Si hay algo que se desprende de esta postal es lo siguiente: Dani Umpi es pop por donde se lo mire.
El apartamento de Dani Umpi en Ciudad Vieja es el vivo reflejo de todo lo que él es. Es el lugar donde persona y personaje conviven.
“Me mudé hace dos meses y tengo casi todo en cajas. Lo primero que hice fue poner todo el vestuario de los shows en una pieza que tengo como taller. Las ollas todavía las tengo en una caja, pero el vestuario está todo en el placard”. Lo que define como “la locura de cualquier drag queen de Broadway o niño que se quiere disfrazar”, es un armario muy ordenado donde el color explota en tonos de fluo y telas brillantes. Los accesorios: pelucas, rodilleras, gorros y cinturones están todos clasificados en cajones, mientras que los vestuarios de sus “securities o bailarines” están prolijamente doblados en un estante. En el taller, las cajas y valijas abundan, pero dentro del placard el orden predomina.
“Soy fetichista de los zapatos”, dice, mientras muestra con orgullo sus zapatos de la marca brasilera Melissa. Estos forman parte de su vestuario “de civil”. De tamaño muchísimo menor, el guardarropa de Daniel Umpiérrez es opacado fácilmente por el de Dani.
“Si no fuera por Dani Umpi no podría subirme a un escenario. Recién ahora estoy cantando vestido de civil en algunas oportunidades, o me estoy soltando más en las entrevistas. Pero si no me aferraba mucho al personaje, a la máscara”.
¿Esto tiene que ver con el gesto de sacarte la peluca en los shows en vivo?
Es parte de una tradición de las drag queens. A veces cuando terminan los shows se la sacan, mostrando que todo es una creación, un personaje.
Este 2011 fue de cambios, según asegura. Sus dos trabajos, la columna mensual en la revista Freeway y su programa radial en Urbana fueron cancelados. Ahora, sin esa red de contención económica, se vio obligado por primera vez a recurrir al arte como sustento. Pero lejos de flaquear, ahora se encuentra en un buen momento, dice. Mientras vende algunas obras plásticas, agenda shows en vivo.
“Hay tres cosas que quiero aprender: coser, editar videos y cocinar”, asegura.
Las tres tienen cierta relación, todas se tratan de unir partes diferentes para crear algo.
(Se ríe). “Sí, sí. Tengo un espíritu de alquimista”.
Luego de dos años del lanzamiento de su último disco, Dramática, una colección caprichosa y divertida de versiones acústicas, Dani Umpi necesitó volver a sus raíces pop.
Además de retomar donde había dejado con Perfecto (2006), con canciones bailables e ineludiblemente pegadizas, Mormazo fue un disco realizado con una intencionalidad particular: se rige bajo ciertos conceptos que Umpi tiene como para elaborar su trabajo.
“Llama la atención que en el show pop siempre tengo dos bailarines o securities, y en realidad es porque tengo una obsesión por la numerología. Siempre tengo en cuenta el número 3. Entonces, en lugar de presentarme como uno, somos 3”.
¿De ahí viene la canción 3 pasos?
Sí, también es por ese lado. En este disco es todo re evidente, porque es el tercero. La camiseta que tengo en el arte de tapa tiene el número 12. También, cuando hice la presentación en el Canal 12 me puse un 1 y un 2 en cada mano. Los del canal quedaron chochos porque era su número, pero era en realidad por el 3. En estas últimas presentaciones no tengo tanto temor en mostrar mis intereses por la metafísica. Por eso continuamente hago una mezcla de elementos sagrados con profanos. En los shows y en el videoclip, todos tienen mucha simbología.
Con la intención de continuar esa estrategia creativa de la recurrencia del número 3, el guión del video de 3 Pasos fue realizado junto a Luciano Demarco, que también ofició como director y contó con la participación de amigos.
“El video habla de la transmutación, sobre el crecimiento del ser y una suerte de ritual iniciático. Es sobre un elemento que va pasando por tres etapas, que es la bolsa de basura”.
El video comienza con dos niños que encuentran una bolsa de basura, que luego se la dan a Dani. En la segunda etapa él aparece caminando por la calle vestido de celeste, acompañado por dos chicos que llevan Cebalitas, uno vestido con el equipo de Nacional y otro de Peñarol. Finalmente, en la última etapa Dani muere y se transmuta en un nuevo ser que “nace” de la misma bolsa.
“Siempre tengo presente que todas las cosas pueden ser interpretadas de varias maneras. Puede ser un sinsentido, pero para mí tiene un sentido”.
Este año se dio un cambio también en sus presentaciones en vivo. La música, que antes era fundamentalmente una pista pregrabada, ahora está acompañada de una banda real. “Esto surgió de la necesidad de armar una banda fija en Argentina, porque toco más allá que acá”.
Su show más “tradicional” por así decirlo, contaba con sus bailarines Bebe y Pichón y el dúo de señoras y músicos falsas Las Rosano. “Me interesa que el escenario de ese tipo de posibilidades de creación, donde nos e sabe quién es el que toca realmente y quién no. Qué es lo real y qué no. Y hay una mezcla intergeneracional en un espacio donde no es frecuente ver a señoras mayores”.
A estos recientemente se les sumaron una guitarra y percusión electrónica. “El show se potenció porque ahora la pista está mezclada con instrumentos en vivo. Pero sigue habiendo esa confusión y ese espíritu de fiesta de fin de cursos y karaoke, que son espacios que no están legitimados dentro de la música”, aseguró.
Este tipo de confusión e indefinición, lejos de causarle problemas, lo asimila. Vive en Montevideo pero su banda reside en Buenos Aires. Es un artista que se involucra en varios campos de creación y que además y de manera totalmente voluntariamente, se posiciona en la frontera de polos opuestos: bueno-malo, femenino-masculino, cultura alta-baja.
“Es difícil definirme a mí y a mi trabajo justamente porque es algo totalmente móvil y disperso. Confío mucho en el caos. Entonces, en un mundo acostumbrado a sintetizar y a lo concreto, genera ruido un artista que confíe tanto en la dispersión y que además genere más confusión”, reflexiona.
Recientemente fue invitado a realizar su show en una exclusiva fiesta en José Ignacio. En el medio de uno de sus hits, se pudo ver a Pancho Dotto bailando en la pista.
“Esa es una característica interesante. A veces canto en lugares re exclusivos con público como Pancho Dotto, y otras veces voy a fiestas en Las Termas donde sortean kilos de yerba entre las familias sentadas en sillas de playa. Me gusta mucho la indefinición. Para algunos es como algo re cool y para otros no es suficientemente hipster”, apunta Umpi
Esa polarización fue evidente cuando recientemente el video de 3 Pasos fue recomendado por el blog Club Fonograma, dedicado al nicho de música independiente ultra under. A la vez, el video apareció también en el programa de Omar Gutierrez. “Es que a veces soy como la rara avis de Uruguay y otras soy como la mascotita”, dice Umpi entre risas.
Mormazo fue el producto del trabajo junto a Daniel Anselmi y con la participación Javier Vaz Martins. Pero con seguridad se puede decir que lo que más capturó la atención no solo en Uruguay, sino que en Latinoamérica, fueron sus invitados: Wendy Sulca y Fito Páez.
Las razones para realizar esta reunión por demás atípica, fueron simples. “Sentí que tenía la posibilidad de hacerlo. Para evidenciar que existen varias maneras de crear. Tres personas que vienen de diferentes mundos, de lógicas y estrategias creativas diferentes, se pueden unir para hacer una canción”.
En 2009 comenzó la composición de las canciones, pero el disco recién llegó a la calle a fines de noviembre del año pasado. Para aliviar la espera, en 2010 lanzaron el primer corte, 3 Pasos.
“Fue muy placentero hacer el disco, aunque demoró mucho, porque tanto Anselmi como yo teníamos varios planes. Entonces el disco es muy... no sé como hacer para no usar la palabra ‘ecléctico’, pero cada canción es un mundo aparte. Y creo que eso también se debe a que lo hicimos durante mucho tiempo, y nosotros íbamos cambiando. Estuvo mucho tiempo en el horno y se hicieron varias comidas a la vez”, se ríe.
Sin embargo se nota que hay cierto hilo conductor. Si se escucha el disco en su totalidad, se nota que es una unidad.
Pero creo que fue también porque se hizo en mucho tiempo, y cuando lo escuchás todo entero, hasta a mí me sorprende.
Según Umpi, cada canción es una pequeña historia, “porque básicamente hago ficción. No es que me siente a escribir una canción y digo lo que siento, sino que invento, registro cosas o frases que escucho.
¿Nunca hacés canciones que sean sobre vos, sobre cosas que te pasan?
No hago eso generalmente. Mis creaciones van por otro lado. Admiro mucho la gente que trabaja con su vida, su cotidianidad y lo que sienten. Pero yo no lo puedo hacer. Me sale crear una historia alejada a mi realidad, porque de hecho tengo a Dani Umpi como una entidad fuera de mí. Creo que mi cotidianidad no me interesa tanto ni me inspira como puede inspirarme la vida de una amiga o algo que pueda inventarme. Si hablo que no llego a fin de mes o los problemas de salud no me parecen interesantes como podría serlo otra cosa. Mi cotidianidad es demasiado cotidiana. Soy demasiado común. A pesar de que no parezca.