"Si quiere bajar de peso, que haga dieta y ejercicio", se suele escuchar como guía popular. Durante décadas la obesidad fue reducida, médica y socialmente, a una cuestión de voluntad y disciplina. Sin embargo, los avances científicos están forzando una revisión integral de esta enfermedad, que hoy afecta a 36% de los adultos uruguayos y a un 72% si se suma el sobrepeso. La ciencia revela que la acumulación de tejido graso es una respuesta a mecanismos regulados por el cerebro y el sistema digestivo, donde la voluntad juega un papel secundario.
Esteban Jódar, especialista español en Endocrinología y Nutrición, catedrático de la Universidad Europea de Madrid y jefe de servicio en el Hospital Universitario Quirónsalud Madrid, conversó con El Observador sobre este fenómeno y los desafíos que plantea su abordaje en la medicina actual.
También se refirió a cómo la evolución moldeó nuestro metabolismo, el impacto del estigma social y el giro conceptual que la ciencia está dando sobre el exceso de peso.
¿Cómo funciona nuestro cuerpo para procesar la comida y por qué cuesta tanto controlar el peso hoy?
Fue un hito en mi vida volver a dar clases de medicina, en fisiología, y volver a explicar el proceso por el cual la naturaleza resuelve un problema logístico de primera magnitud: cada célula de nuestro cuerpo, en cada momento, exige energía en forma de ATP (adenosín trifosfato) y hay que producirla sin saber cuáles van a ser las necesidades, con un acceso discontinuo a la comida y sin que existan baterías o pilas de ATP donde almacenar. Cuando conocés ese proceso, el papel central del hígado, el rol de la insulina y del glucagón, ves cómo la evolución nos preparó para comer una vez cada varios días. Cualquiera de nosotros, sin ningún entrenamiento, viene de serie preparado para eso. Comprendiendo eso, se entiende por qué el sedentarismo, los cambios de vivir de noche, vivir en temperatura controlada, la disponibilidad constante de alimentos de elevada densidad calórica y, sobre todo, el ultra procesado... La obesidad es lo menos que nos podría pasar.
Nuestros genes no están preparados para esto. Están preparados para cuando no haya ingesta, para las hambrunas, hasta que volvamos a tener comida. Luchamos con un mundo en el que nos ofrecen alimentos todo el tiempo. ¿Y qué hacen nuestros genes? Guardan y reservan en forma de grasa. Tenés la comida al alcance de la mano: es agarrar el celular, entrar a la aplicación, pedir, bajar, no moverte y tener lo que quieras a la hora que quieras. Comés y comés.
¿Cómo se ve esto desde la medicina?
La obesidad es mucho más que una cuestión puramente estética, es una enfermedad crónica con tendencia a la reactivación, con una enorme cantidad de complicaciones y en la que no existe un umbral de seguridad. No existe el "obeso sano" del que se habló en algún momento; esas personas que parecía que tenían obesidad sin problemas metabólicos hoy quedan desmentidas por los datos epidemiológicos de los que disponemos. La obesidad, definida como el exceso de adiposidad que interfiere con las funciones orgánicas, es claramente una enfermedad crónica.
Acá hay que huir de la gordofobia, eso lo tengo clarísimo. Hay un movimiento de derecho social según el cual cada uno tiene el cuerpo que quiere, y eso lo respeto, no puede ser de otra manera. Pero así como respeto a quien, informadamente, decide fumar, ese respeto no significa que fumar sea bueno para la salud, porque no lo es. Tener un exceso de peso no es beneficioso para la salud, igual que tener una vida sedentaria no lo es. Y ahí fracasamos, porque si la población no lo ve así, si cree que sigue siendo simplemente un problema de autocontrol, de falta de deseo de hacer ejercicio o de vagancia, mientras lo sigamos viendo así estaremos casi en la Edad Media pensando que los enfermos de epilepsia eran endemoniados, o cuando se encadenaba a los locos en los psiquiátricos porque no conocíamos la enfermedad, o cuando se buscaban remedios mágicos contra la peste bubónica porque no se sabía de dónde venía.
¿Qué herramientas o conocimientos aporta hoy la ciencia para entender lo que le pasa al paciente?
Ya no estamos en esa etapa. Conocemos mucho más de la biología que controla los sistemas de apetito, de saciedad y los sistemas límbicos de recompensa, que son fundamentales. Se reduce muchísimo ese famoso food noise que tienen las personas que viven con obesidad, que están todo el día pensando en qué me comería, qué no me he comido, por qué no me lo he comido. Sobre eso los fríen. Incluso hay ensayos clínicos que demuestran que los fármacos que actúan en esa zona reducen el alcoholismo en personas con adicción, o reducen el juego patológico y las acciones compulsivas en general. Se rigen en esa zona límbica donde hay receptores. Es un problema tremendamente complejo porque no hay una sola obesidad, hay muchas, y estamos avanzando hacia una medicina más personalizada, pero por primera vez con capacidad para abordarlo con armas eficaces que nos permiten avanzar en el conocimiento de la patología.
Persiste también una idea de que esto se resuelve únicamente con dieta y ejercicio.
Pasa con muchas enfermedades crónicas que o están estigmatizadas o no están reconocidas. Le pasa a mucha gente con la depresión hasta que le toca a alguien cercano o a ellos mismos. En cambio no ocurre con otras enfermedades que adquieren el estatus de "súper enfermedad" porque se venden mejor. El cáncer, por ejemplo, donde mejorar tres meses de vida ajustado por calidad justifica un pago millonario, y yo lo comprendo: he visto a mi hermano fallecer de un cáncer de pulmón en siete meses, y por lo menos ese tiempo te da espacio para despedirte de tu familia y cerrar tus asuntos. Hay ciertas enfermedades donde todo vale, todo está justificado y todo es poco. Y en cambio hay otras que se minimizan, que incluso se ningunean. Pasó y sigue pasando con las enfermedades psiquiátricas, con la obesidad y con la diabetes, que durante mucho tiempo se vio como "un poco de azúcar", cuando hay detrás mucho más que eso.