"El error institucional lo pagó Itzaé, no podés enmendar un error haciendo que lo pague la niña"
Rosana Delgado fue la mamá adoptiva que eligió el INAU para Itzaé, y ocho meses después la revirtió; en esta entrevista, la primera que da desde que se conoce el caso, anuncia que sus abogados irán "hasta las últimas consecuencias"
Hoy se cumplen tres meses desde que Rosana Delgado tuvo que entregar, obligada por la Justicia, a la niña que criaba desde hacía ocho meses y con la que había establecido desde el inicio una relación de madre e hija. Lo que las separó no tuvo que ver con una "adopción fallida", como el Instituto del Niño y del Adolescente del Uruguay (INAU) llama a los casos en que el vínculo no prospera. Tuvo que ver con un error de procedimiento de la propia institución que no tuvo en cuenta que la niña tenía una familia biológica que podía hacerse cargo de ella. Al enterarse de su existencia, el tío biológico —que ya estaba a cargo de otros dos hermanos de la bebé— empezó a buscarla y a luchar por su tenencia. Por eso, el INAU debió dar marcha atrás en la decisión que había tomado. En el medio del error quedó Itzaé —el nombre ficticio que El Observador usó para contar su historia—, que fue despojada de su madre biológica, que estuvo su primer mes de vida en un hospital sin nadie que fuera a visitarla, y que después de ocho meses de tener un hogar, y vínculos afectivos sólidos, fue despojada nuevamente para ir con una nueva familia a la que prácticamente no conocía.
A tres meses de ese último despojo, quien fue su mamá adoptiva habla por primera vez y expone los errores y omisiones del proceso, así como también la lucha que seguirá dando. Representada por el estudio de abogados de Ignacio Durán, asegura que "irán hasta las últimas consecuencias" para emendar, de la forma que sea posible, lo que entienden una injusticia.
Es la primera vez que hablás con tu nombre y apellido, si bien la historia ya es conocida. ¿Por qué elegís este momento para hablar sobre el caso de Itzaé?
Pasó un tiempo prudencial y estuve reflexionando. Esto no se trata solo de mí, ni de la historia, ni de nosotras, sino de otras personas, de los niños que están detrás. Me pareció que era necesario contarlo y hablarlo en primera persona por ellos.
Se cumplen tres meses desde que tuviste que entregar a Itzaé. ¿Has tenido durante este tiempo contacto con ella?
No, ninguno, desde ese día. Solamente me dijeron desde el INAU que ella estaba acostumbrándose. Eso porque yo pregunté. Porque desde esa fecha, desde el 5 de diciembre, desde el INAU nunca más se comunicaron conmigo, ni para hablarme de ella, ni para nada. Simplemente yo pregunté porque quería saber de ella, cómo estaba.
¿Tenés la posibilidad de vincularte con la familia biológica que la está criando o han hablado sobre esta posibilidad de que vos puedas mantener contacto con ella?
No, es algo que nunca se planteó desde la familia biológica. Era algo que a mí me hubiera gustado, pero más allá de que me hubiera gustado por mí, era importante por ella, para que ella mantuviera el vínculo, ya que el vínculo significativo, estable y seguro de la niña se rompió abruptamente. Yo no estoy en contra de la familia biológica, al contrario, siempre estuve dispuesta a sumar, sino que el problema es con cómo lo manejó el INAU.
Rosana Delgado entrevista
Hay un informe firmado por el director de Adopciones, Darío Moreira, que dice que vos sos la mejor familia para esta niña, y ocho meses después, la Justicia revierte esa decisión que había tomado en función de las recomendaciones del INAU. ¿Por qué se revirtió esa decisión?
El INAU me llamó para leerme la historia de Itzaé. Era una bebé de más de 20 días, que estaba en la Fundación Canguro hacía ya casi un mes y sin referentes de la familia biológica que pudieran hacerse cargo. Yo asumí esa responsabilidad, pensando en que esa niña necesitaba una estabilidad, un hogar y afecto, que es imprescindible para los primeros meses de un niño porque es todo lo que va a generar la estructura emocional y de personalidad de un ser humano. Después de que me voy con ella a casa, antes del mes mi dupla de seguimiento, una asistente social y una psicóloga, que eran las que llevaban mi proceso desde casi hace tres años, me dicen que se presenta un familiar biológico reclamando a la niña, familiar que ya estaba en la historia. Pero yo había preguntado si la bebé tenía referentes, y me dijeron que no.
Es decir, el INAU no lo consideró un referente cuando lo vio en los papeles…
Es la información que a mí me dan, no sé qué pasó, pero eso fue lo que ellos estimaron que era lo mejor, que esa niña fuera con una familia del RUA (Registro Único de Adoptantes). ¿Qué procedimiento hicieron? Es algo interno que yo desconozco. Yo tomé una decisión de acuerdo a la información que me dieron en ese momento. Cuando surge esta otra información, de que tenía familia que la reclamaba, la niña siguió conmigo durante ocho meses. Recién a los nueve meses de ella la sacan de mi lado. Y durante ese tiempo, en realidad, hubo seguimiento de parte del INAU donde se hacían controles de cómo venía ella desarrollándose, de sus cuidados, de médicos, etc. Y todo estaba bien. Llega el momento de la primera audiencia y bueno, el juez, que era suplente, pide que se investigue al familiar que estaba haciendo reclamo y que siguiera conmigo hasta una nueva audiencia y hasta tener este dato del familiar. Y pide hacer visitas con su familia biológica, me lo preguntan en la audiencia, y yo digo que sí, que estoy totalmente de acuerdo con que tenga un vínculo con su familia biológica. Y luego se empiezan a dar algunas visitas, primeramente con los adultos.
¿Las visitas siempre se dieron en el INAU?
Las visitas siempre se dieron en el centro del INAU, siempre fueron organizadas por ellos y el tiempo que fue estipulado lo pusieron ellos con el consentimiento de las dos familias, que era cada tres semanas una visita de una hora aproximadamente. Eso se dio durante varios meses, que en realidad fueron cuatro visitas antes de la segunda audiencia, que fue en octubre. Luego yo salía de las visitas y la niña quedaba con la familia biológica, y luego yo la llevaba a mi casa otra vez. En octubre, la jueza le da la tenencia a este familiar y me saca la tenencia a mí.
¿Cómo se explica ese cambio?
Lo que dice este familiar a la primera audiencia es que a él no se le notificó que estaba esta niña en esa situación y cuando él se entera lo que quiere es tenerla con él, entonces empieza a buscar. El Abrojo —que tiene convenio con el INAU— que trabaja con esa familia, con hermanitos de Itzaé, y estos adultos. El Abrojo empieza a hacer informes diciendo que esta familia tiene la capacidad para tener a la niña en su hogar. Estos informes siempre son positivos para el lado de la familia biológica. La Justicia pidió tres veces informes al INAU para conocer si la niña tenía la condición de adoptabilidad y el área jurídica del INAU no respondía. Entonces se volvía a pedir. No respondían lo que tenían que responder. Por eso transcurrieron tantos meses en que se fue generando un vínculo entre Itzaé y yo, que después el propio INAU se encargó de romper. La Justicia tiene como símbolo una balanza. En este caso tendríamos que ver todos los elementos para poder evaluar cuál sería la mejor situación para la niña, pero siempre se verifica o se evalúa de parte a la familia biológica, nunca se hizo un informe sobre mí o sobre Itzaé. Si el INAU quería, podía incluir informes de seguimiento conmigo porque para eso son los seguimientos: para evaluar si estás desempeñándote bien en tu rol de referente, de madre adoptiva, de como uno lo quiera llamar. Inclusive en las visitas, que también son para algo. Las visitas son para ver cómo se desarrollan, tanto de una parte como de la otra, y de la niña, que es el foco, ¿no? De ver cómo está ella con esos vínculos, ¿no? Tanto de un lado como del otro. Bueno, no existieron ni informes del vínculo mío con la niña, de las visitas, de mi rol, pero sí siempre hubo de parte de la familia biológica.
¿Y cómo eran esos encuentros entre las dos familias y la niña?
Ella lloraba mucho, sobre todo cuando yo salía de escena, había momentos que yo tenía que salir de la sala, porque me lo pedía la asistente social de las visitas, y ella claramente sentía la falta. Y las dos últimas semanas fueron las más difíciles para ella, sin duda. Después para mí, pero digo para ella, porque era una niña que no lo podía demostrar en palabras porque todavía no hablaba, pero sí en su forma de actuar, en lo que sentía, en el llanto, en la búsqueda de la mirada, de no perder a su referente, a la persona que había cuidado de ella y tenía en su hogar y la amaba y la cuidaba día y noche como cualquier mamá. El error institucional lo pagó Itzaé. El costo del error no lo tendría que haber pagado ella. No podés enmendar un error institucional haciendo que lo pague la niña.
¿Y qué respuesta te dio el INAU de este cambio en su decisión?
Ninguna. Ellos siempre consideran que la familia biológica, porque la ley también lo dice, es la que está primero. Después las familias del RUA y en un tercer lugar estaría la familia de acogida. En este caso, al no estar la familia biológica en un principio, se llamó por orden judicial a alguien de la lista del RUA y ahí es donde aparezco yo. Pero no se evaluó el caso en particular. Los casos se tienen que evaluar particularmente, porque no todos tienen los mismos elementos. En este caso la niña convivía conmigo y creó un vínculo cotidiano y afectivo y un apego estable y seguro que después con los meses lo rompieron. El Estado crea este vínculo, lo mantiene durante todos esos meses y luego lo rompe abruptamente, en un cronograma de visitas de dos semanas, día por medio al principio, unas horas. Me hicieron entregarla un viernes y nunca más la vi y ella nunca más me vio. Ni a mí, ni a su casa, ni a su hogar, ni a su familia, a su abuela, a su tío, primos, su cuna, sus juguetes, su hogar, básicamente. Ella no fue tomada en cuenta, que es lo primero que se tiene que tomar en cuenta, porque estamos en una institución que tiene que resguardar al niño y al adolescente. Tampoco el Poder Judicial lo hizo, porque el foco era ella y en ninguna audiencia me preguntaron por ella, cómo estaba, nunca la vieron. La audiencia siempre se centró en cómo era la familia biológica, cómo era yo, digo, por los informes que tenían básicos de lo que fue mi evaluación antes de que ella llegara, pero nunca se preguntó por ella, si estaba pasando bien este proceso, cómo estaba ella, si podía dormir bien, si lloraba, si no lloraba, que es lo principal. Ella era el foco y era lo que se tendría que haber tenido en cuenta. Creo que fue ver dos familias y personas adultas y no la niña.
¿Tuviste la oportunidad de plantear esto?
Presenté escritos pidiendo que se evaluara el vínculo, que ya se había desarrollado y era fuerte. Se necesitaba ver qué trauma podía tener la niña al romperse ese vínculo, cuáles eran las consecuencias. Sobre todo, una niña que ya venía con un vínculo roto de su mamá biológica. Pero nunca se consideró nada de esto. Presenté un informe de un neonatólogo reconocido, como es José Luis Díaz Rossello, y tampoco se tomó en cuenta. Fui a consultas de psiquiatras reconocidos, buscando la palabra de profesionales que me dijeran qué era lo mejor para la niña, en medio de esta situación que estábamos viviendo. Eso en ningún momento se tomó en cuenta ni pesó en la decisión.
La pregunta es dónde queda el interés superior del niño por el que el INAU en teoría tiene que velar.
¿Y qué soluciones te planteó el INAU, más allá de la decisión judicial?
No me dio ninguna respuesta de nada hasta el día de hoy. Hay una investigación administrativa, que supuestamente está en curso, no lo sé, pero es lo único que me han dicho desde la institución.
En el artículo que publicó El Observador sobre Itzaé, Andrea Venosa decía que desde ya iba a haber un acompañamiento hacia ti. ¿De qué manera se tradujo?
No, de ninguna. Desde el 5 de diciembre yo no sé de ellos, de la institución.
¿No te ofrecieron nada para subsanar el daño?
No, nada.
La Institución Nacional de Derechos Humanos presentó dos oficios pidiendo explicaciones por este caso. Tampoco tuvieron respuesta. ¿Hay algún otro mecanismo que se pueda activar en este caso?
No te sabría decir en este momento. Lo que sí te puedo decir es que me estoy asesorando con abogados, con el estudio del Dr. Ignacio Durán, y lo que está claro es que, sea cual sea el camino, vamos a ir hasta las últimas consecuencias.
Rosana Delgado entrevista 2
Hace tres años que venías preparándote para ser madre adoptiva. ¿Qué cambió en vos a partir de esto?
Todo, porque cuando una está en un proceso de adopción está todo el tiempo dispuesta, en tiempo, en energía, en todo, para el proceso. Primero porque hay talleres a los que uno tiene que asistir, tiempo y forma. Después hay evaluaciones y uno tiene que estar disponible para las entrevistas. Uno sigue haciendo su vida pero en torno a ese proyecto, a los tiempos y a las formas de la institución. Uno va dejando cosas de lado, pero para mí por lo menos siempre hubo una prioridad. Dejé cosas de trabajo, viajes u oportunidades, de quedarme en el país, por ejemplo, por si me llamaban para presentarme una historia. ¿Arrepentida? No, nunca. Pero sí modifica la vida de las personas que estamos en proceso de adopción. Y después, la llegada de lo que uno tanto añora y tiene la ilusión y trabaja para recibir a un niño o niña que lo necesita. Es el deseo de los padres de maternar, paternar y también el niño que tiene esa necesidad de tener su mamá o su papá y bueno, entonces, nada, lo más lindo cuando aparece esa historia, cuando uno recibe a ese niño o niña en su casa con todo lo que conlleva en la familia, también y en los amigos. Y yo tuve que entregar a Itzaé, no la entregué por mi voluntad, sí porque había una decisión judicial, no la entregué tampoco porque yo no había cumplido mi rol o no teníamos un vínculo de materno-filial. No, no fue eso. Fue por una decisión judicial. A veces pasa que hay adopciones fallidas, como le llama el INAU. En mi caso no fue fallida, todo lo contrario. Itzaé era mi hija para mí. Siempre va a estar ahí y siempre voy a ver por ella, ese sentimiento y ese vínculo va a existir siempre, más allá de que yo la vea o no la vea. Y también le va a pasar a ella. Por eso lo importante, y por eso para mí era lo importante, poder mantener ese vínculo, poder haber mantenido ese vínculo para ella. Yo hubiera querido, como siempre dije, sumar y no restar. Había otras decisiones que podrían haber sido menos dañinas para ella.
¿Por ejemplo?
Podrían haber sido dos. Que yo siguiera siendo su mamá adoptiva e incluir a sus hermanos y a su familia, que la estaba reclamando, creo que hubiéramos dado más afecto y no haberle quitado. Ellos nunca hubieran perdido a su sobrina. Siempre lo dije: yo estaba totalmente de acuerdo que la niña mantuviera el vínculo afectivo de origen si era positivo. Acá lo que se rompió fue la figura materna para ella, de la noche a la mañana.
¿Y cuál era la segunda opción?
A la luz de lo que se resolvió, haber podido mantener un vínculo con ella, y ella conmigo. Un vínculo afectivo, no necesariamente tiene que tener un nombre. Yo no necesito tampoco un nombre para eso, ni que me llame de ninguna manera.
En este tiempo que vos la tuviste, ocho meses, ¿qué derechos adquiriste al tener la tenencia administrativa?
Derechos, ninguno. Obligaciones, sí, todas. Uno no tiene derecho a nada. Ni a vacacionar fuera del país, un montón de cosas que podría hacer una familia biológica, la adoptiva no puede. Uno queda ahí, en una nebulosa que no es nada, pero es todo. Porque para el cuidado, para estar, para lo que hace cualquier papá biológico, mamá biológica, familia, sos todo para ese niño.
¿Cuál es tu lucha ahora?
Que esto no puede ser en vano. Tiene que tener un propósito el habernos encontrado en el camino de la vida. La mejor decisión que tomé en mi vida fue haber aceptado la historia de Itzaé. No estoy arrepentida para nada, todo lo contrario. Por muchas razones, porque ella necesitaba de alguien que le diera ese hogar y esa seguridad en ese momento. Porque, sin duda, con ella fui mamá. Y después porque esto tiene que servir para algo, para los que vienen detrás, que haya cosas que se modifiquen, que se tomen en cuenta, que se evalúen, que realmente se evalúen con profesionales.
¿Mantenés el reclamo de poder tener visitas con ella?
Es algo que me gustaría que alguien escuchara. Nunca se lo reclamé al INAU, porque nunca me dieron la oportunidad. Nunca me lo ofrecieron, tampoco nunca me ofreció nadie esta posibilidad. Me gustaría que se evaluara la posibilidad, aunque sea.
Planteás todo el tiempo que Itzaé está en el centro, que todo es por ella. Pero ¿dónde quedás vos y tu anhelo de ser madre adoptiva?
Por lo que yo entiendo, estaría dentro del RUA todavía. No me han planteado nada. O sea que no te podría decir con seguridad qué es lo que me podrían llegar a plantear. Pero en este momento no estoy pensando en volver a adoptar. Estoy pasando este proceso de la mejor forma que puedo. No está en mi cabeza ahora, ni en mi corazón. Yo sigo siendo y siento que soy la mamá adoptiva de Itzaé, su referente o como lo quieran llamar.
¿Qué cambios deberían hacerse para que no vuelva a haber un caso como el de Itzaé, para que esto no vuelva a pasar?
Tienen que cambiar la ley, no puede dársele un niño a una familia adoptiva del RUA si todavía no está claro qué pasa con su familia biológica. Se tiene que modificar el proceso, se tienen que cumplir los plazos que están establecidos. Hoy el INAU no los cumple, por ejemplo, con la búsqueda de la familia de origen. Que las evaluaciones que hace el INAU sean tenidas en cuenta, que se evalúen a los niños también, qué es lo mejor para ellos. Hoy los niños no están en el centro.