20 de mayo 2024 - 12:36hs

Algunas de las caras de Argentina se instalaron la semana pasada en España. Quizás la más amable vino de la mano de la exposición Conexión Buenos Aires-Madrid, donde la ciudad porteña, la capital del país, desembarcó con su arte y su cultura en el magnífico edificio de la Casa de América, ahí nomás de la Plaza de las Cibeles de la capital española.

Pero no fue eso lo que alcanzó notoriedad internacional y ocupó la tapa de diarios y un lugar preponderante en portales y redes sociales. En su lugar tuvimos un nuevo round del ya clásico combate Javier Milei vs Pedro Sánchez, aunque esta vez recargado, con mucha trascendencia y afectando el tradicional vinculo diplomático (¿y económico?) entre ambos países.

Pero, empecemos por el principio.

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Una historia de desencuentros

La relación entre los presidentes de España y Argentina ya venía mal desde hace mucho tiempo, incluso desde antes que Milei fuera electo presidente. En esos momentos, en plena campaña electoral, el español, en su misma sesión de investidura, llamó a apoyar al peronista y rival de Milei, Sergio Massa.

El segundo round ocurrió en el Foro de Davos, cuando nuevamente el presidente del gobierno español dedicó parte de sus palabras para contestar los dichos inmediatamente anteriores del mandatario argentino. Eso tampoco era muy habitual en ese tipo de circunstancias. Sin embargo, no pareció que fuera más allá del calor del momento y las pasiones de los atriles.

Pero donde hubo fuego, cenizas quedan. Y el que provocó el incendio del tercer round fue el Ministro de Transportes español, Oscar Puente, cuando dio a entender que Milei consumía algún tipo de droga que lo hacía tener posiciones poco comprensibles en los medios de comunicación.

Ahí la confrontación creció mucho, pero no llegó a alterar los vínculos entre los países.

Y ahora un nuevo capítulo del enfrentamiento, el cuarto, y ocurrió como era de esperar desde que Milei confirmara su presencia en el acto Europa Viva 24, organizado por Vox.

Hay que reconocer que la presencia de Milei en un acto opositor siendo un presidente extranjero, ya era un mensaje que no necesitaba de palabras para provocar polémicas. También hay que señalar que los ministros y dirigentes del PSOE y sus aliados no escatimaron insultos para recibir al presidente argentino: negacionista, terraplanista, fascista entre otras linduras.

En ese clima servido para el conflicto, Milei aprovechó el acto de Vox para hacer un discurso a su estilo, atacando a la casta global, al “socialismo empobrecedor” y volviendo sobre las acusaciones a la esposa de Sánchez. Esa referencia fue la que detonó la parte más visible del conflicto.

Lo que siguió ya es de dominio público, un nuevo operativo clamor y victimista del oficialismo español, (que la oposición no acompañó), la convocatoria a la embajadora en Buenos Aires y la exigencia por un pedido de disculpas, que será infructuoso.

Pero hay que marcar que, lejos de los exabruptos, en esta pelea dialéctica, (casi) todos los que participaron tienen algo para ganar.

¿Un juego en el que todos ganan?

Sánchez elige a Milei y lo provoca, una y otra vez, sabiendo que el presidente argentino, como se dice en ese país, tiene la mecha corta, es decir, responde fácil y con locuacidad.

Para Sánchez siempre es una buena oportunidad discutir con Milei porque es una figura global (más conocida que el español) y, al estar ligado a ideas de derecha, su adversario perfecto.

De hecho, Sánchez apeló a la disputa con Milei justo antes de las elecciones catalanas y ahora vuelve a hacerlo, esta vez con vistas a las próximas elecciones europeas.

Siempre es difícil movilizar el voto en este tipo de elecciones que no despiertan pasiones entre los electores ni generan el morbo que, a veces, ofrecen las elecciones nacionales. Y ahí fue Sánchez en busca de Milei para motivar a su base y amalgamar el voto progresista y de izquierda detrás de su liderazgo.

Por eso también apareció Josep Borrell, criticando a Milei para calentar el ambiente frente a unas elecciones que no prometen ser muy amables para la izquierda europea.

Además, Sánchez se enfrenta a un mandatario extranjero y eso le permite ponerse por encima de los otros políticos españoles y estrenar el traje del nacionalismo español, abandonado con la cuestión catalana. Por eso, todo lo que pasa en esta pelea, es ganancia para él y su partido.

Para Milei también esta fue otra oportunidad para mostrarse como líder de la derecha global y exponer a propios y extraños la repercusión que sigue generando su presencia fuera de las fronteras argentinas.

Milei viajó a España con un objetivo concreto: apoyar al partido Vox en las elecciones europeas. Pero, además, no renuncia a convertirse en un referente unitario del sector, y por eso planificó reuniones con los referentes del Partido Popular: la presidenta de la Comunidad de Madrid Isabel Ayuso y el principal líder opositor, Alberto Núñez Feijoo.

Como con Sánchez, la pelea internacional le permite a Milei ponerse arriba de sus competidores nacionales, agrupar a sus seguidores, y, al mismo tiempo, iniciar discusiones que están lejos de los sinsabores que atraviesa a diario su presidencia.

Milei también ganó con la pelea.

El anfitrión de Milei, Vox, también tuvo mucho para ganar. Sobre todo, porque todo el ruido se produjo en el marco de su evento que así adquirió repercusión internacional.

Para eso lo armaron y, además de Milei, participaron en forma virtual o presencial, Marine Le Pen, Víctor Orban, Giorgia Meloni, el ex primer ministro polaco Mateusz Morawieck, el chileno José Antonio Kast y el ministro israelí de la Diáspora y Lucha contra el Antisemitismo, Amichai Chikli, entre otros.

Vox también gana porque se muestra europeo e internacional, porque se mide como el adversario de Sánchez, porque es aliado de un muy popular Milei y otros líderes y porque adquiere una centralidad mucho mayor que la otorgada por su poder real en el sistema político español. El lugar de la oposición de derecha es del Partido Popular.

Y acá aparecen los primeros perdedores de este conflicto, los populares, sobre todo, porque han quedado superados en una discusión en la que no han podido meter cuchara. Con vistas a las elecciones europeas eso no es una buena noticia.

¿Continuará?

En la Argentina hay un juego de naipes muy popular llamado “truco”, jugado habitualmente por familiares y amigos. En el truco los jugadores fingen discutir, pelearse y se mienten teatralmente para obtener el triunfo.

Esta pelea entre Milei y Sánchez se desarrolló más como un partido de truco, que como un problema serio.

Pero, conociendo a los personajes, y con las elecciones todavía a un par de semanas de distancia, la situación también podría escalar y dejar de ser un juego para abrir nuevos perdedores: la economía, el comercio y los buenos vínculos entre las dos sociedades.

Por eso, estimados lectores, si tienen tiempo libre, más que dedicarlo a sumar audiencia a las peleas inventadas por los políticos, den una vuelta por Casa de América donde podrán conocer un poco más de las cosas buenas que ambos países tienen para ofrecerse.

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