requiere de humanos que puedan interactuar con otros humanos, en su idioma, en su cultura, sea USA o la región. Saber de tecnología, pero entender el negocio y la necesidad, es clave. Para eso no se necesita escala, se necesita talento, que lo tenemos, gracias a un ecosistema de educación público y privado que ha sabido formar excelentes profesionales. Esto implica que podemos convertirnos en un powerhouse de diseño de implementación de tecnología y servicios asociados, con base en Uruguay, pero con fuerza laboral repartida en la región y en la IA. Jorge Batlle decía respecto a la relevancia y competitividad de la ganadería uruguaya, “la vaca les gana”. Puedo permitirme un paralelismo y decir con confianza, “el desarrollador senior, el arquitecto de software, el Project Manager, les gana”.
En suma, por supuesto que hay desafíos por el lado de los costos, la IA y la competencia; algunos no son nuevos, pero encararlos requiere entender la industria en todas sus dimensiones e identificar donde se encuentra nuestro diferencial, donde aportamos valor. El futuro puede cerrar, pero también abrir, muchos caminos para nuestra industria de IT, porque hay “muchas más cosas en el cielo y en la tierra” como para encasillarlas en una simplificación.
(*) https://finance.yahoo.com/news/germanys-basf-cautious-over-2026-104330150.html
(**) Datos de la última encuesta de la CUTI - 2024