El 27 de noviembre de 2023, en un acto en el Auditorio Nacional del Sodre, el director del Instituto Nacional de Estadística, Diego Aboal, anunció que la población en Uruguay había crecido apenas un 1% desde 2011 y que ese crecimiento era producto de la llegada de inmigrantes porque el saldo entre muertes y nacimientos era negativo.
Aboal aportó algún otro dato –como que el 52% de los 3.444.263 son mujeres o que el 16% tiene más de 65 años– pero poco más. El resto de la información se iba a conocer, decía por ese entonces, cuando fueran procesados los datos y fuera posible desagregarlos.
Pasaron casi nueve meses de aquel acto (y casi un año del calendario original que se había trazado el INE) y la información publicada sobre el censo 2023 sigue siendo la misma que aquella difundida en noviembre. El problema, según pudo saber El Observador por fuentes vinculadas al censo, es que la tasa de omisión calculada por la encuesta de evaluación fue cercana al 10% (más que duplicó la registrada en el censo 2011 que fue menor a 5%) y eso dificulta algunos cálculos.
¿Qué es la tasa de omisión? Es la cantidad de personas que se estima no contestaron pese a que los censistas saben que existen y se da por tres motivos. Puede ser gente que reside en viviendas que fueron registradas por los censistas como ocupadas con residentes ausentes –fueron visitadas en varias oportunidades, incluso hasta las cinco veces que establece el protocolo, pero, pese a que hay indicios de personas viviendo allí, nunca contestaron–, población que vive en casas que no fueron alcanzadas por el operativo censal y población que reside en viviendas que fueron censadas pero donde no fueron declarados todos sus residentes.
La omisión, dice la Cepal en un informe de 2006 sobre este valor en los censos de América Latina, es uno de los “indicadores más requeridos para tener una idea acerca de la calidad de un censo”.
Fuentes vinculadas al censo aclararon a El Observador que la alta tasa de omisión registrada en esta última edición coincide con lo que viene pasando en otros países de la región: la gente rechaza contestar pese a tratarse de una consulta obligatoria. Lo bueno en Uruguay, dicen, es que se logró recorrer (peinar) todo el territorio.
Una demostración del rechazo fue que se demoró el trabajo de campo –que pese a la posibilidad online fue el más largo de toda la historia– y se extendió más allá de lo previsto. Maldonado –que según supo El Observador es uno de los departamentos que registró mayor crecimiento respecto a 2011– fue de los más problemáticos respecto al rechazo de respuesta y se tuvieron que desplegar operativos específicos para aumentar la tasa de respuesta.
Métodos y complementos
La tasa de omisión suele calcularse a través de vías directas e indirectas. Una de las herramientas directas más comunes es una encuesta de evaluación censal. Eso fue lo que aplicó Uruguay a partir del pasado octubre, de forma presencial y telefónica, a unas 12.000 direcciones. El resultado dio una tasa de omisión superior al 10%, aunque, como toda encuesta, tiene un margen de error.
Un consultor español está asesorando al INE para calcular la omisión por vías indirectas: parte de la población observada en el censo 2011 y según los nacimientos, muertes y migración va estimando cuántas personas habitan en Uruguay hoy.
A su vez, el INE hizo un censo piloto con registros administrativos (con señales de vida de la población) que sirvieron para complementar al censo clásico.
La respuesta oficial
El director del INE, Diego Aboal, no quiso referirse a la tasa de omisión que manejan actualmente y se remitió a los datos preliminares publicados en noviembre de 2023. En aquel entonces, el organismo informó de un 5% de no respuesta (viviendas con indicios de que vive gente pero que no respondieron) y un 3,89% de omisión (8,89% en total).
“Estamos dentro de un proceso normal. Esos números son manejables porque hay procesos para caracterizar a esa población”, aseguró a El Observador y dijo que esa cifra “podía tener algún ajuste” por la encuesta de evaluación censal. Tal como fue mencionado, esa encuesta ya fue realizada pero Aboal no respondió cuáles son los números que manejan ahora porque “se están procesando los datos”.
El calendario oficial del censo, publicado en la web en marzo del 2023, establecía que el trabajo de campo se realizaría en el segundo trimestre del año pasado y que los microdatos (que incluye, entre otras cosas, la población por departamentos) estarían publicados entre julio y septiembre de 2023.
En línea con ese calendario, a fines de mayo comenzó el trabajo presencial de los censistas pero a un año de la fecha estipulada los microdatos no fueron publicados. Aboal defendió que el proceso de Uruguay viene dentro de los plazos normales, dice que ese cronograma es de 2021 (la fecha de marzo de 2023 es, según el INE, por un tema de migración de la web) y asegura que los microdatos, que estarán prontos en el último trimestre de este año, se publicarán más rápido que otros censos de países de la región como Argentina o Paraguay. El director del INE descartó que el motivo del atraso esté vinculado a la tasa de omisión.
¿Cómo puede afectar la omisión?
El razonamiento es sencillo: no se censó a una de cada diez personas que debió ser censada. Y dicha omisión —más que duplica la registrada en el censo de 2011— puede complicar para definir cuáles son las características de la población en Uruguay.
El censo —si bien puede que tenga poco sexapil para la discusión pública y política— es una de las herramientas básicas para la toma de decisiones a futuro. Por ejemplo: las encuestas, desde la Encuesta Continua de Hogares hasta las que publican las consultoras de opinión pública y que están en boga en la zafra electoral, necesitan de censos de calidad para corregirse y hacer inferencias válidas. Las tasas que se calculan para la economía y para las políticas públicas, desde los suicidios hasta el empleo, necesitan buenas estimaciones y proyecciones de población. Pero también se necesita precisión para estudiar las necesidades básicas insatisfechas, las desigualdades territoriales, los movimientos de la sociedad en el mapa.
Decenas de investigaciones académicas, publicaciones de libros y hasta los necesarios atlas sociodemográficos están trancados por el problema estadístico que enfrenta el censo 2023.