Las Grutas: la historia de la Cueva del Tigre, de refugio de pescadores a epicentro del jet set
En esta entrega de Punta del Este iconic, la historia de cómo el legado arquitectónico de Flores Flores y la fuerza de la comunidad local moldearon el paisaje actual de Las Grutas
En Punta Ballena, en la zona conocida como Las Grutas está lleno de cuevas. Pero hay una que tiene seis metros de alto por cinco metros de ancho, y una profundidad de veinte metros hacia adentro. Al menos esa es la información que recabó un servicio geológico argentino en 1994.
Esa cueva supo ser refugio de pescadores, pero su fama viene por otro lado. Se la llama Cueva del Tigre y es la que a finales de los '60 y comienzos de los '70, tuvo funcionando al Grutas Club dentro. Era un boliche con pistas de baile de acrílico naranja, con luces debajo y en el techo.
Al mismo tiempo, en la parte de arriba del acantilado rocoso se instalaron piscinas de agua salada, las llamadas piletas del ya fallecido arquitecto uruguayo Samuel Flores Flores. Éstas de casi veinte por quince metros con una profundidad de tres metros. Dicen las personas que conocen esa historia que ese lugar, durante los casi cinco años que estuvo abierto, recibía entre 300 y 400 bañistas diarios.
Piscinas de agua salada del proyecto de Flores Flores. Cedida por Junta Vecinal Las Grutas.
De todo eso ya prácticamente no hay rastros. Las Grutas, que incluye toda una ladera rocosa como acantilados marítimos y una playa, hoy es parte de un circuito turístico en Punta del Este que tiene que ver con otro público.
Los pescadores. La obra de Flores Flores. El jet set argentino y europeo. El ambientalismo y el cuidado de la zona. Los animales autóctonos. Los que viven allí. La fábrica de alfajores Colonos. La vista desde las rocas. Los deportes de montañismo, el senderismo y los aéreos. También algo de la pesca deportiva. Las Grutas pasó por todo eso. Y sigue allí, sin embargo, la Cueva del Tigre con algunas ruinas del momento en que supo ser local bailable.
La intervención en el paisaje: el proyecto de Samuel Flores Flores
“El impacto mayor, yo creo, lo generó Flores Flores cuando hizo semejante lugar. Era una belleza y para la época era súper avanzado. Eso trajo gente de todo el mundo”, dice a El ObservadorGustavo Rivero, presidente de la Junta Vecinal Las Grutas y dueño de la fábrica de alfajores Colonos en Punta Ballena.
Es que más allá de lo particular del proyecto para esos años, para realizar esa obra se removieron al menos 1.500 metros cúbicos de rocas y se utilizaron 18.000 cartuchos de dinamita, según fue declarado al diario El País.
Es que la cueva era más chica, pero se la detonó para que tuviera más capacidad. Y, según Rivero, eso le costó a Flores Flores una pelea con Carlos Páez Vilaró por el miedo a que afectara la estructura de la también conocida Casapueblo.
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Grutas Club, del proyecto de Flores Flores. Cedida por Junta Vecinal Las Grutas.
La intervención se centró en tres unidades. Primero, una piscina artificial de agua salada tallada en la roca, con un sistema de reciclaje activado por la marea que filtraba el agua a través de los laterales de piedra. El natatorio se complementaba con solariums y un bar.
Segundo, la conversión de la Cueva del Tigre en una discoteca. El espacio bailable fue acondicionado con tecnología de la época, incluyendo una pista de acrílico naranja retroiluminada, escaleras helicoidales y sistemas de aireación que permitían respirar en la profundidad.
Tercero, un proyecto que iba más allá del club: la intención de dragar la arena para crear una microbahía, un refugio para yates de pequeño y mediano porte.
El Grutas Club se inauguró un 24 de diciembre, víspera de Navidad, de 1968. Asistió el entonces presidente Jorge Pacheco Areco y algunos embajadores. Pero la gran obra duró en funcionamiento nada más que seis años y, después, la zona volvió a lo agreste.
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Piscinas de agua salada del proyecto de Flores Flores. Cedida por Junta Vecinal Las Grutas.
El retorno a la fisonomía natural
El cierre del club derivó en el abandono del sitio. Cayó en deterioro y fue utilizado como vertedero. En 1996, la Intendencia de Maldonado puso fin a ese uso, ordenando la recuperación del "estado virgen" del lugar. Se demolió la obra de mampostería, se picó el hormigón y se cerró la Cueva del Tigre debido al riesgo de derrumbe.
“Es un barrio que ha crecido muchísimo”, explica Valentín Trujillo, director de programación cultural de la Intendencia de Maldonado, en conversación con El Observador. Resalta la oferta gastronómica, que hasta hace pocos años no era común en la zona porque, incluso hace tiempo ya que la playa Las Grutas ni si quiera cuenta con parador.
Es zona de “parapentes y de deltas”, agrega Trujillo porque los treinta metros de altura de Las Grutas hacen que sea considerado como una de los mejores rampas de despegue.
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Piscinas de agua salada del proyecto de Flores Flores. Cedida por Junta Vecinal Las Grutas.
También es zona “de pescadores”. Y, por eso, Trujillo dice que “como cualquier punta de bahía” es peligrosa, que hay gente que se mete sin saberlo, que la corriente es fuerte y que el mar pega duro contra la piedra. Pero, el peligro más importante aparece con los clavadistas porque hay una gran diferencia entre que la ola pega y se retira, que es cuando el mar baja. Eso, dice, puede resultar en golpes y lastimaduras graves.
Según Rivero, el recorrido turístico actual de Las Grutas pasa por el pueblo, por la fábrica de alfajores Colonos, se llega a Las Grutas, se sube la escalera rústica que va hasta la parte alta de los acantilados, se hace un sendero de 10 minutos a pie y se ve la puesta de sol con una increíble vista panorámica.
“Lo que está sucediendo como barrio es que los terrenos ya valen muchísimo porque se llenó de casas y ya casi no hay lugar físico”, explica el representante de la Junta Vecinal.
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Piscinas de agua salada del proyecto de Flores Flores. Cedida por Junta Vecinal Las Grutas.
La lucha por la accesibilidad y la conservación
“Hubo una gran defensa por parte de la población para que se mantenga lo más natural posible”, declara a El Observador Fernando Cairo, Sub Director Gral. de Cultura de la Intendencia de Maldonado.
Es que en febrero de 2025, el Ministerio de Ambiente finalmente rechazó un proyecto que pretendía construir 29 edificios en la zona. Los vecinos de Punta Ballena llegaron a enviar más de 13.000 observaciones, sin contar presentaciones escritas y 32 documentos técnicos, para frustrar el proyecto.
Como parte de Punta Ballena, la experiencia actual de Las Grutas está marcada por la accesibilidad y la acción comunitaria. Gracias al trabajo de la Junta Vecinal Las Grutas, el acceso ha mejorado. La Junta ha gestionado la instalación de iluminación y la reparación de pluviales.
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Grutas Club, del proyecto de Flores Flores. Cedida por Junta Vecinal Las Grutas.
Su logro principal es la construcción de una pasarela de madera en 2016. Esta obra, solicitada durante años a la Intendencia, permite a personas con movilidad limitada y adultos mayores acceder a la playa. Este trabajo fue reconocido por el Ministerio de Turismo por sus buenas prácticas en la construcción de infraestructura accesible.
El esfuerzo vecinal también se extiende a la preservación del entorno y la seguridad. El sitio cuenta hoy con carteles de aviso que indican que es una "Zona sin Guardavidas" en las playas internas y se han instalado lomos de burro para controlar la velocidad vehicular.
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Imagen actual de Las Grutas, tomada de Google Maps
Además de todo esto, los vecinos de la zona piden que Punta Ballena sea declarada Área Natural Protegida. ¿Por qué? Porque el sitio y sus alrededores son hábitat de especies como el Tucu Tucu (Ctenomys), un roedor subterráneo endémico que vive en suelos arenosos, la Liebre y el Águila Mora.
Además, en sus costas, la Asociación Karumbé investiga la presencia de tortugas marinas, incluyendo la Tortuga Verde y la Tortuga Cabezona. Y la flora incluye especies nativas como el Sol de Oro (Schlechtendalia luzulaefolia), una planta endémica que se encuentra en formaciones rocosas de la zona.