Cuando terminó de hablar, se abrazó con la arquitecta Florencia Arbeleche, directora nacional de Integración Social Urbana, quien le regaló una planta para su nueva casa, y también con el subsecretario de Vivienda, Tabaré Hackenbruch.
La segunda mitad del video fue grabada la noche del 24 de noviembre, instantes después de que se confirmara el triunfo del Frente Amplio en el balotaje presidencial. Olga aparecía exultante: “Esto es para vos, Ripoll, vicepresidenta. ¡Andá a limpiar las volquetas! ¡Vamo´arriba, vamos! ¡Vamo´el Cerro! ¡Vamos Cecilia Cairo! (…) Frente, no le des nunca más el gobierno a esta gente… se olvidó de la gente. ¡Vamos arriba Uruguay! ¡Vamos Frente Amplio para toda la vida!”.
La unión de ambos videos se viralizó y se transformó en meme con este subtitulado: “Los blancos le dieron vivienda digna. Vivía como una rata. Su Frente no le dio nada. Malagradecida”.
Al norte de Cerro Norte
Olga Acosta, de 70 años, espera a la entrada del barrio acompañada por uno de sus hijos, el único que hoy vive con ella.
Maracaná Sur tiene poco de sur. Está al sur de camino Cibils, que lo separa de Maracaná Norte. A todos los demás efectos Maracaná Sur es norte: está al noroeste de Montevideo. La ubicación precisa es: al norte del barrio La Paloma, que está al norte de Cerro Norte, que está al norte del Cerro.
Es un asentamiento irregular compuesto de 650 viviendas y con unos 1.500 habitantes. Es un barrio pobre. Escuela pública no tiene. Hay sí en el vecino Maracaná Norte. Una de ellas es la Escuela 385. Las estadísticas del Monitor Educativo de la ANEP 2023 sirven para retratar la zona. En Uruguay, el 23,6% de las madres de los alumnos de las escuelas públicas terminó secundaria. En la escuela de Maracaná solo el 6,3%. El promedio de escolares que viven en asentamientos en todo Uruguay es 9%. En la escuela 385 son el 70%.
La recorrida con Olga comienza por calles de tierra. Lo primero digno de mención es la moderna policlínica, un gran orgullo de Olga ya que trabajó mucho por su construcción. “Yo trabajaba como empleada doméstica, pero siempre peleando por el barrio. Cada reunión que había, yo insistía porque la policlínica era necesaria. Todo el barrio trabajó en su construcción. Y así como la ve hoy, esta policlínica nunca fue robada”.
Fue inaugurada en 1999, gracias al doctor Miguel Dicancro, médico y dirigente del Partido Colorado, en aquel tiempo director de los servicios metropolitanos de ASSE.
“Yo siempre dije que la policlínica fue hecha gracias al Partido Colorado. ¡Si es la verdad! El doctor Dicancro siempre nos escuchó”, dice.
Hasta hoy Olga guarda un gran recuerdo y agradecimiento a Dicancro, fallecido en 2015. En tiempos del doctor, cuando la policlínica fue inaugurada, Olga era una fervorosa militante del Partido Colorado. No faltaba a los actos -todavía atesora las fotos-, ni a las reuniones en la Casa del Partido.
Se había hecho colorada de joven, para llevarle la contra a su padre, que era un militante blanco de importancia en Rincón de la Bolsa (hoy Ciudad del Plata), en San José. Y durante mucho tiempo se sintió muy satisfecha con su elección. En 2010 llegó a ser candidata a alcaldesa del Municipio A. Luego, cuando Dicancro ya no estaba, vino la decepción. Olga sintió que el partido se olvidó del barrio.
“Yo milité muchos años, pero me alejé porque llegó un momento en que cuando quería hablar con un político, nunca lograba llegar hasta él. Iba a hablar con Hierro López y me mandaba a la secretaria. ¡Y yo iba para plantearle cosas para el barrio! ¡Y no llegaba!”.
Olga Acosta Partido Colorado.jpeg
Olga, de camino a un acto del Partido Colorado en el interior, 1999.
Así comenzó a distanciarse emocionalmente de las banderas coloradas. El quiebre, cuenta, vino en un acto en el Cerrito de la Victoria al que concurrió con su familia. “Una señora se acercó a Pedro Bordaberry y le dijo: ‘Pedro, mirá, éste es nieto de Olga’. Y él no prestó atención. Y yo dije, tá, hasta acá llegué”.
La invitaron a una reunión del Frente Amplio. Ahí conoció a la hoy designada ministra de Vivienda Cecilia Cairo, que le cayó bien. Y se cambió de partido. “Hoy soy frenteamplista, porque vi que el Frente daba. Yo golpeaba las puertas y las cosas las tenía”.
Hoy la policlínica es mucho más grande que la inaugurada en 1999. Fue ampliada en 2019 por el gobierno del Frente Amplio, poco antes de las elecciones nacionales de ese año. Y luego otra vez, recientemente, por el gobierno del Partido Nacional, poco antes de los últimos comicios.
Los años electorales tienen ese no sé qué.
“No lo vieron a Molina”
Bajando por la polvorienta calle Nuble Yic, que homenajea a un militante comunista muerto en prisión durante la dictadura, pasamos por un desangelado grupo de viviendas instaladas en contenedores. Allí son trasladadas, en forma provisoria, aquellas familias cuyas casas tienen que ser demolidas para avanzar en las obras de regularización del asentamiento. Por ejemplo, para abrir una calle nueva. Cuando la vivienda definitiva aún no está pronta, la familia debe mudarse un tiempo a un contendor. “Costó que los vecinos lo aceptaran, pero finalmente lo hicieron”, dijo el coordinador general del Programa de Mejoramiento de Barrios, Álvaro Martínez de Vecchi. “Se trata que el tiempo sea el menor posible. Estamos ejecutando cuatro etapas del plan en forma simultánea”. Los objetivos son ambiciosos: cuando las obras terminen habrá 97 nuevas viviendas (ya se entregaron 34), 515 nuevas conexiones al saneamiento, 453 al agua potable y 4.900 metros de calles pavimentadas y veredas.
El monótono conjunto de contenedores contrasta con el amplio y cuidado edificio de un centro CAIF contiguo, dedicado a atender a niños de hasta tres años: es gestionado por una congregación religiosa internacional, la Iglesia Adventista del Séptimo Día.
Pocos metros más adelante Olga se detiene y grita para llamar a otro vecino: “¡Molinaaa, Molinaaa!”.
El hombre sale de la casa y se presenta. Dice ser el Molina de “Brindis por Pierrot”, aunque Jaime Roos afirma que aquel Molina ya había fallecido cuando la canción salió en 1985: “Aquel Molina era el ídolo del Canario Luna, los murgueros de la época le decían ‘el Pelé del Carnaval’”.
“Molina, el escritor, el de ‘no lo vieron a Molina’, escritor de Asaltantes con Patente”, insiste el vecino. Para demostrar que habla en serio, recita unos versos que habría escrito y pronunciado en el entierro del Canario Luna. Pocos segundos después, Molina, un hombre simpático y expansivo, pasa a quejarse de lo lento que avanzan las obras de saneamiento –parte importante del plan de regularización- y arremete contra el gobierno nacional y el municipal también. Tiene 81 años, pero una mente rápida y filosa.
“¡Lo que ha luchado esta mujer por este barrio! Tenemos una policlínica gracias a que la Negra Olga luchó para que tuviéramos un médico”, dice a viva voz. “Si no hubiera sido por esta mujer, seguiríamos sin nada. ¡Las calles las arreglaron cuando ella estaba en la comisión! Y ahora, perdóname la expresión, ¡es una mierda como está el barrio! Mirá las calles lo que son, puro pozo, todo roto. Qué hizo la Carolina acá, ¡las calles están a la miseria! Yo me quejo porque ella merece tener lo mejor, no lo que le dieron. ¡La sacaron del arroyo porque se inundaba y ahora está peor! La traen a un departamento a estrenar, pero está todo partido, los pisos rotos y se llueve, ¡tiene dos lagunas adentro de la casa! Recién se estrenó la casa y las paredes están partidas. Ponelo ahí. ¡Ponelo! ¡No podés hacer eso con una persona que merece lo mejor! Vos perdóname que me caliento. Yo sé lo que es el hambre, la humildad, la carencia… vos ves lindas casas, pero ya se están lloviendo. Los revoques partidos, los pisos hechos mierda, se le llena de agua. ¡Por lo menos que le arreglen la casa a esta mujer!”.
Vecina alerta
Dejamos a Molina por un rato. Olga relata que hoy es concejal, pero la mayoría de los votos los consiguió en barrios vecinos. “Acá me votaron pocos, muy pocos, porque la gente es malagradecida”.
Seguimos bajando por Nuble Yic hasta llegar a la calle Congreso de Ávalos, cuyo nombre recuerda un acuerdo que Artigas firmó con Corrientes y Misiones en 1820, ya vencido por los portugueses y poco antes de exiliarse en Paraguay. Doblamos a la derecha. La calle va bajando hacia el cauce una cañada, tributaria del arroyo Pantanoso. Contaminada. Receptora de aguas servidas. A sus orillas estaba la vieja casa de Olga, hoy deshabitada pero todavía en pie.
No era un rancho, sino una vivienda de material, con techo de planchada, todo construido a pulmón por ella y su familia. El problema era que cada vez que llovía, la cañada crecía y la casa se inundaba por completo, lo mismo que las demás viviendas construidas en la zona.
En recorridas anteriores de El Observador, Olga Acosta era la que mostraba los problemas del barrio. Su casa tenía un murito en la puerta para evitar que la casa se inundara cuando subía la cañada.
asentamiento-maracana-sur---db-27-jpg..webp
Olga Acosta, entrando a su antigua casa, que tenía un murito en la puerta para que no entrara el agua cuando subía la cañada.
Diego Battiste
Faltan pocos minutos para que lleguen las máquinas del Ministerio de Vivienda para demoler el antiguo domicilio de Olga, algo necesario para avanzar en el entubado de la cañada, que también se llama Congreso de Ávalos. Entubar el contaminado afluente del Pantanoso es parte medular del plan para regularizar el asentamiento, un proyecto que tiene un costo total de 33 millones de dólares.
“El proyecto de las casas nuevas nació en el gobierno del Frente Amplio y el gobierno de los blancos las terminó”, dice Olga. “Yo estuve el día en el Ministerio de Vivienda cuando se firmó este plan, fue una alegría inmensa”.
El plan actual para regularizar Maracaná Sur, en efecto, nació en 2012. Pero el Frente Amplio se fue del gobierno en 2019 y nada se había hecho en el terreno todavía. Una década después de la firma, todavía el proyecto no había logrado salir de gestiones en los planos y en el papel.
Según datos oficiales, el proyecto elaborado en 2012 fue rechazado por los propios vecinos. Posteriores etapas de diagnóstico y reelaboración se extendieron hasta 2015. Un nuevo anteproyecto se elaboró entre 2016 y 2018. En 2019 el nuevo anteproyecto fue aprobado por los vecinos. El proyecto ejecutivo se ajustó entre 2021 y 2023. En 2022 la propia Olga Acosta le declaró a una periodista de El Observador que visitó el barrio: “¿Ves? Acá van a hacer 136 casas. Ya está el plano de cómo van a hacer las viviendas, yo lo he visto”.
Ahora por fin llega una enorme máquina excavadora y un enjambre de funcionarios uniformados. Vienen de demoler la vieja casa. Una asistente social del Mides exhibe su preocupación por la presencia de un periodista. Teme, quién sabe a qué.
Olga Acosta.mp4
Leonardo Haberkorn
Con su largo brazo mecánico que culmina en una enorme pala, la excavadora arremete contra la vieja vivienda. Todos sacan fotos o filman. Olga también. La planchada no cae al primer golpe. Olga exhibe su orgullo. “Esta era mi casa. La hicimos en familia, ningún sector político me dio nada. La empezamos de abajo, fue un trabajo de hormiga. Cuando la terminamos tenía tres dormitorios, porque teníamos tres varones”.
Le pregunto si se siente triste al ver la demolición de su hogar de tantos años. “No, no. No se podía seguir viviendo ahí, porque cada vez que se tapaba la cañada, el agua llegaba hasta acá arriba. Se inundaba horrible. Yo era ‘vecina alerta’, tenía que estar toda la noche despierta para avisar si había que trasladar gente por el nivel del agua”.
“Tirar la bomba”
Volvemos caminando, otra vez por Nuble Yic rumbo a la nueva casa de Olga, la que le dio el Ministerio de Vivienda.
“Mi padre trabajó con los blancos, con Chiruchi, en Rincón de la Bolsa, en San José”, cuenta. “Trabajó mucho por el hospitalito de Rincón de la Bolsa y cuando se murió, ni siquiera una corona mandaron. Yo fui a hablar con Juan Chiruchi al Palacio y le dije que quería ponerle una lápida a mi padre, le pedí un poco de portland y arena. Quédate tranquila, me dijo. Nunca me mandó nada. Por eso me hice colorada, porque a mi padre los blancos nunca le reconocieron nada”.
Llegamos a la nueva casa. Olga puso una bandera del Frente Amplio.
La casa tiene dos plantas y 53,39 metros cuadrados, según los datos del Ministerio. Debajo un baño y un ambiente amplio: cocina, comedor y living. Arriba, dos dormitorios.
Hay pocos muebles. A Olga le faltan placares, estantes, cómodas y muebles en general. No tiene dónde guardar sus cosas. El piso está tapizado de cajas y bolsas negras de nylon repletas de las pertenencias que trajo de la otra casa. Casi no hay espacio para desplazarse. Nos sentamos a una mesa también desbordada de objetos diversos: tuppers, termo, mate, tazas, un trofeo que ganó Olga, una licuadora, un plasma encendido en TV Ciudad.
Olga está contenta con su nueva casa. “A lo que estaba, y a lo que estoy ahora, ¡cambió mucho! Cuando recibí la llave, estaba llorando y estaba agradecida, claro que lo reconozco… era una emoción muy grande”.
Molina exageró un poco en sus críticas. No es cierto que la casa se llueva o se haya llovido. Un día de tormenta, le entró agua por debajo de la puerta que da a un pequeño patio trasero. Es cierto, sí, que el revoque se rajó en algunas paredes.
“Llamé a reclamar y ya vinieron y ya arreglaron”, dice la nueva propietaria.
Lo otro que reclamó no se logró solucionar. El calefón no se pudo poner dentro el baño, sino al otro lado de la pared, por lo que quedó expuesto en la cocina-living. “Eso es lo único horrible, haber tenido que poner el calefón de este lado… ¿dónde se ha visto? No se pudo porque la UTE dijo que no… Sacando eso, está todo a nuevo”.
Olga subió a su propio Facebook su discurso agradeciendo por la nueva casa y dice que los que le hicieron el meme lo tomaron de allí. Si no hubiera querido otorgarle el mérito al gobierno, continúa, no hubiera subido el video a sus redes. Lo mismo, pero al revés con las fotos y videos que muestran el día que la casa se inundó o las paredes rotas: los tiene en su teléfono, pero no quiso hacerlos públicos, porque sabía que se hubieran usado para desmerecer las nuevas viviendas.
“Yo si quería tirar la bomba, la hubiera tirado, pero no. No soy malagradecida, ni traidora. Qué me van a criticar: soy de abajo, no soy política. Yo lo único que quiero es que todos vivamos dignamente. Soy del pueblo, de a pie. Soy una persona mayor y me faltaron el respeto, me dijeron que era una rata, que gracias a los blancos me dieron una casa y soy una malagradecida… no es así”.
Le preguntó cómo piensa que no fue el gobierno que le dio su casa nueva. No le gustó.
“No hubo un apoyo al barrio. Le pongo un ejemplo, en una rendición de cuentas dijeron que la plata iba a ir para salud mental. Acá en la policlínica Maracaná Sur, la gente tenía que irse de noche al Saint Bois para poder agarrar un número ver un psiquiatra al otro día. Yo levanté firmas para que pusieran un psiquiatra y las llevé a ASSE. Nunca tuve respuesta”.
“Tenemos un psiquiatra que viene solo una vez al mes. Puede atender a muy pocos pacientes, porque acá viene gente de Santa Catalina, Casabó, Paso de la Arena… no da abasto. Cuando le di las firmas a Cipriani, se comprometió a mandar un psiquiatra en 15 días y nada…”.
Le digo que aún así, el haberle dado una casa no es poca cosa.
“Claro que no, estoy muy orgullosa de haber salido de allá, estoy en un buen lugar, cerca de la parada. Ya reclamé por los defectos y vinieron, me arreglaron. Uno tiene que ser agradecido y yo soy. Yo puse el video para que la gente vea. Pero el plan lo empezó el Frente. Y en este gobierno solo le daban palos al Frente, al Frente, al Frente... Hay que reconocer cosas y ellos no reconocieron nada. Entregaron unas viviendas a las apuradas para decir que las entregaron… no vino el ministro, vino el subsecretario Hackenbruch… ¿por qué no vino el ministro a Maracaná Sur y sí fue a otros lados? Por eso le planteo que con este gobierno yo, lamentablemente, no estoy muy conforme, porque realmente no han hecho lo que tenían que hacer. Venir al barrio, preguntarle al pobre qué necesita… sin banderas políticas, porque cuando tenemos hambre yo no uso la bandera política”.
En las elecciones, en la zona de Maracaná y la aledaña La Paloma la votación del Frente Amplio fue abrumadora. De entre todos los miles de circuitos electorales del Uruguay, los de estos barrios ocuparon el segundo lugar con mayor ventaja para el candidato del Frente Amplio: Orsi 74,7%, apenas 25,3% para Delgado.
Olga se hizo famosa, pero su voto fue tan solo uno más.