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Gastronomía de España
El turno de la rosca de Reyes: historia pagana, rito cristiano y el círculo sagrado del azúcar
La rosca o roscón de Reyes es una de las grandes tradiciones de España en el año nuevo. Un pastel dulce circular que parece inofensivo, pero que encierra siglos de historia, luchas simbólicas y debates culturales.
5 de enero 2026 - 11:51hs
La rosa de Reyes, de la época romana a la mesa española.
Empecemos por desmontar el primer mito: la rosca de Reyes no nació cristiana. Sus raíces se remontan a festividades romanas paganas en honor al Rey Saturno.
Eran banquetes públicos, con intercambio de regalos, y una relajación temporal de las normas sociales donde esclavos y amos podían intercambiar roles, con una atmósfera de carnaval, juegos de azar, y el uso del gorro de liberto, o para nosotros, el conocido gorro frigio, de fieltro o lana y de forma cónica o triangular, que era utilizado en la Antigua Roma como el símbolo máximo de la libertad.
Las fiestas eran una de las celebraciones más populares y alegres, con influencias directas en la Navidad cristiana y Fiestas de invierno.
Se celebraban entre el 17 y el 23 de diciembre, donde se compartían tortas redondas con un haba seca en su interior.
A quien le tocaba, era nombrado El "Rey de la Faba", una tradición popular que establecía que quien encontraba el haba escondida en el roscón era coronado rey o reina por un día, simbolizando buena suerte y prosperidad.
No gobernaba, está claro, pero mandaba simbólicamente. Era infundir al azar, como una forma de justicia.
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La Iglesia se queda con el rito
La Iglesia, está claro, no inventó el rito: lo apropió.
A partir del siglo IV, con la institucionalización de la Epifanía, la revelación de Jesús a los Reyes Magos el 6 de enero, esa torta se resignificó como homenaje a esos Reyes Magos. El círculo pasó a representar lo eterno; las frutas abrillantadas las joyas de una corona; y el haba, esa costumbre pagana, no solo no fue prohibida, sino integrada para siempre.
De la Corte a las panaderías del barrio: cuando el pueblo se apropia del rito
En España, la rosca de Reyes entra con fuerza en el siglo XVIII, impulsada por Felipe V, que importó el hábito de la costumbre francesa del gâteau des rois.
Durante décadas fue un dulce cortesano, reservado a la aristocracia madrileña. No aparece de manera masiva en confiterías hasta bien entrado el siglo XIX, cuando la burguesía de la ciudad adopta el rito y lo transforma en una celebración familiar.
Es entonces cuando el haba cambia de significado.
De símbolo de fortuna pasa a ser castigo: quien la encuentra paga el roscón. Y aparece un nuevo elemento, decisivo para la infancia moderna: el muñequito; en su origen de porcelana, luego de barro cocido, hoy, ¨evolución¨ mediante, de plástico.
El haba y el muñeco: azar, poder y metáfora.
Pocas tradiciones dulces tienen una carga simbólica tan clara.
El roscón es una suerte de metáfora sin moralina. Transmite que el poder es azaroso, que el premio no siempre implica un privilegio económico y que perder también forma parte del juego. El muñeco consagra; el haba sanciona. Ambos conviven sin conflicto, representando a escala doméstica la estructura de la sociedad.
No es casual que en algunas casas el reparto lo haga el más chico, ni que el corte se realice a la vista de todos. La rosca de Reyes es una ceremonia y como tal hay que respetar su liturgia.
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España frente a sus propias tradiciones
Aunque hoy el roscón parece hegemónico, no siempre lo fue, ni en todas partes.
En la Comunidad Valenciana resiste la casca de Reyes, una rosca de mazapán rellena de boniato confitado.
En el País Vasco, el intxaursalsa, una crema a base de nueces trituradas, leche, canela y azúcar.
En Canarias, las truchas dulces, empanadillas rellenas de batata, siguen marcando su preeminencia mientras que Galicia reversiona el roscón con estilos propios, rellenas de crema o cabello de ángel.
El conflicto no es menor: cada enero, asociaciones culturales denuncian la “homogeneización del roscón” frente a dulces locales. Una batalla silenciosa entre el mercado y la tradición.
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Un dilema existencial, ¿sola o rellena?
Según datos del sector panadero y de la distribución, en España se consumen más de 30 millones de roscones en esta fecha.
Supermercados y grandes cadenas concentran cerca del 70 % de las ventas, mientras que la pastelería artesanal lucha por imponer su elaboración de calidad frente al precio.
Lo que si, una postal típica en estos días es ver a todos los que se desplazan a festejar, ir con su infaltable caja en mano, como quien lleva una fuente a la mesa. El tráfico de cajas cuadradas por la calle es incesante.
Ahora bien, si antes había una disputa simbólica, hoy es gustativa. Relleno si o no.
Los puristas defienden el roscón “solo”, sin distracciones, su masa debe ser tierna, fermentada lentamente y aromatizada con agua de azahar, herencia directa de la repostería árabe.
Otros celebran la evolución y ahí nace otro conflicto, con nata, trufa o crema. Un dilema que divide familias, genera encuestas en redes sociales y discusiones en las sobremesas.
Ya llegan los Reyes Magos y su cabalgata.
Desde el pueblo más humilde y alejado, hasta el corazón de la grandes ciudades los Melchor, Gaspar y Baltazar recorrerán las calles rodeados de multitudes y niños ávidos por los chuches que reparten desde sus carrozas.Es quizás la fiesta más esperada del año.
Quizás por todo esto la tradición de la rosca de Reyes sigue ahí.
Pagana o espiritual, al cortar ese postre en familia, todos saben que se está cerrando el ciclo festivo que comenzó con la Navidad.
Es el comienzo real del nuevo año y qué mejor que hacerlo con un ritual que reparte esperanzas en porciones. Es hora de ir a buscar la que nos corresponde, ¡vamos a por ella!