7 de noviembre 2024 - 7:27hs

Por León López Brennan. Nacido en Argentina y criado en Uruguay, León estudió Historia y Ciencias Políticas en la Universidad de Oxford (Reino Unido), y tiene un máster en Política Internacional de la Universidad de Cambridge (Reino Unido). Antes de volver a Uruguay, donde reside ahora, trabajó como investigador en el Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de Lund (Suecia), donde también dio clases a alumnos de máster.

Entre las múltiples congratulaciones recibidos ayer (miércoles) por Donald Trump, presidente electo de los Estados Unidos, después de la contundente victoria del Republicano en las elecciones del martes, ninguna cristaliza mejor el clima de resignación entre los aliados europeos de la potencia norteamericana que aquella de Volodímir Zelenski.

En una publicación en la plataforma X, el mandatario de Ucrania, país que desde Febrero del 2022 se encuentra en una guerra total con Rusia - tradicional rival geopolítico de los Estados Unidos - elogió el liderazgo “decisivo” del exdesarrollador inmobiliario y expresidente.

Cuando dice que el presidente electo americano encarna el lema peace through strength (la paz a través de la fuerza), un motif geopolítico que se remonta al Imperio Romano, pero que fue central al pensamiento estratégico del Partido Republicano durante la Guerra Fría, Zelenski busca encuadrar la retórica de Trump a una visión de una Ucrania que, según su líder, es “una de las potencias militares más fuertes de Europa”.

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Los fuertes, parece decir el ucraniano, apelando a la lógica Trumpiana, deben estar del lado de los fuertes.

En efecto, en más de dos años de guerra, Ucrania ha demostrado sus fortalezas, no solo en su habilidad de movilizar y entrenar las tropas que componen la espina dorsal de sus fuerzas armadas, enfrentadas en una guerra de atrición que ha desangrado a un enemigo con reservas humanas muchas veces superiores a la suya, sino también en su capacidad de improvisar una eficiente industria militar de alta tecnología casi de la nada: ucrania produce, al día de hoy, drones militares con capacidades ofensivas terrestres y marítimas, de corto y largo alcance, que son de una calidad muy superior a aquellos con los que disponen los Rusos.

La clave de la guerra, sin embargo, seguirá siendo el financiamiento, y en este frente, Kiev tiene mucho que perder con la llegada de Trump a la Casa Blanca.

Trump ha sido un crítico acérrimo de los envíos de armas a Kiev durante los últimos años por parte de Joe Biden, presidente saliente de los Estados Unidos: según un detallado informe del Departamento de Estado - la cancillería americana - Washington ha contribuido a la resistencia ucraniana con 66.1 mil millones de dólares en un amplio rango de insumos bélicos desde Febrero del 2022, una cifra superior a los 47 mil millones de dólares en material y logística militar provistos por los países miembro de la Unión Europea.

Estos desembolsos, que la administración Demócrata podría acelerar antes del traspaso de mando, fueron muy criticadas tanto por Trump como por el vicepresidente electo, JD Vance: con mayorías en ambas cámaras del Congreso, los Republicanos no tendrían dificultad en cortar de cuajo esta asistencia.

Sin embargo, por más de jactarse de tener una relación casi amistosa con el dictador ruso, Vladimir Putin, Trump habría declarado en una reunión con donantes a su partido que él hubiera respondido a la invasión Rusa del 2022 con un bombardeo sobre Moscú, una demostración de fuerza que cruzaría todos los límites imaginables de la doctrina de los Estados Unidos en su relación con con los rusos desde 1945, pero que habla del tipo de decisionismo en el cual la cúpula militar Ucraniana espera encontrar una resignada consolación ante la elección de Trump: Kiev busca abrazarse a este instinto transgresor para crear la idea de una “paz de los fuertes” donde quienes toman la iniciativa en el proceso de resolución al conflicto sean Washington y Kiev, en vez de Washington y Moscú.

Visto de esta manera, el tuit de Zelenski da inicio de una nueva estrategia de comunicación a través de la cual, habiendo perdido el sostén incondicional que caracterizó la administración Biden, Ucrania busque presentarse a los ojos de Trump no como un proxy, o un dependiente a quien alimentar con el objetivo de contener a Putin - la lógica Demócrata imperante en la Guerra Fría, periodo en el cual Biden formó su pensamiento estratégico - sino como un aliado fuerte capaz de defender por sus propios medios los intereses estadounidenses en Europa del Este una vez concluida la guerra.

De los números se pasa al timing: con las primeras lluvias otoñales y el eventual recrudecimiento del invierno, el fin de la temporada de combate en las planicies de la Ucrania oriental llevará a ambos lados a reorganizar sus tropas. Tanto Rusia como Ucrania han sufrido pérdidas terribles en el vaivén de ofensivas y contraofensivas que caracterizaron los meses de primavera y de verano: exhaustos y decimados, los Rusos avanzan por inercia sobre Povrosk, un centro logístico clave donde los ucranianos, igualmente debilitados, esperan contener la avanzada que se produce en el Donbas desde setiembre.

Las próximas semanas dejarán en claro quiénes estarán a cargo de dar forma concreta a la hasta ahora etérea política exterior del gobierno Trump 2.0. De importancia crucial serán su Secretario de Estado, su Secretario de Defensa, y especialmente su Asesor de Seguridad Nacional, un puesto que no requiere aprobación parlamentaria, pero cuyos ocupantes han demostrado un alto perfil en situaciones bélicas o de crisis. El nombre que revuela en torno a este puesto es el de Richard Grennel, ex-director de inteligencia durante el primer gobierno Trump, quien es partidario de crear una zona autónoma en el este de Ucrania para poner fin a la guerra, una idea para nada grata en Kiev.

El ocaso de la política estadounidense en Ucrania como la conocemos hasta ahora es un hecho.

No todo es ruin para Kiev: las potencias Europeas que se han demostrado más vehementemente en contra de la invasión Rusia, como Polonia, podrían hacer más por sus aliados ucranianos una vez que la cautela que caracterizó a la administración Biden se haya evaporado: por ejemplo, los polacos se verían libres de los límites impuestos por Biden a las exportaciones de armas de tipo ofensivo de largo alcance - es decir, aquellas que pueden ser utilizadas para golpear objetivos militares en el interior de Rusia - desde piezas de artillería hasta jets de combate.

Corea del Sur podría aumentar su asistencia militar a Kiev, ahora que se confirmó la presencia de miles de tropas de Corea del Norte combatiendo al flanco de los rusos.

Son conjeturas. Lo que queda claro a los ucranianos, es que si hay un momento para hacerse ver fuertes ante un presidente electo americano que respeta como pocas cosas las demostraciones de poder, ese momento es ahora.

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