20 de noviembre 2024 - 14:28hs

El coronel retirado Luis Agosto, uno de los protagonistas del libro “Milicos y tupas”, fue procesado con prisión por la jueza Isaura Tórtora en una causa que investiga torturas cometidas durante la dictadura militar en el batallón de Artillería 1, conocido como “La Paloma”.

Agosto, que tiene 84 años, fue procesado como coautor de “reiterados delitos de abuso de autoridad contra los detenidos, en concurso formal con reiterados delitos de lesiones graves” y ya está preso en la cárcel de Domingo Arena.

La jueza también ordenó que el militar sea visto por un médico forense “a los efectos de evaluar si se encuentra apto o no para permanecer en el establecimiento carcelario”. Allegados a Agosto dijeron que sufre del mal de Parkinson y está a cargo de su esposa, que tiene un Alzheimer avanzado, y de un hijo con síndrome de Down.

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“Cabeza en el agua”

En “Milicos y tupas”, publicado en 2011, Agosto admite haber aplicado el “submarino” a detenidos del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T).

Varios pasajes del libro son citados en el pedido de procesamiento del fiscal especializado en delitos de lesa humanidad Ricardo Perciballe y en el auto de procesamiento de la jueza Tórtora.

“En el libro ‘Milicos y Tupas’ de Haberkorn reconoció su participación en interrogatorios, los apremios físicos y aún la utilización de capucha, submarino y del caballete”, escribe Perciballe.

El fiscal cita un pasaje en el que el autor le pregunta a Agosto qué pasaba “cuando un tupamaro no aceptaba ningún tipo de acuerdo y se mantenía firme en no hablar”. Agosto responde que en esos casos se lo sometía a un “mínimo apremio” para hacerlo cambiar de actitud. Luego se da el siguiente diálogo entre el periodista y el militar:

-¿La picana eléctrica formaba parte de esos ‘mínimos apremios’?

-Yo no sé lo que es una picana eléctrica, nunca vi una picana eléctrica. No vi. Ni hubiera permitido usar una a ningún hombre bajo mi mando. Además no eran tan guapos … no conocí a ninguno que ante un mínimo apremio no dijera las cosas.

-¿Y meterle la cabeza en el agua?

-Sí, eso sí.

-¿Ese era el recurso más usado?

-Lo hacía yo solo. Con Scala también lo hice, porque había tipos más grandes que yo.

-¿Y pegarles mientras tanto?

-No, no, no. Usted le pone la capucha, la capucha se humedece con el agua y con la sensación de falta de aire, ya el tipo afloja. Nadie de ellos quería morir...”.

Perciballe también anota que Agosto admitió haber “apremiado” prisioneros en una entrevista televisiva hecha por el periodista Alfonso Lessa, emitida por Canal 5.

En sus declaraciones en el libro, Agosto insiste en que por no haberse “extralimitado”, no haber puesto en riesgo la vida de sus interrogados y no haber sido sádico, sus actos fueron de “apremio” y no de tortura.

Según el pedido de procesamiento del fiscal Perciballe, en la sede judicial Agosto negó haber interrogado a detenidos, pero varias anotaciones de sus superiores en su legajo así lo acreditan, lo mismo que sus confesiones públicas. También señala, en base a su legajo, que durante algo más de un año fue oficial de Inteligencia (S-2) y por lo tanto responsable de interrogar detenidos.

El fiscal y la jueza en sus escritos suman como prueba el testimonio de varios denunciantes, integrantes del MLN que estuvieron detenidos en Artillería 1, algunos de los cuales identifican a Agosto y a una decena de otros oficiales, entre ellos Jorge Silveira (también en Domingo Arena) y José Gavazzo (ya fallecido).

Justamente, en “Milicos y tupas”, Agosto se diferencia de esos dos oficiales por su actitud ante los detenidos. Hasta que en 1973 Gavazzo fue designado segundo jefe de la unidad, en Artillería 1 no había muerto ningún prisionero dentro del cuartel, pero a partir de ese momento sí comenzaron a ocurrir muertes. Agosto declara en el libro que con la llegada de Gavazzo los procedimientos y el trato a los prisioneros cambiaron.

“Mi límite era muy fácil, ya se lo dije: no hacer nunca nada que pudiera remotamente hacer temer que el individuo muriera”, declara. “Yo nunca puse en peligro la vida de nadie al que estaba interrogando, ni de la forma más remota. No valía la pena correr ese riesgo para obtener una información”

Sobre Silveira, Agosto dice en el libro: “Silveira solía entrar a los calabozos a golpear a los detenidos (…) Tuve que sancionarlo porque se creía que podía hacer cualquier cosa dentro del cuartel”.

En el libro y posteriores entrevistas, Agosto también ha aportado un testimonio valioso para aclarar la muerte de Roberto Gomensoro Josman, ocurrida en Artillería 1 poco después de la llegada de Gavazzo como segundo jefe del cuartel.

Muchos años después, Gavazzo admitiría en un Tribunal de Honor haber arrojado el cuerpo de Gomensoro en aguas del río Negro para hacerlo desaparecer.

Justamente por sus dichos sobre Silveira y Gavazzo, los abogados del Centro Militar se han negado a asumir la defensa de Agosto, dijo un allegado a su familia.

En 1997 cuando el obispo Pablo Galimbertti propuso crear una comisión amparada por la Iglesia para encontrar a los desaparecidos, Agosto se sumó a la iniciativa, lo que le suposo desde entonces la animadversión de la mayoría de sus antiguos camaradas, según relata en “Milicos y tupas”.

Tregua con el MLN

Consultado Perciballe respecto a si las confesiones públicas de Agosto no son un atenuante en su caso, señaló que se trata de “confesiones atenuadas”.

“Por un lado, fueron hechas en un libro y un programa de televisión, y parten de una distinción inexistente entre ‘apremios’ y tortura”, señaló. “Es cierto que Agosto se ha mostrado más abierto que otros militares, pero eso no inhibe su culpabilidad, no cambia la responsabilidad, aunque sí puede ser considerado en el momento de gradación de la pena”.

El caso se sustancia con el viejo Código del Proceso, por lo cual todavía se está lejos de que exista una sentencia.

También en base a “Milicos y tupas”, Perciballe también le achaca a Agosto su participación en el golpe de Estado de febrero de 1973, cuando intervino en maniobras contra la Armada, que tenía una posición constitucionalista.

En el libro, Agosto se explaya sobre la tregua que militares y tupamaros llevaron adelante en la segunda mitad de 1972, de la cual participó. Junto con otros entrevistados, el militar da cuenta de trabajos programáticos y procedimientos contra empresarios y profesionales supuestamente implicados en hechos de corrupción llevados adelante en forma conjunta por militares y tupamaros.

En ese marco, cuando supuestos corruptos eran detenidos e interrogados, algunos tupamaros colaboraron con los militares en los interrogatorios, participando directa e indirectamente en la tortura, según testimonios que se recogen en el libro.

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coronel Luis Agosto Milicos y tupas

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