4 de junio de 2026 9:44 hs

Estudiantes de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de la República desarrollarán un vehículo híbrido eléctrico-hidrógeno para competir en la Fórmula SAE, una categoría universitaria internacional de ingeniería con cuatro décadas de historia. Será la primera vez que Uruguay se presenta en esta competencia, en la que participan las grandes universidades de Europa y Estados Unidos.

"Uruguay no ha competido en ningún tipo de categoría de Formula SAE nunca, ni en combustión ni eléctrico, ni mucho menos hidrógeno", subrayó Martín Rodríguez, vocero de la iniciativa.

El equipo se llama FING Hydrogen Racing y competirá en la categoría Student H Challenge, centrada en la propulsión por hidrógeno. Su origen está en una experiencia anterior. "El año pasado en la facultad hicimos un proyecto de transformar un kart de combustión a eléctrico", contó Rodríguez, una conversión más sencilla porque ya existía el chasis.

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El paso siguiente fue mucho más ambicioso. "Quisimos dar un pasito más y competir en esta categoría que básicamente tenés que armar el auto de cero", explicó. La motivación fue explorar terreno nuevo: "Nos llamaba mucho la atención el hidrógeno porque nos permitía probar otras cosas más allá de lo de combustión o eléctrico, que ya estamos medio trillados".

El hidrógeno es, además, una tecnología difícil de conseguir en el país. "No es algo que se pueda ir a comprar en plaza a cualquier proveedor local", señaló. Si el equipo avanza, la propia competencia le dona la pila de hidrógeno, "algo que es difícil de obtener y que saldría muy caro".

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Diseñar dentro de un reglamento tipo Fórmula 1

La competencia impone un marco estricto. "Tenemos un reglamento como si fuera la Fórmula 1, que te limita todas las pautas del auto dentro de un cierto rango", detalló. Dentro de esos límites, el equipo define todo: "Desde la geometría del chasis y los materiales hasta el comportamiento aerodinámico y la potencia".

El motor es lo único fijo y lo que se evalúa es "cómo utilizás esa potencia y cómo la optimizás", dijo el vocero. El vehículo es de tipo fórmula, "más grande que un kart pero bastante más chico que un Fórmula 1, quizás parecido a un Fórmula 4 o a la fórmula que corren en el Pinar". Mide unos 2,5 metros de largo y pesa entre 200 y 300 kilos.

La categoría hidrógeno se divide en dos instancias. En la Junior, donde está hoy el equipo, "competís con el desarrollo teórico del vehículo, con la ingeniería, pero no tenés que pasar a fabricarlo". El que queda entre los tres primeros pasa a la Senior y al año siguiente construye el auto, para que la ingeniería "no se quede en el papel sino que fabricar el auto".

Recién en esa segunda etapa hay pruebas dinámicas de fiabilidad, estabilidad y maniobrabilidad sobre una pista trazada con conos. "Son muchas curvas y muchas frenadas rápidas y aceleraciones, hechas a propósito para que los jueces puedan evaluar la performance del vehículo", describió Rodríguez.

No es una carrera entre rivales. "En ningún momento se ponen dos autos en un circuito a competir entre ellos, porque la idea es evaluar la ingeniería, no las carreras ni las habilidades de piloto", aclaró. Habrá un piloto para esas pruebas, y será uno de los integrantes: "No lo tenemos decidido todavía porque estamos lejos de armar el auto".

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Calendario y puntaje

Los plazos ya están marcados. En julio el equipo debe entregar tres conjuntos de reportes técnicos, con presentaciones el 10 y el 17 y una entrega adicional semanas después. "Vamos presentando informes técnicos de diseño", explicó el vocero.

Luego viene el viaje. Entre el 29 de julio y el 2 de agosto el equipo estará en Brasil: "Tenemos que defender el proyecto frente a una mesa de jurado", en una feria de ingeniería con stand presencial. Una mesa evalúa los informes y cada universidad los defiende en persona. Cada etapa otorga puntos hasta un tope de 1.000, y gana quien más sume.

FING Hydrogen Racing reúne a 32 integrantes de ingeniería mecánica, química, eléctrica y computación. "Somos 100% estudiantes, hay algunos ya egresados que son estudiantes de posgrado, de maestría o de doctorado", describió. No hay docentes que asignen tareas; solo hay dos tutores que asesoran "cuando lo necesitamos".

La estructura combina una rama técnica y una de gestión. La técnica se reparte en subgrupos por sistema: powertrain —el motor eléctrico y el tren de potencia—, eléctrica y electrónica, aerodinámica, fuel cell (pila de combustible) y chasis, que incluye suspensión, frenos y dirección. El subgrupo de fuel cell se ocupa del hidrógeno: "Cómo a partir del hidrógeno se genera energía y cómo se transmite eso".

Rodríguez encabeza el grupo de gestión de operaciones, encargado de "los plazos, los hitos, las entregas", de conseguir recursos para cada equipo y de la gestión externa: sponsors, permisos de la facultad, tutores y vínculo con la prensa.

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El aprendizaje y la apuesta a futuro

La inteligencia artificial está presente en todo el proceso, contó Rodríguez. "Es central en todos los proyectos que hacemos hoy por hoy", afirmó. La emplean para redactar los informes e interpretar las fichas técnicas de los componentes cuando los proveedores no responden. "Es como un tercer brazo", graficó.

El proyecto viene avanzando a buen ritmo: tras conseguir el aval del decanato a comienzos de año, vino una etapa de investigación —"leer papers, viendo por dónde atacar el reglamento"— y luego el desarrollo técnico. En junio toca integrar las soluciones de cada subgrupo "para que sea una solución final homogénea y que (el auto) no parezca un Frankenstein".

Esta experiencia posee un valor formativo para los estudiantes. "El impacto para nuestra carrera es tremendo y para toda la facultad", dijo. El proyecto permite "agarrar varios conocimientos diversos que das en distintas materias y ponerlos todos juntos de manera integral", además de enseñar a "llevar adelante un equipo" y a "repartirse tareas", con deadlines como en el mundo profesional.

Ese potencial, agregó, fue lo que destrabó el aval institucional: "La facultad vio eso y por eso nos dio el permiso para representarla". La meta de fondo es que la iniciativa perdure. "En todas las universidades del mundo esto es un proyecto a largo plazo", planteó, y el objetivo es que "no muera con nosotros sino que nos trascienda", con recambio generacional y vínculos sostenidos con sponsors.

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