11 de abril de 2026 12:28 hs

Las próximas celebraciones de las Pascuas Ortodoxas tomó protagonismo a nivel mundial por ser la fecha acordada por Rusia y Ucrania para iniciar una tregua en la guerra desatada en 2022.

El período que se extenderá durante 32 horas y de similares características al adoptado en 2025, ya incluyó una instancia de intercambio de prisioneros, en tanto se mantienen las conversaciones impulsadas por Estados Unidos para poner fin al conflito, aunque sin éxito alguno.

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Vladímir Putin,  presidente de Rusia

Vladímir Putin, presidente de Rusia

“Partimos de la premisa de que la parte ucraniana seguirá el ejemplo de la Federación Rusa”, apuntó el Kremlin a través de un comunicado oficial.

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Días previos y en X (exTwitter), el presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky, había manifestado sus intenciones de acordar un alto al fuego por las conmemoraciones de Semana Santa. “Propusimos un alto el fuego durante las vacaciones de Pascua de este año y actuaremos en consecuencia. El pueblo necesita una Pascua libre de amenazas y un verdadero avance hacia la paz, y Rusia tiene la oportunidad de no reanudar los ataques después de Pascua”.

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La diferencia entre la Pascua católica y la ortodoxa responde a razones históricas, astronómicas y litúrgicas que se remontan a los primeros siglos del cristianismo.

En el año 325, el Concilio de Nicea estableció que la Pascua debía celebrarse el primer domingo después de la primera luna llena posterior al equinoccio de primavera en el Hemisferio Norte. Sin embargo, con el paso del tiempo surgieron diferencias en la forma de calcular esa fecha.

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El Concilio de Nicea

El Concilio de Nicea

La principal divergencia radica en los calendarios utilizados. La Iglesia católica, junto a la mayoría de las iglesias occidentales, adoptó en 1582 el Calendario Gregoriano, impulsado por el papa Gregorio XIII para corregir el desfase del calendario anterior. En cambio, muchas iglesias ortodoxas continúan rigiéndose por el Calendario Juliano, que presenta una diferencia de varios días respecto al gregoriano.

Este desfasaje provoca que, aunque ambas tradiciones sigan la misma regla establecida en Nicea, las fechas resultantes no coincidan. Además, la Iglesia ortodoxa suma otra condición: que la Pascua no se celebre antes de la Pascua judía, lo que puede desplazarla aún más en el calendario.

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Como resultado, algunos años ambas Pascuas coinciden, pero en otros pueden diferir por una o incluso cinco semanas. Esta situación refleja no solo una cuestión técnica, sino también la persistencia de tradiciones distintas dentro del cristianismo.

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