30 de septiembre de 2026 15:10 hs

En medio del ataque, la aeronave inició un descenso abrupto y llegó a caer a unos 17.000 pies por minuto, según explicó a El Observador Diego López de Haro, piloto experto con miles de horas de vuelo y conocido en redes sociales como “Tatín”.

La cifra permite dimensionar lo ocurrido: un descenso normal se realiza, habitualmente, a entre 800 y 1.000 pies por minuto. En este caso, el Boeing llegó a descender a un ritmo hasta 17 veces superior y perdió alrededor de 5.000 metros de altura en pocos minutos. “Eso es realmente en picada”, resumió el especialista.

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El episodio dejó al comandante herido, provocó daños en la aeronave y obligó a otros pilotos que viajaban como pasajeros a asumir el control para realizar un aterrizaje de emergencia en Tabuk, Arabia Saudita.

López de Haro advirtió que todavía se trata de “una noticia en proceso” y que quedan aspectos por esclarecer sobre lo sucedido dentro de la cabina y, fundamentalmente, sobre las motivaciones del copiloto. Sin embargo, desde el punto de vista técnico, los datos conocidos permiten dimensionar hasta qué punto estuvo comprometido el avión durante la caída y qué ocurrió para que pudiera recuperar el control.

Una caída de unos 5.000 metros y cerca del límite del avión

El avión estaba estabilizado aproximadamente a 33.000 pies —unos 10.000 metros— cuando comenzó a caer. En poco tiempo descendió hasta unos 17.000 pies, una pérdida de altura de alrededor de 5.000 metros.

“Normalmente, un descenso normal son entre 800 y 1.000 pies por minuto. Estos fueron 17.000 pies por minuto”, explicó López de Haro.

Una caída de esas características provoca además una aceleración extraordinaria de la aeronave. Según el piloto, el Boeing se aproximó a velocidades extremas y estuvo cerca de alcanzar o superar sus límites estructurales de velocidad.

“Se estima que se puede haber llegado prácticamente a la velocidad del sonido”, señaló López de Haro, quien explicó que el avión “excedió totalmente o casi estuvo a punto de exceder la velocidad estructural”.

En una situación así, recuperar el control no consiste simplemente en tirar de los mandos y levantar la nariz. A semejante velocidad, las fuerzas aerodinámicas que actúan sobre la estructura son enormes y una maniobra brusca puede provocar daños.

De hecho, las imágenes posteriores del Boeing muestran daños en el timón de dirección, ubicado en la cola del avión. López de Haro entiende que el daño se produjo durante los esfuerzos para recuperar el control de la aeronave. “Quisieron controlar el avión y se partió”, explicó.

Dentro de la gravedad de la situación, el piloto destacó que el desprendimiento se produjo en una zona de la aeronave que no derivó en daños que terminaran comprometiendo definitivamente su integridad.

Una lucha dentro de la cabina mientras el avión caía

Mientras el Boeing perdía miles de metros de altura, dentro de la cabina se desarrollaba otra situación crítica. Según la información disponible sobre el episodio, el copiloto tenía una navaja de bolsillo, aunque también podría ser el hacha del avión, y atacó al comandante. López de Haro señaló que, de acuerdo con los reportes conocidos hasta ahora, el capitán intentó al mismo tiempo defenderse y recuperar el control del avión para detener el descenso.

El experto explicó además que durante el incidente se activaron códigos de emergencia en el transpondedor del avión. Entre ellos apareció el 7500, utilizado internacionalmente para advertir una una emergencia general, y el 7700, correspondiente a una interferencia ilícita o secuestro de una aeronave.

El escenario dentro del avión era caótico. Una pasajera que se encontraba en el baño próximo a la cabina salió y advirtió lo que estaba ocurriendo. A partir de allí, varios pasajeros intervinieron. Según los reportes conocidos, lograron reducir e inmovilizar al copiloto, mientras el comandante se encontraba herido.

“Hay dos o tres pasajeros que fueron un poco los héroes, los que rescataron todo”, señaló López de Haro.

Dos pilotos que viajaban como pasajeros asumieron el control

A bordo viajaban además integrantes de una tripulación que no estaban operando el vuelo sino que eran trasladados por la compañía. Este tipo de situaciones, según explicó "Tatín", es habitual en aerolíneas de la región del Golfo, donde trabajan numerosos pilotos y tripulantes extranjeros.

En medio de la emergencia, dos pilotos que viajaban fuera de servicio pudieron acceder a la cabina y hacerse cargo de la aeronave.

La intervención resultó decisiva: con el copiloto reducido y el comandante herido, fueron ellos quienes quedaron en condiciones de llevar el Boeing hasta tierra. El avión terminó realizando un aterrizaje de emergencia en Tabuk, Arabia Saudita.

Para entonces había atravesado una secuencia excepcional: una agresión dentro de la cabina, una caída de miles de metros, velocidades próximas a los límites estructurales y daños en la parte posterior de la aeronave.

El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, recibió en el aeropuerto de Tel Aviv a Yaniv Hayun, uno de los pasajeros que irrumpió en la cabina del vuelo de Flydubai para reducir al copiloto que presuntamente apuñaló al capitán e intentó estrellar la aeronave.

“Quería que no hubiera forma de que nadie pudiera volar ese avión”

El piloto uruguayo señaló otro aspecto particularmente delicado de la información que circulaba sobre el episodio: además del ataque al comandante, el copiloto habría intentado dañar sistemas dentro de la cabina con el objeto punzante.

“El primer oficial empezó a romper todos los sistemas del avión con la cuchilla”, relató el piloto en función de los reportes disponibles. Según explicó, la aparente intención era impedir que otra persona pudiera recuperar el control de la aeronave, aunque no habría conseguido inutilizar los sistemas necesarios para volarla.

El experto pidió, sin embargo, cautela al interpretar las motivaciones detrás del episodio. Aunque autoridades israelíes hablaron públicamente de un posible atentado, López de Haro remarcó que todavía resta una investigación que determine exactamente qué ocurrió y por qué.

Recordó como antecedente el caso de Germanwings, en el que un copiloto estrelló deliberadamente un avión en los Alpes franceses en 2015, pero advirtió que por el momento no puede establecerse una comparación sobre las motivaciones.

“No se sabe todavía si es lo que pasó con Germanwings, si fue un suicidio o si simplemente es un atentado. Eso está en proceso”, afirmó.

Lo que para López de Haro sí puede afirmarse desde el punto de vista técnico es que el Boeing atravesó una situación excepcionalmente peligrosa. Caer a 17.000 pies por minuto desde una altitud de crucero, aproximarse a los límites de velocidad de la aeronave y recuperar luego el control dejó un margen extremadamente reducido para evitar una tragedia, pero esta vez, el avión volvió a nivelarse y llegó a tierra.

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