Del campo al laboratorio: la estrategia que está cambiando el agro uruguayo
El agro uruguayo entra en una nueva etapa, donde la ciencia aplicada, los datos y la innovación marcan la diferencia productiva
2 de febrero 2026 - 14:28hs
El Laboratorio Tecnológico del Uruguay (LATU) consolidó, a lo largo de más de seis décadas, un rol estratégico dentro del ecosistema agroindustrial del país. Desde sus inicios, la institución se posicionó como un socio clave de las principales cadenas productivas, brindando servicios analíticos, certificaciones, metrología, investigación aplicada y transferencia tecnológica, con el objetivo de mejorar la calidad, promover la innovación y facilitar el acceso a mercados cada vez más exigentes.
Hoy, ese rol se articula de forma integral junto a Latitud —la fundación del LATU para investigación, desarrollo e innovación (I+D+i)— y a Ingenio, la incubadora de empresas de base tecnológica instalada en el Parque de Innovación del LATU. Por la incubadora han pasado startups que desde la tecnología y el conocimiento agregan valor al sector agropecuario, como ser Deep Agro, empresa que usando Inteligencia artificial hace el reconocimiento de malezas en video para aplicación selectiva de herbicidas, o la empresa Wisflow que permite la automatización de riego de manera inalámbrica.
Estas organizaciones juntas conforman un ecosistema que conecta ciencia, tecnología, empresas, startups y sector público, con foco en el agregado de valor productivo.
Cuatro cadenas agroindustriales resultan especialmente relevantes en esta estrategia: forestal, láctea, granos y oleaginosos, y arrocera. En todas ellas, el LATU y Latitud han profundizado su vínculo con el sector privado, desarrollando proyectos que reúnen innovación tecnológica, certificación y sostenibilidad.
En la cadena forestal, el trabajo se centra en el desarrollo y validación de soluciones de construcción en madera, el uso y valorización de subproductos, y la mejora de la durabilidad, protección y desempeño del material para mercados internacionales. Desde una mirada de bioeconomía, se impulsan proyectos vinculados a biorrefinerías forestales y a la generación de herramientas que permitan tomar decisiones productivas con criterios de sostenibilidad. En este marco, el LATU participa del Comité Técnico Asesor de Sostenibilidad del Consorcio I+D+i Forestal, aportando metodologías para medir impactos y poner en valor los esfuerzos del sector en conservación de la biodiversidad.
Asimismo, se brinda un apoyo técnico clave para la producción de pasta de celulosa, dando garantías para la calidad de sus exportaciones. Recientemente se instaló en su Unidad Fray Bentos un refinador de pulpa automático, usado por las industrias para testeos antes de exportar. Este equipo permite tener datos más cercanos al comportamiento real de la pulpa en etapas posteriores de la producción, lo que hace al LATU uno de los pocos laboratorios en ofrecer este servicio a nivel mundial y habilita a realizar localmente un procedimiento que antes debía hacerse en Europa.
En el ámbito de la cadenaláctea, las líneas de trabajo apuntan a la evaluación avanzada de la calidad nutricional y funcional de la leche y sus derivados. La aplicación de metagenómica, microbiología avanzada y analítica predictiva permite mejorar procesos, controlar defectos y desarrollar ingredientes funcionales y nutracéuticos. Un ejemplo concreto es la caracterización de componentes saludables, como la vitamina B12, y el estudio de cómo variables productivas e industriales inciden en su contenido. Además, el LATU certifica exportaciones y estándares internacionales, y junto a Latitud desarrolló un Manual de Buenas Prácticas para la certificación de queserías artesanales, con cinco establecimientos que ya culminaron el proceso.
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Para la cadena de granos y oleaginosos, el foco está puesto en la mejora de la analítica avanzada de calidad, inocuidad y funcionalidad industrial, así como en la digitalización de procesos. En uno de los proyectos destacados, realizado junto a URUPOV (la asociación que reúne a empresas agropecuarias para investigar y promover la comercialización de nuevas variedades vegetales), se está automatizando la detección de áreas cultivadas y la identificación de cultivos, mediante el uso de inteligencia artificial y análisis de imágenes satelitales, logrando mayor rapidez y precisión.
En tanto, desde 2021, el LATU impulsa junto a la Asociación de Comerciantes de Granos y la Mesa Tecnológica de Oleaginosos un programa de mejora continua que promueve la estandarización de prácticas de laboratorio y la incorporación de criterios de sostenibilidad en toda la cadena.
En la cadena arrocera, los proyectos se orientan a la evaluación tecnológica de la calidad industrial y culinaria del producto, así como a la optimización de procesos de secado y molienda, con impacto directo en el rendimiento. También se ejecutan iniciativas vinculadas a sostenibilidad y bioinsumos, con el objetivo de mejorar la eficiencia productiva y generar atributos diferenciales para mercados específicos.
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Más allá del volumen: calidad, trazabilidad y sostenibilidad
Desde la visión conjunta del LATU, Latitud e Ingenio, la competitividad del agro uruguayo ya no se define únicamente por volumen o precio, sino por la capacidad de diferenciarse a partir de calidad demostrable, certificaciones sólidas, trazabilidad y sostenibilidad medible. La incorporación de tecnologías como inteligencia artificial, sensores, IoT y analítica avanzada permite anticipar desempeños, reducir variabilidad y optimizar procesos. Al mismo tiempo, métricas ambientales como huella de carbono, uso de agua y circularidad se transforman en atributos comerciales concretos.
Latitud cumple un rol clave como articulador entre el sector público, el privado y la academia. Desde su creación en 2017, trabaja como puente entre la ciencia y la industria, transformando problemas productivos en oportunidades de investigación aplicada. Con un equipo técnico multidisciplinario y una fuerte inserción en redes nacionales e internacionales, la fundación impulsa soluciones innovadoras que fortalecen la competitividad y sostenibilidad de las empresas.
De la investigación a la decisión productiva
Un ejemplo de esta innovación aplicada son los proyectos de mejora de calidad y funcionalidad en cebada y malta, que integran micromalteos experimentales, analítica avanzada y modelos predictivos de desempeño industrial. Estas iniciativas permiten reducir la incertidumbre de los procesos, acelerar la adopción de nuevas variedades y transformar conocimiento científico en decisiones productivas concretas.
En términos de impacto, durante 2025 el ecosistema LATU–Latitud–Ingenio ejecutó más de 40 proyectos de investigación, desarrollo e innovación, abarcando cadenas como la forestal, láctea, granos, arroz, cebada y citrícola, además de nuevas áreas como la olivícola y el sector del pecán, donde se trabaja para potenciar su exportación con alternativas de uso integral. Estos proyectos se traducen en mejoras de procesos, nuevos productos, reducción de riesgos técnicos y fortalecimiento de estándares de calidad y sostenibilidad.
De cara a 2026, el LATU proyecta fortalecer su modelo de campus de innovación, ampliando capacidades en I+D aplicada, laboratorios avanzados, espacios de pilotaje y sandboxes tecnológicos. La agenda incluye alimentos, biotecnología, materiales, sostenibilidad ambiental e inteligencia artificial aplicada, junto con nuevos esquemas de validación y certificación para mercados exigentes, y una mayor conexión internacional.
Este mes, el LATU integra, a través de su gerente general, Jorge Cernadas, la misión a China liderada por Presidencia. Sus prioridades están centradas en el desarrollo de relaciones con otros parques tecnológicos y de innovación, con el fin de intercambiar experiencias y desarrollar proyectos conjuntos.
Mirando hacia adelante, las tendencias para el agro uruguayo apuntan a una mayor diferenciación basada en calidad verificable, sostenibilidad cuantificada y uso intensivo de datos. La innovación será clave en trazabilidad avanzada, agricultura de precisión, ingredientes funcionales, bioeconomía y valorización de residuos. En ese camino, el LATU y Latitud continúan transformando conocimiento en impacto, con calidad, seguridad y sostenibilidad, al servicio de la industria y de los consumidores uruguayos.