19 de septiembre de 2026 5:00 hs

—¿Nació por parto vaginal o por cesárea?

Pero la cesárea no es un mero trámite administrativo. No es la sola firma de un consentimiento informado. Es una “cirugía mayor”, como le llaman los médicos a esas intervenciones quirúrgicas que revisten riesgos y una hospitalización posterior.

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Como casi cualquier cirugía tiene sentido realizarla cuando es necesaria. El inconveniente —insisten todas las unidades académicas de Ginecología y Neonatología— es cuando se pasa a un estado de endemia. Cuando la prioridad no está en salvar a la madre y el bebé, sino en solo pensar en que se quiere resolver todo ya, o que la fecha de cumpleaños se puede planificar como quien se agenda qué día se encuentra con una amiga, o cuando se tiene la falsa idea de que así se evita el dolor del parto y no se tienen en cuenta las horas después.

Uruguay está demasiado lejos de las tasas que recomienda la Organización de la Salud (se sugiere 15% y el país está con los números escritos al revés: 51%). Puede que sean estimaciones que no valen para países del desarrollo de Uruguay. Pero el profesor titular Claudio Sosa viene insistiendo en que “la alta tasa, sobre todo cuando es innecesaria, es un problema social y del sistema de salud”.

Las cesáreas cuando no se justifican implican "mayores costos (para el sistema) y el incremento de morbimortalidad materna y perinatal”. El riesgo de muerte materna en una cesárea es entre 4 y 6 veces mayor en comparación con el parto vaginal, principalmente debido a hemorragias severas, infecciones (sepsis), eventos tromboembólicos y complicaciones de la anestesia. En Uruguay al menos cinco muertes por año tienen esas causas. Y cerca de un 10% de las cesáreas acaban en unidades de cuidados intensivos.

En menos de 15 años, las pacientes a las que se induce el parto o tienen cesárea programada superaron en porcentaje a aquellas con parto espontáneo, notándose allí un nudo crítico. Otra vez: no es una cuestión religiosa ni una mirada anti-cesárea, sino lo que dice la academia uruguaya sobre las cesáreas innecesarias.

En algunos prestadores de salud —más bien del ámbito privado— la cesárea es más la norma que la excepción.

El Observador accedió a los datos preliminares del porcentaje de cesáreas en los principales prestadores de Montevideo. La lectura tiene que hacerse con una precaución: la cifra no es un sinónimo directo de eficacia, sino que puede esconder las características demográficas de las usuarias o bien protocolos internos.

Buscá el prestador en la tabla:

Hay solo dos prestadores que tuvieron más de 1.000 nacimientos. El Pereira Rossel, donde nacieron cerca de 4.800 bebés el último año. Y la Médica Uruguaya con más de 2.200. Uno de cada cuatro niños o niñas del país pasaron por una de estas dos maternidades.

Entre estas instituciones la diferencia de cesáreas es notoria: 38,8% en el público y 61,3% en la Médica Uruguaya. No solo atienden poblaciones distintas, sino que en una están instaladas las unidades académicas con sus docentes y residentes.

Entre aquellos prestadores con menos de 1.000 nacimientos al año, hay extremos. De las usuarias de Cosem más de siete de cada 10 acabaron en cesárea el último año. En la RAP de ASSE en Montevideo no llega al 4%, pero porque es un espacio de atención primaria y no pensado en la internación.

Los seguros privados no escapan a la lógica general. Incluso alguno de ellos fue de los primeros en pagarles a los ginecólogos más por el parto vaginal que la cesárea, para que no sea una cuestión de lucro. Vuelve a repetirse que la mezcla de población, gestión institucional y deseos de las usuarias son influyentes.

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