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27 de enero 2026 - 12:16hs

En nuestro país se ha instalado una problemática que ha ocupado titulares de informativos y de diarios, y ha generado un encendido debate en la población. Estamos hablando del picudo rojo, un insecto invasor, invisible, pero que ha provocado un daño enorme sobre el paisaje, y que ahora estaría afectando a nuestra producción agrícola.

Conocido principalmente por devastar palmeras canarias, el picudo rojo es una plaga que ha invadido Uruguay. El mismo se instala dentro de la palmera, deposita sus larvas y de forma muy veloz comienza un proceso letal. Cuando los síntomas en las mismas se hacen visibles, muchas veces, ya es demasiado tarde.

El problema de este insecto dejó de ser una problemática lejana. A nuestra instancia, se presentaron pedidos de informes al Ministerio de Ambiente los cuales fueron ignorados. En ellos se indicaba que las señales eran claras y era momento de encender todas las alarmas y actuar en consecuencia.

Nuestra gran preocupación se enfoca en la afectación que pueda ocurrir en los palmares de Rocha, declarados, en el año 1976 por Unesco, como parte de la Reserva de Biosfera Bañados del Este. Un ecosistema único, símbolo del paisaje oriental, patrimonio natural y cultural que no admite improvisaciones. Según informe del Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable, esta plaga no solo afecta a especies exóticas, sino también a palmeras nativas de nuestro país, incluyendo los palmares de Rocha con 2 millones de ejemplares con más de 200 años.

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Reiteramos: el dato que hace que esta temática sea alarmante es que una vez que la palmera es afectada, el daño es irreversible.

La respuesta institucional ha sido prácticamente nula. La ausencia de una declaración de emergencia ambiental refleja una preocupante pasividad frente a un escenario que ya no es preventivo, sino que presenta un daño visible.

El grupo asesor establecido recientemente por el Consejo de Ministros llega de forma tardía. En este contexto, si bien el objetivo principal es su total erradicación, se trata de comenzar por evitar su propagación, contener el avance y reducir al mínimo las pérdidas. Cada día de demora amplifica el impacto.

Lo que inquieta es la naturalización del problema. Nos estamos acostumbrando a ver palmeras destrozadas, taladas y muertas, como si fuera parte del ciclo natural. Pero no lo es: es consecuencia de falta de controles, prevención tardía y decisiones que no están llegando a tiempo.

Combatir el picudo rojo no es tarea sencilla, pero tampoco imposible. Se debe comenzar por mitigar su expansión, pero esto requiere coordinación a nivel país, con recursos y planificación, pero sobre todo con voluntad política. Es momento de reaccionar y accionar antes de que el daño continúe: la inacción ha sido el principal aliado para el avance de este.

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Batalla picudo rojo insectos

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