El Observador | Leonardo Pereyra

Por  Leonardo Pereyra

Columnista político
6 de abril de 2026 5:05 hs

Es cierto que el Frente Amplio ha quemado a una velocidad considerable las etapas del módico idilio con los uruguayos que lo devolvieron al poder en 2025. Pero a la oposición no le va mejor en las encuestas y es un misterio la estrategia que llevarán adelante blancos, colorados e independientes para presentar una propuesta realmente alternativa y conjunta a corto plazo y, más aún, cuando deban someterse una vez más a la urnas.

La Coalición Republicana parece padecer de una importante miopía estratégica y el Partido Nacional, que debería ser la columna vertebral de cualquier resistencia con pretensiones, está paradójicamente encorsetado por la ausencia del expresidente Luis Lacalle Pou, el líder sin discusiones de los blancos. Ese activo fundamental, se convierte al mismo tiempo en un problema porque los nacionalistas están obligados a desplegar una oposición huérfana de un liderazgo que, cuando asuma el control pleno, tal vez corrija lo hecho por sus liderados.

En este escenario de orfandad blanca, el que quiere asumir un protagonismo creciente en la Coalición Republicana es el colorado Pedro Bordaberry, quien al inicio de la gestión de Yamandú Orsi había mostrado un rostro dialoguista, pero que con el correr de los meses ha mutado hacia posiciones opositoras más duras.

El impulso de Bordaberry no solo intenta incomodar a Orsi. Porque la batalla que se viene en la oposición no es solo contra la izquierda, sino por quién se queda con el alma del discurso más o menos liberal. Quién se muestra como una alternativa que se distinga claramente del Frente Amplio a quienes sus adversarios acusan de llevar adelante políticas estatistas en demasía.

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Bordaberry sabe que tiene una ventana de oportunidad y es aquí donde la trama se vuelve intrincada.

El expresidente Julio Sanguinetti ha dicho más de una vez que el gobierno de Lacalle Pou fue muy diferente al de su padre, Luis Alberto Lacalle Herrera (1990-1995) quien intentó sin éxito privatizar parte las empresas públicas.

Entrevistado para el libro “Politólogos, ¿para qué? Política y ciencia política en Uruguay" de Adolfo Garcé y Cecilia Rocha-Carpiuc, el expresidente Sanguinetti dijo que Lacalle Pou "te hace unos discursos a favor del Estado asombrosos". Recordó que tras escucharle al líder blanco un discurso que “parecía batllista” lo llamó para preguntarle: “Decime una cosa, ¿qué te queda a vos de tu liberalismo? Ahora sos un batllista, no de la 15, de la 14´".

Sanguinetti narra que Lacalle Pou le contestó que se consideraba socialdemócrata y entonces él le retrucó: “Bienvenido al club, yo te hacía liberal, era lo que creíamos. Lo que te ha pasado es que descubriste el Estado. Antes lo mirabas, ahora estás adentro y empezaste a querer al Estado”.

Con este tipo de afirmaciones, que las repitió más de una vez, Sanguinetti intentaba una caricia irónica hacia su rival histórico y hoy aliado, al tiempo que transmitía que, debido a ese cambio de rumbo de los blancos, los colorados se sentían cómodos en la Coalición Republicana.

Pero lo que para Sanguinetti es una absolución, para Bordaberry es una sentencia de culpabilidad. Coincide con el diagnóstico pero llega a una conclusión opuesta: el gobierno de Lacalle Pou fue demasiado estatista y ese es el problema. “Este ha sido un gobierno batllista. El discurso de la inserción internacional ha sido muy ‘Jorge Batlle’. En la protección social ha sido muy José Batlle y Ordóñez. Un hospital en el Cerro, hospitales en el interior, atender a la gente en la pandemia… Ha sido muy Lorenzo Batlle en la libertad individual y en la libertad responsable. Pero ha sido poco jorgebatllista en los hechos. Yo esperaba más libertad, más desregulación, más apertura al mundo. El acento que yo le pondría sería más en eso, más en esa libertad. Está muy bien la presencia del Estado en la atención de los problemas esenciales y sociales del país, pero en materia económica yo hubiera desregulado más, hubiera soltado más amarras, es lo que necesita el país para crecer”, dijo Bordaberry en una entrevista con El Observador en agosto de 2024.

Bordaberry busca instalar la idea de que los verdaderos garantes del liberalismo no están morando en la calle Juan Carlos Gómez, sino que hay que buscarlos en el un tanto disminuido Partido Colorado que él pretende reflotar.

Estos movimientos ya abrieron grietas en la interna colorada ya que el otro líder del partido, el senador Andrés Ojeda, ha tejido una cohabitación más amigable con los blancos y tiene una relación aceitada con Lacalle Pou, vínculo que Bordaberry no puede exhibir.

En los últimos días, Bordaberry se cortó solo impulsando en el Senado una interpelación contra el ministro del Interior, Carlos Negro, que Ojeda pretendía llevar adelante en la Cámara de Diputados. Mientras tanto, los blancos balconeaban la disputa de sus socios.

La pelea, y el triunfo, del discurso liberal como el que plantea Bordaberry quizás sea necesario si se quiere marcar diferencias con el más estatista Frente Amplio. Pero esas palabras tendrán que ser plasmadas en propuestas concretas y creíbles en un país empapado por la esencia batllista.

Mientras en la oposición se adivina un debate futuro que necesariamente incluirá críticas aliadas al pasado gobierno de Lacalle Pou, -no es posible diferenciarse de algo sin señalar las cosas que se consideran erradas-, el presidente Orsi -a los tumbos, es verdad, y con más voluntad que brújula- transita la carretera del presente y, lo que no es poco, todavía tiene la llave del despacho desde donde se intenta que las cosas ocurran.

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