El Centro Nacional de Inteligencia Artificial reveló qué tareas priorizará en su primera etapa: investigación en visión por computadora, una ventanilla de desafíos para empresas y modelos especializados para problemas del país. Así lo explicó su director ejecutivo, Diego Garagorry, en diálogo con RadarIA, el programa de streaming de El Observador.
El centro no buscará competir en el entrenamiento de modelos de gran escala. “Obviamente está totalmente fuera del alcance”, dijo Garagorry. “Para gran parte de las necesidades que vamos a tener no se requiere ese tipo de procedimiento”, agregó.
“Lo más importante es ver cuál es el impacto que queremos generar, para qué problema en particular y qué capacidad de cómputo se requiere para eso específico”, planteó. En esa línea, sostuvo: “Se puede generar muchísimo impacto con un modelo superespecializado que termine corriendo en un servidor, en un organismo público o mismo en un celular”.
Investigación propia y una ventanilla para empresas
El centro, que llevará el nombre de Instituto Vidart, organizará su trabajo en líneas de investigación. “Van a ser grupos de investigadores que van a estar sentados físicamente en el centro”, explicó. La primera será visión por computadora, es decir, análisis de imágenes. “Este mes estamos lanzando el primer llamado a investigadores”, confirmó. Luego seguirán robótica, lenguaje y sociedad, entre otras.
Esos equipos estarán liderados por docentes de dedicación total de las universidades o investigadores del exterior que quieran radicarse en el país. “La idea es estar integrados con todo el sistema académico”, dijo, y contó que la decisión se tomó en una de las primeras reuniones con los decanos de las facultades de ingeniería.
El director científico será Matías Di Martino, quien investigó siete años en Duke, en Estados Unidos. Allí desarrolló una herramienta para predecir autismo en niños desde el año y medio, que hoy está “en proceso de aprobación por la FDA”, según Garagorry.
El centro abrirá además una ventanilla de desafíos para empresas grandes, chicas y startups. “Hoy en día hay muchísima voluntad de probar pilotos de inteligencia artificial. La gran mayoría muere en el medio porque no hay realmente una oportunidad de negocio atrás”, advirtió. Y fue directo: “Si no hay inversión atrás, no es prioridad y posiblemente no termine en impacto”.
Entre los problemas propios citó el uso de reconocimiento de imágenes en el agro para aplicar riego localizado en épocas de déficit hídrico. También la lengua de señas uruguaya: “Seguramente no haya ninguna empresa del mundo que tenga interés en desarrollar una solución para eso”.
Sobre robótica, señaló: “Es muy difícil competir en construir un robot, pero los robots están bajando muchísimo el precio”. Y puso como ejemplo la conducción autónoma en campos: “No tiene nada que ver con la conducción autónoma de vehículos en ciudad. Son problemas totalmente diferentes y ahí puede haber oportunidades”.
La brecha entre conocer la IA y aplicarla
El centro ya mantuvo más de 80 reuniones con más de 200 personas. “En cuanto a bajar a ‘este problema real requiere capacidades y estamos dispuestos a invertir’, ya es más difícil. Creo que es una de las complejidades más grandes del centro”, reconoció.
Garagorry citó un estudio según el cual el 73% de las pymes conoce la inteligencia artificial, pero solo el 11% la aplica. La distancia se repite en el Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial (ILIA): Uruguay está tercero en la región, pero cae al puesto 13 en adopción en la industria. “Hay una diferencia bastante grande entre lo que es voluntad y acción real”, dijo.
Para achicarla, el centro trabajará con el sector de tecnologías de la información. “No vamos a hacer una software factory dentro del centro”, aclaró. “Muchas veces, cuando son empresas de industrias no tecnológicas, es difícil para ellos visualizar cómo la inteligencia artificial puede impactar su negocio”, explicó.
Según Garagorry, por la presión de adoptar, esas empresas terminan con “la fruta más baja”: “el chatbot, la automatización de un proceso que si revisaras tu empresa de nuevo capaz que no debería ni existir”.
El director, que viene del sector privado, dijo que quiere trasladar esa lógica a la gestión pública: “En cada conversación trato de poner: vamos a hacer esto, ¿por qué? ¿Qué impacto queremos generar?”. Sobre el éxito del centro, lo definió como “acercar los desafíos de la industria a la academia y el conocimiento de frontera al sector productivo y al Estado”.
El nombre homenajea a Jorge Vidart, uno de los fundadores del centro de computación de la Universidad de la República en 1967. “Cuanto más íbamos conociendo su historia, más nos sentíamos identificados con lo que queremos construir”, contó.
Como referencia regional, el centro ya conversa con su par de Chile, que desarrolló el modelo LatamGPT. “La verdad que es impresionante lo que están haciendo. Mucho para replicar”, afirmó Garagorry.