Su presencia impone respeto. Mide 2,03 y tiene una complexión ancha y un rictus serio. Cuenta su historia con naturalidad, como impulsado por la necesidad de liberar algo apretado en su corazón. Y deja en claro su orgullo, su fortaleza mental, su determinación. Esa con la que martilla cada noche de Liga Uruguaya debajo del tablero con la camiseta de Defensor Sporting.
La historia del extranjero de Sporting que encontró al básquetbol como vía de salvación
Perdió a su madre a los siete años y tiene un hermano en prisión; la vida le curtió la piel pero no se queja y dice que el deporte le dio carácter y lo hizo un hombre fuerte