24 de agosto de 2026 5:00 hs

Las balas pican cerca, la cantidad de delitos sube, la popularidad de los que mandan baja y el protocolo del gobernante se activa solo. Propone más. Más de lo que sea o, mejor, más de lo que se vea. Más policías, más patrulleros, más cámaras, más tecnología. No está mal. Como se sabe, la seguridad también entra por los ojos y más vale un ciudadano que se siente seguro, aunque la realidad no lo proteja tanto, a uno que siente miedo.

Pero la seguridad es algo más de lo que se percibe con los ojos, y los gobernantes parecen insistir con apostar al sentido de la vista. Es así que el miércoles 19 el ministro del Interior, Carlos Negro, aseguró 130 policías nuevos para Montevideo, prometió 100 más para fin de año y proyectó para marzo 500 funcionarios más. Suena bien. Porque 130 es más que nada; 230 pueden llamar la atención y 500 deberían marcar la diferencia.

Pero más allá de los números, llegada la hora de la verdad ¿cuántos policías adicionales habrá realmente, por turno, allí donde la gente en serio los necesita?

Más noticias

Hagamos la cuenta: Montevideo tiene 25 seccionales además de numerosas unidades especializadas y por lo tanto los 130 funcionarios anunciados no mueven demasiado la aguja si se los divide por turno y por seccional. El Ministerio del Interior tiene 33.000 funcionarios pero los hombres y mujeres que recorren las calles del país en tareas operativas es sensiblemente menor. La burocracia y otras yerbas se tragan buena parte de la tropa en tareas administrativas, técnicas, penitenciarias. Al final, son unos 4.000 policías patrullando por turnos en tareas de seguridad en todo el territorio.

La tecnología tampoco hace milagros. Una cámara no investiga y, si no hay estrategia, solo sirve para registrar el momento exacto de la rapiña. Este problema no empieza ni termina con la presencia de un uniforme más, una filmación precisa o un auto menos. La tecnología tampoco hace milagros. Una cámara no investiga y, si no hay estrategia, solo sirve para registrar el momento exacto de la rapiña. Este problema no empieza ni termina con la presencia de un uniforme más, una filmación precisa o un auto menos.

Con los patrulleros pasa algo parecido. El sistema presume de 5.000 vehículos, pero las quejas constantes de los vecinos porque los autos policiales raramente pasan cerca de sus casas, parecen mostrar otra realidad.

Entonces, más allá de la cantidad, lo más importante es la gestión. Por más tecnología o personal que se incorpore lo que importa es cuánto tarda en llegar un policía convocado por el 911, cuánto delito se evita, cuántos se esclarecen, cuántas organizaciones criminales son desarticuladas, y qué capacidad tiene el Estado para transformar una investigación en una acusación fiscal, en una decisión judicial, en una pena cumplida.

La tecnología tampoco hace milagros. Una cámara no investiga y, si no hay estrategia, solo sirve para registrar el momento exacto de la rapiña. Este problema no empieza ni termina con la presencia de un uniforme más, una filmación precisa o un auto menos, porque si la policía detiene presuntos delincuentes pero la Fiscalía no tiene suficiente personal para indagar, se rompe un eslabón importante de la cadena. Y se vuelve a romper si la Fiscalía acusa pero en el Poder Judicial faltan jueces, peritos y recursos.

Así como el delincuente no mira el Código Penal antes de delinquir, tampoco le importan las cifras de policías que los medios de comunicación dicen que andan vigilando las calles. Seguramente nadie consideró el camino de la honradez cuando se enteró que varias tanquetas del Ejército transitarían por la periferia montevideana. Así como el delincuente no mira el Código Penal antes de delinquir, tampoco le importan las cifras de policías que los medios de comunicación dicen que andan vigilando las calles. Seguramente nadie consideró el camino de la honradez cuando se enteró que varias tanquetas del Ejército transitarían por la periferia montevideana.

Ese déficit quedó en evidencia durante la discusión de la Rendición de Cuentas en el Parlamento. Desde Fiscalía explicaron que tuvieron que utilizar dinero generado por cargos vacantes para financiar gastos ordinarios de funcionamiento, y reclamaron recursos para fiscales, unidades especializadas y atención a las víctimas. Desde el Poder Judicial, en tanto, advirtieron sobre déficits de funcionamiento e inversión, y señalaron que ha llegado prácticamente al límite de las reasignaciones internas.

Preguntas

Durante la campaña electoral el Frente Amplio había prometido 2.000 policías más sin determinar cuándo se incorporarían a la fuerza. Otra vez, a la hora de las promesas, se cayó en la seducción del más.

A partir de los anuncios del ministro Negro de la semana pasada, parece que el gobierno ha iniciado un bienvenido plan de acción. Sin embargo, se insiste con la importancia del número. Pero en unos meses, con más policías en las calles, las preguntas seguirán siendo las mismas que hoy: ¿se llega a tiempo para prevenir o reprimir?, ¿se investigan más y mejor los delitos? ¿se desarticulan las organizaciones criminales?, ¿funciona mejor la coordinación con la Fiscalía?, ¿puede la Justicia procesar lo que el resto del sistema pone en sus manos?

Así como el delincuente no mira el Código Penal antes de delinquir, tampoco le importan las cifras de policías que los medios de comunicación dicen que andan vigilando las calles. Seguramente nadie consideró el camino de la honradez cuando se enteró que varias tanquetas del Ejército transitarían por la periferia montevideana.

Todo suma para sosegar la sensación de inseguridad. Eso es verdad. Pero si los números le ganan la carrera a la acción, aunque se gasten millonadas en uniformes y patrulleros, mientras el fetiche del más le gane la pelea a la política de lo mejor, entonces, al final la realidad nos terminará pasándonos la cuenta y será carísima.

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos