Balance electoral 2025 en EEUU: victorias demócratas, claves y la hoja de ruta hacia las midterms de 2026
Tras un 2025 de victorias clave para los demócratas, los republicanos enfrentan el desafío de defender su mayoría en el Congreso en medio de tensiones internas y críticas por el costo de vida. Con el gerrymandering como una de las estrategias principales, los próximos meses decidirán si Trump logra consolidar su agenda o sufre una parálisis legislativa.
El mapa político de Estados Unidos entra en una fase decisiva con el inicio de un nuevo año electoral.Las contundentes victorias demócratas en los comicios locales de 2025 reconfiguraron el tablero, inyectando un renovado optimismo al partido después de la aplastante derrota en las presidenciales. Ahora, de cara a las midterms de 2026, los republicanos se preparan para defender su mayoría en el Congreso en medio de tensiones internas entre los seguidores más fieles de Donald Trump y el creciente malestar social por el alto costo de vida. En este escenario, el gerrymandering se consolidó como herramienta estratégica, tanto ofensiva como defensiva, para ambos partidos.
A pesar de no ser un año de ciclo electoral nacional, el 2025 tuvo impactantes contiendas que acapararon la atención nacional. Desde la derrota electoral del año pasado que aseguró la vuelta de Trump a la Casa Blanca, el Partido Demócrata busca cómo reinventarse, y, después de casi un año de frustraciones, a comienzos de noviembre logró victorias claves.
Demócratas con una agenda clara, pero sin unidad
Las victorias de las demócratas Abigail Spanberger en Virginia y Mikie Sherrill en Nueva Jersey marcaron un hito histórico al convertirlas en las primeras mujeres en liderar el Ejecutivo de sus respectivos estados. Estos triunfos representaron un espaldarazo para el ala moderada del partido, que busca consolidarse como el modelo estratégico para confrontar a Trump. Sus campañas demostraron, además, una capacidad crítica: la de recuperar terreno en los sectores rural y latino, segmentos que se habían perdido durante las presidenciales.
En contraste, la irrupción del socialista demócrata Zohran Mamdanien la Alcaldía de Nueva York sacudió al establishment demócrata y nacionalizó los comicios locales. Con apenas 34 años, Mamdani se convirtió en el alcalde más joven de la historia neoyorquina después de derrotar a Andrew Cuomo tanto en las primarias como en las generales. Su ascenso, impulsado por una comunicación digital disruptiva y una movilización masiva de voluntarios, se centró en la accesibilidad y lo posicionó como el nuevo referente de la corriente progresista que encabezan Bernie Sanders y Alexandria Ocasio-Cortez.
El partido también cosechó un triunfo histórico en Miami, donde Eileen Higgins rompió un doble récord: se convirtió en la primera mujer en alcanzar la Alcaldía de la ciudad y en la primera figura demócrata en liderar el gobierno local desde 1997.
Zohran Mamdani 4-11-25 - AP
AP
Los comicios locales permitieron a los demócratas identificar los ejes que hoy preocupan al electorado. El aumento del costo de vida, la frustración por los aranceles de Trump, el incremento en el precio de la atención médica y las consecuencias del shutdown más largo de la historia se consolidaron como los pilares de una alternativa viable para volver a conectar con los votantes perdidos.
Sin embargo, la definición del rumbo ideológico sigue en disputa. Mientras Mamdani logró entusiasmar con una campaña centrada en el costo de vida, no evitó posicionarse en temas políticamente arriesgados, como su postura explícitamente pro-palestina y el pedido de nuevos impuestos a los ricos. Spanberger y Sherrill, por su lado, optaron por un enfoque centrista, alineado con los donantes tradicionales y las cúpulas partidarias. Las victorias dejaron abierto el interrogante sobre cuál será la cara y estrategia del partido en las elecciones de medio término.
Mamdani - Seguidores celebran su victoria en NY - 4-11-25 - AFP
La guerra de los mapas
Aún faltan nueve meses, pero la atención sobre las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos, programadas para el 3 de noviembre de 2026, ya es extremadamente alta. En estos comicios se pondrán en juego 435 escaños de la Cámara de Representantes y 35 de los 100 del Senado.
El objetivo del Partido Republicano es claro: retener el control de ambas cámaras del Congreso, porque si los demócratas lograran revertir la mayoría en una o incluso en ambas cámaras, estarían en condiciones de obstruir la agenda legislativa de Trump. Para esto, el GOP apostó por una redistribución de distritos, una maniobra poco habitual conocida como "gerrymandering". En Texas, el gobernador Greg Abbott firmó nuevos mapas que crearon cinco nuevos escaños para los republicanos.
Mapas desplegados en el congreso de Texas por la redistribución de distritos de votación, Gerrymandering. AFP
Mapas desplegados en el Congreso de Texas muestran la redistribucipón de los distritos de votación.
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La medida desencadenó iniciativas similares en estados liderados por demócratas. En California, el gobernador Gavin Newsom ganó los comicios en su estado por la Proposición 50, que devuelve a la legislatura el poder de rediseñar su mapa y crea cinco nuevos escaños virtualmente garantizados para el partido.
Otros estados, tanto republicanos como demócratas, siguieron esta tendencia o amenazaron con hacerlo. En Misuri, Ohio, Indiana y Carolina del Norte ya se aprobaron nuevos mapas que benefician directamente al Partido Republicano. Paralelamente, los conservadores aguardan con expectativa lo que ocurra en Florida, donde un rediseño estratégico podría sumar hasta cinco legisladores al bloque del GOP. Por su parte, los demócratas pusieron la mira en Virginia, Utah y Maryland, estados clave con los que aspiran a recuperar hasta seis escaños en el Congreso.
Gavin Newsom habla sobre el Gerrymandering en California. AP
El gobernador de California, Gavin Newsom, habla en una conferencia de prensa luego de que se aprobaran los proyectos de ley para la redistribución de distritos en el estado.
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Internas republicanas y el intento por mantener el control del Congreso
El próximo 3 de noviembre se presenta como un "supermartes" decisivo en el que no solo se definirá el control del Congreso, sino también el mando de 39 gobernaciones. Para Trump, la prioridad absoluta es evitar que se repita el escenario de sus primeras elecciones de mitad de mandato en 2018, cuando la pérdida de la Cámara de Representantes paralizó gran parte de su agenda legislativa.
En un intento por blindar su poder, el presidente busca nacionalizar la contienda bajo la promesa de una inminente "Edad de oro" económica. Con esta narrativa busca aplacar la impaciencia de los estadounidenses por el elevado costo de vida y convencer al electorado de que sus políticas están dando frutos.
Donald Trump en Carolina del Norte habla sobre la economía. AFP
A pesar de los esfuerzos de la Casa Blanca por exhibir un frente unido, la coalición que sostiene al trumpismo atraviesa un proceso de fragmentación interna sin precedentes.El movimiento MAGA se vio sacudido por una guerra ideológica que estalló públicamente en la convención AmericaFest de Turning Point USA. Allí, figuras de peso y referentes podcasters como Ben Shapiro, Candace Owens, Megyn Kelly, Tucker Carlson y el exasesor Steve Bannon intercambiaron insultos, dejando en evidencia que el músculo organizativo del movimiento ya no garantiza la cohesión doctrinal.
Bajo el amplio paraguas del trumpismo conviven hoy visiones contrapuestas que dificultan el consenso. La disputa divide a quienes defienden la alianza estratégica con Israel de aquellos que consideran que dicho respaldo contradice la agenda del "America First". En este ecosistema también colisionan los intereses de los multimillonarios de Silicon Valley con los alarmistas de la inteligencia artificial, los partidarios de la línea dura migratoria con los defensores de las green cards, los aislacionistas con los halcones de política exterior y los sectores populistas con el establishment republicano.
El vicepresidente JD Vance habla en el evento de Turning Point USA. AFP
El vicepresidente JD Vance habla en el evento de Turning Point USA.
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El enfrentamiento entre Trump y Marjorie Taylor Greene es el ejemplo más nítido de las consecuencias de estas fracturas. La ruptura definitiva entre el mandatario y quien era una de sus principales defensoras sobrevino tras meses de críticas de la congresista hacia la política exterior de la administración.
Greene acusó al gobierno de traicionar sus principios al involucrarse en conflictos en Medio Oriente, Ucrania y Venezuela, y al otorgar apoyo financiero a líderes extranjeros como el argentino Javier Milei, mientras el ciudadano promedio lucha contra la inflación. La tensión escaló con la insistencia de Greene en la publicación de los archivos del caso Epstein, medida que el Congreso aprobó pese a la resistencia inicial de la Casa Blanca.
Incluso en las cámaras donde cuenta con mayoría, el presidente comienza a percibir los límites de su influencia: Trump no logró persuadir a los senadores republicanos de eliminar la obstrucción parlamentaria (filibuster), herramienta que permite a la minoría demócrata bloquear sus proyectos clave. Los próximos meses serán determinantes para definir si el mandatario logra unificar a su heterogénea base o si, por el contrario, se encamina a enfrentar dos años de parálisis legislativa en el tramo final de su mandato.