Fue una semana antes del último ataque de Irán contra Israel, pero el miedo estaba latente, más que nada en los habitantes del norte, 60 mil de los cuales no volvieron a sus casas desde el 8 de octubre del año pasado, cuando se produjo el primero de los ataques, mientras que en el sur, el ejército combatía con más de tres mil terroristas que había cruzado por la frontera de Gaza el 7 de octubre.
Las marcas de la guerra también están presentes en los kibutzim del sur como Kfar Azza, (otros, como Nir Oz, no quieren que nadie entre a ver el destrozo de las casas, las marcas de sangre, las balas y la destrucción), donde vive Deborah Mizrahi, una argentina que sobrevivió al ataque.
Deborah fue rescatada por el ejército, 16 horas después, cuando aun continuaba el combate. Por primera vez desde que vive en Israel, siente miedo, se sobresalta por los ruidos más nimios, llora cuando cuenta su historia. No sólo no puede volver a su casa, sino que, además, tiene un hijo de 16 años que pronto deberá hacer el servicio militar. Testimonio sobreviviente.mp4
El tema del servicio militar no es menor, la mayoría de los soldados son un poco mayores a 18 años, los que ya terminaron el servicio y estaban de vacaciones, volvieron antes que los llamaran como reservistas. El 7 de octubre, estaban buscando pasajes para llegar a Israel y defender a los suyos.
Todos los israelíes tienen un conocido que fue atacado, la hija de un amigo que fue asesinada en Nova, un compañero de trabajo que estaba en alguno de los kibutzim. atacados por los terroristas el 7 de octubre. Ninguna de las más de doscientas personas con las que hablé en Israel quiere la guerra. Nadie quiere la guerra, pero no encuentran forma de seguir viviendo con la amenaza constante de los terroristas sobre su territorio.
Antes del 7 de octubre, los israelíes centraban sus preocupaciones en el trabajo, en cambiar el auto, en los días de playa en el Mediterráneo. Pero ese día, después de las 6.30 de la mañana sus vidas cambiaron para siempre.
Todos los viernes, en la que ahora se llama “la plaza de los secuestrados”, se realiza una comida por shabat en una mesa que tiene los nombres y algunas pertenencias de los rehenes de Hamás.
Los sábados se concentran a una cuadras para reclamar por su vuelta, para no olvidar, con los carteles, las banderas y la escarapela amarilla.
El dolor atraviesa Israel, ese país próspero y resiliente espera volver a recibir turistas, dejar la puerta sin llave como toda la vida, y por qué no, vivir en paz.