Me tomo con mucho cuidado el tiempo para elegir mis libros para las vacaciones de verano. Trato de hacer una suerte de amalgama entre lecturas pendientes, novedades y lo que sea que tenga ganas de leer en el momento. A veces me equivoco. A veces no. Este año medí bien lo que cayó en la bolsa de playa figurativa: ninguno me provocó ganas de tirarlo al agua y olvidarlo entre las olas.
Así las cosas, esta bitácora de lectura de verano tiene cinco títulos que paso a documentar por acá abajo. A su manera, todos me parecen que valen la pena en esta época de profusión editorial. Vayamos a ellos.
La lista de los siete, de Mark Frost
FotoJet - 2026-02-27T174109.507
Puede que el nombre de Mark Frost no sea tan popular como el título de su obra más famosa: la serie Twin Peaks, que creó junto a David Lynch. La hayas visto o no tiene poca importancia en este caso; importa más saber si las historias de detectives en la Inglaterra victoriana están entre tus intereses, porque de eso va La lista de los siete. Publicada originalmente en 1993 y traída al español por Impedimenta el año pasado, esta novela tiene la particularidad de oficial como una especie de mito de origen para Sherlock Holmes. La novela sigue a un médico llamado Arthur Conan Doyle —sí: Frost toma la figura del autor del mítico detective como protagonista—, que queda envuelto en un complot satánico que incluye mucha muerte, mucha acción, magia negra, una investigación encargada por la mismísima reina de Inglaterra y un personaje fascinante: el escurridizo agente real Jack Sparks. Recuerdo haber leído este libro tirado panza arriba en la arena, sin poder despegar los ojos de las páginas y sintiendo una adrenalina lectora que un poco había olvidado.
Estoy embarcado en un proyecto de lectura que otros han transitado antes —vos, lector, tal vez estás en ese grupo de pioneros— y que de alguna forma caló hondo en la literatura europea de esta época: la lectura en orden de los seis tomos de Mi lucha —no confundir con ya sabés qué—, la opus magna autoficcional del noruego Karl Ove Knausgård. En este caso, me tocó leer el tercer volúmen, momento en el que el autor vuelve la vista hacia su infancia más temprana en la isla nórdica de Tromøya y cuenta el origen de la familia que ya conocimos —y que él despedazó, especialmente a su padre (y con justicia)— en La muerte del padre y Un hombre enamorado. No sé si esta saga será para todos, y por momentos la escritura de Knausgård es irregular y repetitiva, sobre todo en este volumen, pero hay una verdad metida en estas páginas que me conmueve y que pocas veces experimenté. Me deslumbra el noruego: cómo de la nada, cuando el tedio amenaza con tragarse todo, se despacha con una imagen inolvidable e imperecedera. Y te hace volver a confiar en él como narrador, te hace querer seguir hasta el último punto del último libro. Eso lo logran los grandes nomás.
Baumgartner, de Paul Auster
FotoJet - 2026-02-27T174146.328
Sin ser un gran fan de Paul Auster, me apenó mucho su muerte. Y tengo muchísimas ganas de leer Ghost Stories, el libro que la escritora Siri Husvedt —su viuda— acaba de publicar en inglés y que relata la relación que ambos tuvieron a lo largo de muchas décadas. En fin. A principios de año llegó a mis manos Baumgartner, canto de cisne del hombre de Brooklyn, y me pareció encantador y una despedida acorde. La historia es la de un profesor de filosofía entrado en años que, a una década de la muerte de su mujer, decide volver a empezar en esto del amor, la vida y los vínculos estrechos. Por allí aparece el azar jugando su partido, también el paso del tiempo retratado con gracia y sutileza, un relato hecho a la luz del crepúsculo y sobre el crepúsculo, con el sello Auster que lo impregna todo.
Vida de Hannah Coulter, de Wendell Berry
FotoJet - 2026-02-27T174202.012
Ahora que lo pienso, fue un verano de lecturas “contemplativas”. Grandes pinturas de vidas completas. Porque eso es también esta bellísima novela del estadounidense Wendell Berry. Es la primera que la editorial cordobesa Chai publica de las muchas que componen las historias de Port Williams, una especie de saga que se puede leer en cualquier orden y que el autor localizó en una pequeña población rural del medio oeste estadounidense. Vida de Hannah Coulter no tiene mucho misterio y regala lo que ofrece en su título: la vida entera de una mujer que reflexiona sobre las formas en las que el amor muta a lo largo de las décadas, sobre la manera en la que las familias se arman y se desarman, sobre lo que significa sentirse parte de algo más grande, de una comunidad. Sin estridencias ni golpes bajos, la voz nostálgica de Berry te roba el corazón y te hace lagrimear y sonreír a la vez. ¡Qué más querés!
Troya, de Stephen Fry
FotoJet - 2026-02-27T174215.993
Estoy en mi año homérico. Y no por capricho —en realidad todo es por capricho, pero acá hay por lo menos una razón externa—, porque en julio se estrena La Odisea, mega adaptación a cargo de Christopher Nolan que me tiene ansioso. Expectante. Si estás acá conmigo desde los comienzos de Epígrafe y tenés memoria, sabrás que soy acólito de la forma en la que el actor y escritor inglés Stephen Fry se mete con la mitología griega. Lo hizo en los geniales ensayos titulados Mythos y Héroes, publicados por Anagrama, y en Troya, que se publicó en 2025, se encarga de contar la historia de la guerra más legendaria del mundo antiguo de cabo a rabo. Esto significa que su Troya no es una mera adaptación que hace más fácil la lectura de La Ilíada de Homero, que es la obra que cuenta parte de este conflicto, sino que se ocupa de abarcar todo el espectro: antecedentes del choque entre aqueos y troyanos, la guerra en sí, expone en detalle a sus héroes y villanos, y desliza sus postrimerías. El relato de Fry es espectacular y le da relieve a nombres que están incrustados en la memoria colectiva, y que moldean lo que hoy consideramos como actos de valentía, cobardía, terrorismo, traición y nobleza. Todo está en Homero. Todo. Fry lo sabe y le rinde pleitesía con una exuberancia y un amor admirable.