El Observador | Daniel Supervielle

Por  Daniel Supervielle

Periodista, analista, director de comunicación estratégica y política de CERES
13 de julio 2024 - 5:00hs

Este es un invierno como los de antes. Hace frío.

Mis hijos no recuerdan meses de julio así, con esta sensación gélida durante tantos días. Y es cierto. Hace años que la constante en los meses invernales son los veranillos permanentes o temperaturas muy por encima de los 10-12 grados centígrados. Hasta recuerdo bañarme en el mar a fines de mayo en los tiempos no tan lejanos de la pandemia y decir que esto no era así en mi infancia donde se pasaba frío de verdad.

La gente en Uruguay habla del frío. Volvió a ponerse arriba de la mesa la sensación térmica y el frío que traen los vientos del sur. Alerta de frío polar, equipos del MIDES de emergencia permanente, aumentan los refugios nocturnos para atender a la gente en situación de calle por las temperaturas bajo cero, se congelan los peces en el norte del Río Negro; una nutria cruza patinando una cañada congelada. Hasta casi que nevó en Lavalleja.

En campaña las heladas levantan la escarcha recién a media mañana. Los dedos en las manos pierden sensibilidad, las orejas se congelan si no te calzás un buen gorro de lana.

Más noticias

¿Serán los efectos del cambio climático? Pero si el planeta se va recalentando: ¿cómo puede haber estos registros bajo cero? Preguntas que se escuchan.

Volviendo a la pandemia, me viene a la memoria una charla con pescadores en un rancho en la costa de Canelones que se llamaba Maríntimo. La Intendencia lo tiró abajo. Me explicaban en torno a un fuego en ese primer año 2020 que estuvimos casi libres del Covid-19 que la causa que lo explicaba era que los uruguayos sabían sentir frío.

Que habían aprendido a esperar el bondi en la parada a merced de los vientos congelantes de mayo a agosto con apenas una camperita y un buzo de lana más que en verano y que eso generaba una inmunidad especial que nos hacía resistentes al coronavirus. Una nacionalidad resistente al frío.

Los uruguayos, me decían, sabemos sentir frío sin abrigarnos como los del hemisferio norte. Y contra eso no hay coronavirus que pueda.

Estaban convencidos.

A una semana de las elecciones internas y tras la eliminación de la selección uruguaya de la Copa América que se disputa en Estados Unidos, el frío pasó a ser la principal preocupación de los uruguayos.

Así como el año pasado por esta época hablábamos de la seca y que Montevideo se quedaba sin agua, este invierno es el frío. Se incrementó por tres el consumo de leña, y no tengo duda que el consumo de energía eléctrica para calefacción en los hogares se debe haber disparado. Ni que hablar la tragedia en Treinta y Tres con la muerte de diez ancianos por un tema relacionado con una estufa. Mejor no hablar de ciertas cosas.

ola de frío 2024.

Frío. Hoy Uruguay pasa frío. Hay muchos que los sufren, pero hay gente que le gusta. Que prefiere el frío ante el calor. A mi el frío me genera cierto bienestar. El frío pegándome en la cara me hace bien. Si no hay humedad, mucho mejor.

Jack London es un gran escritor norteamericano que leí muchísimo cuando tenía 15 años. Los protagonistas de sus cuentos deambulaban por el norte de Canadá, la península de Yukón, Alaska.

Sus cuentos van al hueso del alma humana, de los vínculos y de las lealtades y traiciones entre los seres humanos en marcos apabullantes de naturaleza tan majestuosa como hostil para el hombre.

Imposible no conectar con la narrativa de Jack London. En particular con un cuento que me viene a la memoria: “Silencio blanco”.

"Silencio blanco" es un relato ambientado en el Yukón, una región fría y remota en Canadá, durante la fiebre del oro a finales del siglo XIX. La historia sigue a dos personajes principales, Malemute Kid y Mason, quienes están realizando un viaje en trineo a través de la desolada tundra.

Mason está herido y gravemente enfermo, y Malemute Kid se enfrenta a la dura realidad de que su compañero probablemente no sobrevivirá al viaje. A medida que avanzan, el aislamiento y el silencio opresivo de la nieve y el hielo se convierten en un personaje más de la historia, destacando la brutalidad y la indiferencia de la naturaleza hacia la fragilidad humana.

A lo largo del cuento, se exploran temas como la camaradería, la lealtad y el estoicismo ante la adversidad. Malemute Kid demuestra una profunda empatía y sentido del deber hacia su amigo, y la narrativa pone de relieve el desafío de no perder la humanidad en condiciones extremas, algo que los termina redimiendo.

No les voy a contar el final del cuento que vino a mi memoria para que lo lean, lo que sí puedo contar es que la magia de la buena literatura logra que leyendo esas páginas uno sienta precisamente frío, y uno mucho más agudo que el que sentimos en estas pampas por estos días.

"La blancura de la nieve envolvía el mundo, y el silencio era tan profundo que las notas de los arneses y el crujir de la nieve bajo los pies eran como gritos en la vasta quietud. A veces, los hombres miraban hacia arriba, al cielo blanco y vacío, y una ligera corriente de aire frío soplaba en sus rostros. Era un frío terrible, mortal, que parecía penetrar hasta los huesos y robarles el calor de la vida misma."

No es la primera vez que llega el viernes y no conecto con ningún tema de los habituales para escribir. Apelo entonces al sentido común de tratar de escribir de lo que habla o le pasa a la gente.

¿Será que el frío no deja pensar?

Temas:

aire frío

Seguí leyendo

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos