Casapueblo: la escultura habitable que nació sin planos y se convirtió en un ícono de Punta del Este
En esta entrega de Punta del Este iconic, la historia de una guerra personal contra la línea recta, un laberinto de cemento y estuco construido sin planos durante 36 años
Carlos Páez Vilaró nunca dijo “hasta acá”. Nunca dijo “ahora sí, Casapueblo está terminada”. “Él no lo dijo. Lo dijo la Intendencia de Maldonado cuando se hizo el plano final. Se hizo el relevamiento absoluto de la casa y le dijeron que no se podía construir ni un centímetro más”, dice María Dezuliani, directora del Museo de Casapueblo, en diálogo con El Observador.
Dezuliani, que siente que Páez Vilaró le regaló lo más valioso que puede regalarle un humano a otro: su tiempo. “Él se dedicaba a formarme para que yo pudiera estar delante de Casapueblo, y yo era muy joven”, relata la directora y cuenta que al artista y a su esposa los conoció en 1995 en Buenos Aires en el Open Plaza, una tarde en que la pareja se dirigía a un cóctel en el Museo de Artes Decorativo de Buenos Aires.
Después de aquella vez la invitaron a trabajar por una temporada a Uruguay y, años más tarde, Dezuliani es la cabeza del Museo de Casapueblo.
¿Qué es Casapueblo? Es una estructura icónica de Punta del Este, a la altura de Punta Ballena. Se levanta sobre los acantilados, a 13 kilómetros de la península de Punta del Este.
0028375669.webp
Museo Taller Casapueblo
La edificación tiene trece pisos y no tiene líneas rectas en su interior. Eso es lo extraño: una arquitectura sin líneas rectas. Tiene, más bien, cúpulas, túneles, pasadizos de cemento encalado. Es que Páez Vilaró, uno de los artistas plásticos uruguayos más reconocidos, construyó todo eso durante 36 años. Él mismo la definió como una “escultura habitable” y como un ejemplo de su guerra contra la línea y los ángulos rectos.
“Él siempre le decía a los periodistas que había sido un insolente al tirarse al océano sin saber nada. Eso era lo que él decía cuando se refería a la arquitectura, porque sin ser arquitecto se animó a todo. Él decía que, si se puede hacer una mesa a partir de cuatro patas, cómo no se iba a poder hacer una casa con ese mismo criterio”, recuerda Dezuliani.
El origen artesanal y el desafío arquitectónico
Casapueblo se remonta a 1958, cuando Páez Vilaró descubre el terreno en el que hoy se para la escultura. “Se quedó enamorado del paisaje y quiso construir aquí su taller definitivo”, cuenta Dezuliani.
El lote en venta era enorme (4.873 metros cuadrados) así que, dice la directora, hicieron una sociedad y él se quedó con el sector denominado Risco Loco. Comenzó a edificar haciendo una casita de lata donde almacenaba materiales de demoliciones y de barracas, y la llamó La Pionera.
a11
Sitio oficial de Casapueblo
“Esa fue la primera construcción. Le llegaban cartas para regularizar los planos y él decía al principio que era como una escultura que estaba haciendo, pero a medida que le iban llegando los pedidos tuvo que ir regularizando la construcción. El tema es que la casa siempre estuvo creciendo”, relata Dezuliani.
Esa misma casa fue la que empezó a cubrir con madera, con cemento, con alambre y le fue dando una forma redonda. La hizo orgánica, imitando al hornero, siguiendo las formas del cerro, haciendo que las escaleras obedecieran la altura de las rocas.
En la década de los ‘60 fue armando distintos sectores, unidos por pasillos, por pasajes laberínticos que atraviesan las rocas. “La casa la hizo sin un plano inicial. Fue creciendo y, a medida que él vendía sus cuadros o sus dibujos, podía comprar materiales o directamente canjeaba sus obras por materiales de construcción”, dice la directora y agrega que fue una casa hecha para los amigos y amigas de Páez Vilaró, para recibirlos durante la temporada. Así, la casa se fue volviendo enorme.
Alrededor del año 2000 fue que la Intendencia de Maldonado decidió que Casapueblo no crecería más. Fue entonces que se hizo un relevamiento final de todo.
1691534092481.webp
Parte de las escenas que se vieron en Casapueblo
Pero mucho antes, en 1984, Páez Vilaró vende un sector de la casa a un grupo de hotelería de la cadena RCI, de tiempo compartido. Y lo contratan para que él hiciera el diseño de ese hotel.
Es entonces que una parte de su casa pasa a ser hotel y otra parte es construida. Así es como llega a tener nueve pisos hacia abajo hasta llegar al nivel del mar.
“Él ahí, al estar trabajando con un sueldo como director de la obra, tuvo la oportunidad de hacer crecer su taller y también su casa particular”, relata Dezuliani.
“Si bien Casapueblo siempre estuvo concebida como un lugar para recibir a los visitantes, a la gente que llegaba de distintos lugares a conocer Punta Ballena y a encontrarse con su obra, Carlos se había tomado el trabajo de preparar una sala audiovisual, de hacer un documental sobre su vida, sobre su obra, con imágenes, con diapositivas, que luego se transformaron en un video a través de los años. La gente que llegaba y podían recorrer y ver sus cerámicas, sus cuadros, sus tapices, tomar un café. Aunque al café lo sirviera él mismo, pero al principio era así. A mí también me tocó esa etapa de que hacíamos todo”, recuerda.
0001483518.webp
Carlos Páez Vilaró en Casapueblo, en 2009.
AFP
A pesar del fallecimiento de Carlos Páez Vilaró en 2014, Casapueblo se mantiene en funcionamiento como un centro cultural y turístico. El Museo Taller, ubicado en la cúpula principal, exhibe sus pinturas, cerámicas y esculturas. El museo, abierto al público todos los días, cuenta con salas de exposición con nombres de artistas como Pablo Picasso y Nicolás Guillén, además de una sala de proyecciones, la boutique y la Taberna del Rayo Verde, que ofrece gastronomía.
El complejo también incluye un apart hotel que, hasta 2020, disponía de 20 habitaciones y suites y 50 apartamentos. Además, en el predio está el sector de la residencia particular donde Páez Vilaró vivía con su familia. Actualmente, allí vive Annette, la viuda del artista.
El atardecer en Casapueblo se sella diariamente con la Ceremonia del Sol, un ritual que se celebra en las terrazas del museo. Minutos antes de que el sol se oculte, una grabación con la voz del artista recita un poema, despidiendo al astro.
La pieza poética es una reflexión de Páez Vilaró sobre su arte y su vínculo con la vida y el tiempo: “¡Hola, Sol! Gracias por volver a animar mi vida de artista. Porque hiciste menos sola mi soledad”, dice.