29 de julio de 2026 5:00 hs

La cirugía bariátrica puede ser una herramienta determinante para tratar la obesidad, pero el verdadero cambio comienza después del quirófano. Aprender a cuidarse, incorporar el movimiento como un hábito y reconstruir el vínculo con el propio cuerpo son algunos de los desafíos que aborda el segundo episodio de Más allá de la balanza, el videopodcast de El Observador junto a Cliba.

En esta entrega participan Christian López, paciente de Cliba, quien transformó una vida marcada por el sedentarismo en una rutina que hoy incluye gimnasio, bicicleta y carreras de 5 y 10 kilómetros; y Raquel Hahn, licenciada en Educación Física, quien acompaña a personas con obesidad en el proceso de incorporar la actividad física de manera gradual y sostenida.

Lejos de poner el foco en el descenso de peso, el episodio plantea que el autocuidado es una herramienta fundamental para mejorar la salud y la calidad de vida. "Nos operan del estómago, pero no del cerebro", resume Christian, una frase que, según cuenta, suele repetirse entre quienes atravesaron una cirugía bariátrica. "Es una lucha constante. Uno tiene que centrarse en aprender a quererse un poco más y respetarse un poco más", afirma.

Una vida condicionada por la obesidad

Christian tiene 39 años y trabaja como funcionario público en un liceo. Antes de la cirugía, su rutina estaba marcada por el sedentarismo: largas horas sentado en la oficina y un extenso viaje diario entre Parque del Plata y Delta del Tigre.

La obesidad lo acompañó desde la infancia, pero durante la adultez el aumento de peso se aceleró. Con el tiempo, las limitaciones dejaron de ser únicamente físicas para convertirse también en sociales y emocionales.

"Caminar era doloroso. Me dolían continuamente los pies y las rodillas", recuerda. Pero las dificultades iban mucho más allá del dolor. Viajar en ómnibus, por ejemplo, era una experiencia que vivía con incomodidad constante. "Los ómnibus no están hechos para la gente grande. Sentís que molestás a la persona que va al lado y que nadie quiere sentarse contigo porque ocupás más espacio", relata.

También las tareas más cotidianas comenzaron a convertirse en obstáculos. Atarse los cordones, encontrar ropa o simplemente moverse con comodidad pasaron a formar parte de una realidad que, con el tiempo, terminó naturalizando. "Uno se empieza a conformar. Llega un momento en que eso pasa a ser parte de la realidad y lo va llevando", explica.

El miedo al gimnasio y las barreras invisibles

Antes de la cirugía, Christian intentó en numerosas oportunidades comenzar una rutina de ejercicios, pero siempre abandonaba.

"Pagaba la matrícula, iba una o dos veces y nunca más volvía", cuenta. La principal razón no era la falta de voluntad, sino la incomodidad que sentía dentro del gimnasio.

"Me sentía observado continuamente. La gente mira y eso termina haciéndote sentir incómodo. Además existe un ideal de cuerpo que hace que muchas personas con obesidad crean que ese no es su lugar", sostiene.

A esa sensación se sumaba la falta de acompañamiento profesional. Según detalla, muchas veces no encontraba una rutina adaptada a sus necesidades ni un seguimiento que le permitiera avanzar con seguridad. Sin esa contención, las excusas aparecían rápidamente: el calor, el frío, el cansancio o la falta de tiempo terminaban alejándolo nuevamente de la actividad física.

El ejercicio como una herramienta para vivir mejor

Para Hahn, licenciada en Educación Física de Cliba, el primer paso consiste en cambiar la manera en que las personas entienden el ejercicio.

"El ejercicio físico no es un castigo por comer de más ni una herramienta únicamente para bajar de peso. Es algo que aporta calidad de vida", destaca.

La especialista sostiene que el sedentarismo impacta tanto en la salud física como en la mental. "Las personas sedentarias tienden a encerrarse, a no socializar. Además empiezan los dolores, la pérdida de movilidad y de funcionalidad", señala.

En las primeras entrevistas con los pacientes, Hahn procura conocer cómo transcurre un día completo de su rutina. El objetivo no es solo organizar un plan de entrenamiento, sino demostrar que, incluso en agendas cargadas, es posible encontrar un espacio para moverse.

"La excusa más frecuente suele ser la falta de tiempo. Cuando analizamos cómo es un día de su vida, muchas veces descubrimos que ese momento para hacer ejercicio sí existe", explica.

Objetivos que van mucho más allá de la balanza

Según Hahn, las metas que plantean los pacientes al comenzar el tratamiento suelen sorprender.

"Uno podría pensar que el objetivo es bajar determinada cantidad de kilos, pero las aspiraciones son mucho más simples: poder cruzar las piernas, atarse los cordones, jugar con los hijos, levantarse de una silla sin dolor o no ocupar dos asientos en un ómnibus", cuenta.

Para muchas personas con obesidad, recuperar esas capacidades representa una mejora mucho más significativa que cualquier número en la balanza.

Un espacio seguro para empezar

Otro de los temas que aborda el episodio es la importancia del acompañamiento profesional durante las primeras etapas.

Hahn reconoce que la dinámica habitual de muchos gimnasios dificulta la adaptación de quienes recién comienzan. "Generalmente no hay suficientes instructores para acompañar a todas las personas. Eso influye muchísimo en que abandonen porque no se sienten contenidos", afirma.

Por ese motivo, destaca el modelo de clases virtuales que ofrece Cliba, donde los pacientes pueden iniciar la actividad física desde un entorno conocido y seguro.

"La persona está en su casa. La única que la observa es la profesora y el resto está concentrado en hacer la actividad. Eso reduce muchísimo el miedo a sentirse juzgado", destaca.

Las clases, además, contemplan distintos niveles de exigencia para adaptarse a las posibilidades de cada participante, ya que no todos comienzan desde el mismo punto ni tienen el mismo grado de movilidad.

Del sedentarismo a correr carreras

Después de la cirugía, Christian continuó con las clases de ejercicio y, tiempo más tarde, volvió a intentar lo que antes tanto temor le generaba: ingresar a un gimnasio.

Esta vez la experiencia fue diferente.

"Lo primero que hice fue decir que era un paciente bariátrico y que necesitaba fortalecer mis músculos. Encontré profesores que me enseñaban cómo hacer cada ejercicio, corregían mi postura y adaptaban las rutinas según mis objetivos", recuerda.

Ese acompañamiento fue clave para sostener el hábito y sumar nuevos desafíos. Primero volvió a andar en bicicleta, algo que había dejado años atrás debido a su peso. Después incorporó caminatas, que más tarde se transformaron en trotes.

Hoy participa en carreras de 5 y 10 kilómetros, un escenario que años atrás parecía imposible.

Aunque reconoce que todavía existen días en los que cuesta encontrar motivación, asegura que la actividad física dejó de ser una obligación para convertirse en parte de la vida que eligió construir.

"Uno se va sintiendo cómodo. Al principio apenas podía moverme; después empecé a notar que podía agacharme más, moverme mejor. Entendí que el ejercicio era otra herramienta para ayudarme y no que la cirugía resolvía todo por sí sola", concluye.

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