17 de julio de 2026 10:20 hs

En un contexto donde la sustentabilidad ocupa un lugar cada vez más relevante dentro de la industria de la construcción, el debate suele plantearse de forma simplificada: madera como sinónimo de construcción "verde" y hormigón asociado a un modelo tradicional de alto impacto ambiental. Sin embargo, Schmidt sostiene que la discusión es bastante más compleja.

Para Schmidt, la sostenibilidad de una obra no depende únicamente del material utilizado, sino principalmente de la eficiencia del sistema constructivo, de cuánto material se consume, cuánto se desperdicia, cuál es el impacto generado durante su ejecución, cuál será su vida útil y el mantenimiento que requerirá durante todo su ciclo de vida.

"Muchas veces la conversación se centra exclusivamente en la huella de carbono inicial de los materiales, pero también es importante analizar el ciclo de vida completo de una obra. La durabilidad, el mantenimiento futuro, el uso eficiente de los recursos y el impacto que genera durante su ejecución son variables igualmente relevantes", afirmó Oscar Schmidt, director general de la compañía.

La evolución tecnológica ha dado lugar a soluciones como los hormigones premoldeados, los de ultra alto desempeño (UHPC) y los que tienen menor contenido de clinker, tecnologías que incluso pueden combinarse para potenciar sus beneficios estructurales y ambientales.

En particular, el hormigón premoldeado permite asegurar elevados estándares de calidad y eficiencia gracias a su fabricación industrializada. Esto posibilita optimizar el diseño estructural y reducir la cantidad de material (m³) necesario para una misma estructura. Además, la precisión de fabricación y la industrialización del proceso facilitan una disminución significativa en los tiempos de ejecución de la obra.

La discusión adquiere especial relevancia cuando se analizan proyectos de infraestructura urbana de gran escala, como puentes, viaductos, túneles, intercambiadores o soluciones para mejorar la movilidad en las ciudades.

En estos casos, el desafío no es únicamente diseñar una solución técnicamente viable, sino ejecutarla generando la menor afectación posible sobre el ambiente, la ciudad y quienes la habitan.

Las áreas urbanas demandan cada vez más infraestructura, pero también exigen que las obras reduzcan las interrupciones al tránsito, minimicen los ruidos, disminuyan los tiempos de intervención y afecten lo menos posible la actividad económica y social de su entorno.

Bajo esta lógica, la sustentabilidad incorpora una dimensión adicional: el impacto urbano. Una obra que demanda años de ejecución, provoca desvíos y afecta la movilidad también genera costos ambientales y sociales que deben formar parte de la evaluación.

"En infraestructura urbana, la forma de construir es tan importante como la solución final. El desafío no es solamente resolver un problema de movilidad, sino hacerlo de manera eficiente y con el menor impacto posible para quienes viven, trabajan y circulan por la ciudad", señaló Schmidt.

A nivel internacional, la tendencia en obras de infraestructura apunta a sistemas constructivos que permitan optimizar recursos, mejorar la eficiencia y reducir las interferencias durante la ejecución.

En ese escenario, el hormigón premoldeado de última generación permite integrar todos estos conceptos, combinando innovación, calidad, eficiencia estructural y una menor afectación durante la construcción.

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