El organismo internacional presentó este miércoles el informe Panorama económico de América Latina y el Caribe en el que actualizó estimaciones de crecimiento regional. En ese contexto redujo la proyección de Uruguay a 1,6% para 2026 desde el 2,2% de la anterior revisión realizada en enero de este año. Lo mismo ocurrió con 2027 para el que proyectó un crecimiento de 1,9% desde el 2,2% pasado.
La visión concuerda con las estimaciones privadas que para 2026 esperan un magro dinamismo de la economía, con una expansión nuevamente por debajo del potencial, lo que quedó evidenciado en las respuestas de analistas en la última encuesta de expectativas del Banco Central que previeron una expansión de 1,6% para este año.
Sobre la región, el Banco Mundial indicó que las perspectivas de crecimiento para 2026 siguen siendo limitadas a pesar de que las condiciones financieras mundiales son ligeramente más laxas y los precios de las materias primas siguen siendo favorables.
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En ese sentido se espera que la tasa de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de América Latina y el Caribe sea de 2,1%, algo por debajo del 2,3% de la medición de enero.
La actual revisión sugiere que desafíos estructurales de larga data siguen condicionando las perspectivas de crecimiento de la región. Además, este año se prevé que sea una de las regiones del mundo con la expansión más lenta, lo que pone de manifiesto sus persistentes debilidades estructurales y su continuado rezago frente a otras emergentes.
El organismo explicó que la falta de mejora respecto a 2025 convive con perspectivas menos favorables para varias economías e implica un muy exiguo aumento del ingreso per cápita. También marcó que el consumo continúa liderando, pero su impulso es modesto a medida que los ingresos reales se recuperan gradualmente y los costos de endeudamiento reales siguen siendo elevados. En ese escenario, la principal limitación es la inversión, que sigue siendo moderada mientras las empresas esperan señales más claras sobre el ambiente externo y el esquema de políticas domésticas.
En otro pasaje expresó que el comercio internacional sigue siendo un canal clave para que la región pueda ampliar el acceso a los mercados, reducir los riesgos de concentración y apoyar la diversificación.
Uruguay: aquella superestrella
Un capítulo del informe remite a otro documento reciente del Banco Mundial titulado Recuperar el siglo perdido del crecimiento. Allí se expuso que la región tuvo problemas de expansión desde mediados del siglo XIX, cuando países como Finlandia, Suecia, Japón, Corea, Portugal y España que tenían niveles de ingreso comparables se despegaron y convergieron hacia los niveles de Estados Unidos. En el siglo siguiente, América Latina se estancó de manera persistente en el entorno del 30% del ingreso de Estados Unidos.
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“Y lo que es más deprimente, las superestrellas de la región, como Argentina, Uruguay y en menor medida Chile, que a mediados del siglo XIX tenían ingresos similares a los de Francia o Alemania, perdieron terreno durante el siglo siguiente y convergieron con el resto de América Latina y el Caribe”, afirmó el texto.
El organismo recordó que durante el siglo pasado el período de industrialización por sustitución de importaciones se extendió desde 1965 hasta 1989, año en el que terminó con el Consenso de Washington que promovió un comercio más libre. Luego, de 1990 a 2008, se extendió un ciclo de reformas favorables al mercado que culminó con la crisis financiera mundial.
La tercera etapa señalada fue entre 2009 y 2023 cuando los países comenzaron nuevamente a experimentar con medidas intervencionistas.
“Si bien el desempeño de América Latina y el Caribe fue mejor durante el segundo período, lo sorprendente es que, en todos los regímenes de políticas, la región tuvo un desempeño considerablemente peor que Asia, y el crecimiento de la productividad ha sido deficiente”, sostuvo el Banco Mundial.
“La mayoría de los países (de la región) han perdido dinamismo, principalmente debido a la pérdida de productividad. El capital humano sigue contribuyendo modestamente al crecimiento agregado, que sigue explicándose principalmente por la acumulación de capital físico”, concluyó.