La inversión agrícola cayó en el primer semestre del año, mientras que en el segundo semestre se incrementó 18% respecto de igual período de 2023.
El menor dinamismo de la inversión agrícola se dio en un contexto de leve descenso de la inversión de la economía en Uruguay.
En los primeros nueve meses de 2024 la inversión en capital fijo bajó 2% interanual, según la información disponible de cuentas nacionales, mientras que la inversión en máquinas y equipos industriales cayó 25%, de acuerdo con el indicador elaborado por la Cámara de Industrias del Uruguay (CIU).
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Tractor John Deere importado por Interagrovial SA y mixer Mary de fabricación nacional.
Juan Samuelle
Los tractores en la cima
En el año se mantiene como principal clase de equipo agrícola importado los tractores, seguidos por las cosechadoras.
Los equipos con caídas de inversión respecto del 2023 fueron los tractores (8%) y las cosechadoras (5%), mientras que las sembradoras y ferlizadoras incrementaron 2% su inversión.
Como se indica en la nota metodológica, el IDIMA considera la importación de las principales maquinarias agrícolas en valores, sin incluir implementos agrícolas importados o nacionales, ni la venta en plaza de equipos de segundo uso.
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Cosecha de soja, en un campo próximo a Palmitas, en Soriano.
Juan Samuelle
De dónde llega la maquinaria para el agro
Las máquinas importadas en el año provienen principalmente de Brasil y Estados Unidos, que representan casi 70% de los valores importados, mientras el resto de las importaciones provino de China, India, Argentina, México, Canadá y países europeos.
Otras de las caracteríscas de la inversión agrícola es el mayor valor de los equipos y la incorporación de tecnología.
Respecto a los mayores precios de los equipos importados en los úlmos años, han incidido varios factores: mayor precio del acero, inflación internacional, escasez de algunos componentes y mejores prestaciones por el avance tecnológico.
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Siembra, en una chacra en Colonia.
Juan Samuelle
Efectos de la inversión
El nivel de inversión del año permitió mantener en niveles similares al indicador de dólares invertidos por hectárea sembrada, relevante para el desempeño productivo.
El valor del indicador se situó en U$S 86 de inversión por hectárea, un 2% inferior al año anterior.
Sin embargo, en 2024 se ubicó más de 30% por debajo del valor de 2022, cuando con otra situación de precios se habían superado niveles de reposición de inversiones.
De todos modos, el desempeño de la inversión de los cuatro últimos años permitió incrementar el stock de equipamiento agrícola y la inversión por hectárea cultivada.
De acuerdo con el indicador de producvidad promedio ponderado por hectárea (IPPA), en las últimas dos décadas las inversiones habrían contribuido en forma positiva al incremento de los rendimientos productivos de la agricultura.
El IPPA, también elaborado por Carle & Andrioli, con base al método de promedios ponderados móviles de productividad de las últimas cinco zafras, muestra un incremento mayor al 40% en la productividad en los últimos 20 años.
Además de mayores ingresos por incrementos de productividad, los retornos de la inversión estarán dados por la reducción de costos de los cultivos vinculados al menor consumo de fertilizantes y combustibles y automatización de procesos.
Las nuevas tecnologías de las maquinarias permiten una agricultura con mayor precisión, eficiencia y cuidado en los recursos naturales y el medio ambiente, se puntualizó en el trabajo.
La incorporación de inversión tecnológica determina también una mayor capacitación de los operadores y una alta inversión que requiere financiamiento en adecuadas condiciones.
El beneficio neto de la inversión dependerá del tipo de cultivo, de la dimensión de la empresa y de la capacidad productiva y financiera del empresario agricultor, entre otros factores.
Metodología del IDIMA
La compra de bienes de capital en Uruguay se realiza en un alto porcentaje mediante importaciones. A partir de esta premisa, el IDIMA se utiliza como una proxy para evaluar la evolución de la inversión agrícola, considerando las importaciones en dólares constantes de tractores, sembradoras y cosechadoras de información de Aduanas. En 2024 el valor del IDIMA se situó en 121.7. En 2023 había sido de 127.4 (base 2009=100).
Otras reflexiones en el análisis
En la última zafra, con menores precios agrícolas, similar área sembrada y una recuperación productiva, descendió levemente la inversión en máquinas y equipos agrícolas.
La variabilidad de resultados por mercados y clima incide en las decisiones de inversión en activos biológicos de áreas cultivadas y puede ser una barrera para acceder a la oferta tecnológica disponible en activos fijos.
Para la campaña 2024/25 se estima que se mantendría el área global de siembra, con incremento de superficie de trigo, cebada y arroz.
Por su parte, la colza registra un nuevo descenso y la soja, por la situación y perspectivas de precios, sería menor a la zafra anterior.
Para 2025 OPYPA estima un descenso de la producción agrícola y un nivel similar para el producto bruto global del agro, a pesar del incremento de valor agregado de la silvicultura.
En relación con los valores de exportaciones agrícolas considera una disminución para el año que comienza, con baja en soja y trigo y leve crecimiento en arroz.
Por su parte, la trayectoria de la inversión en maquinaria agrícola del último semestre permite tener expectativas de que la inversión recupere su dinamismo en el nuevo año.
Los avances de la invesgación científica y de la tecnología aplicada a los equipos agrícolas brindan oportunidades para la sostenibilidad de la agricultura.
Por otra parte, el desafío del cambio climático demandará inversiones para planes de transición e infraestructura para riego.
Por lo tanto, además de incorporar la innovación en máquinas para la preparación de tierras, siembra y cosecha, la agricultura requiere considerar la alternativa de inversión en equipos de riego.
En el caso del maíz se observa una trayectoria de incremento del área con riego, que en la última zafra llegó al 10% y presentó rendimientos productivos superiores al 80% que la superficie no irrigada.
Para ello es importante considerar las oportunidades de eficiencia tributaria que ofrece la ley de inversiones vinculadas al riego, se concluyó.