9 de enero de 2014 19:23 hs

Fernando “Coco” Sily divide al mundo en dos categorías genéricas: el “macho” y el “puto”. Pero antes que algún lector salte con indignación ante el sustantivo ofensivo, este humorista argentino que hace televisión, teatro y radio desde hace dos décadas en medios de Argentina (con una boca que le hace homenaje a personajes como Enrique Pinti), aclara que no se está refiriendo a las opciones sexuales de la gente, sino a una actitud ante la vida.

“No tiene que ver con la opción sexual”, dijo Sily a El Observador desde Buenos Aires, mientras se prepara para salir al aire con su programa radial Código Sily, en la FM La Pop, “la de mayor rating de Argentina”, asegura. Incluso Sily se reconoce como “amigo” de un grupo de homosexuales llamados Los Osos. “Son unos gordos barbudos, con los que como asados”, confiesa Sily.

Tampoco tiene que ver con la división de géneros. Bajo este ángulo, puede haber mujeres que tengan una actitud muy de “macho”. Siguiendo la lógica de Sily, la actitud del “macho” es la antigua, la tradicional, la que mantiene los códigos de barrio, la que pretende que los hombres mantengan sus costumbres de siempre. Y la actitud del “puto” es la de quien se depila, quien come comida que se ha puesto de moda, como la rúcula. “Es el hombre sensible, el que llora, el que hace las tareas del hogar. Es un nuevo modelo de hombre que nos quiere imponer algo que yo llamo la Internacional de la Putez”, explica Sily con desparpajo.

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El humorista, que tiene una dilatada carrera que lo ha vinculado, entre otros, a nombres pesados del humor argentino (como Tato Bores, Antonio Gasalla y Guillermo Francella), y que ha tenido difusión en Uruguay gracias a ser el panelista estrella del programa Animales sueltos, conducido por Alejandro Fantino, presenta este viernes y sábado en el teatro Nogaró de Punta del Este su espectáculo La cátedra del macho 2, La resurrección.

Se trata de una nueva vuelta de tuerca a su primer show con este nombre, donde batallaba contra esta actitud de la modernidad varonil que en su opinión ha tomado un montón de elementos que minan las viejas costumbres del macho.

“¡Perdónanos, señor, por las milanesas de soja y por los pantalones chupines. Por el encremamiento general y la depilación definitiva, perdónanos por el voley y los Babasónicos!”, comienza el guion de Sily en La cátedra del macho 2.

Su personaje está crucificado frente a una cruz de neón sobre el escenario y le habla a un dios distante que no sabe cómo reaccionar frente a los cambios que están sucediendo en el presente.
El macho uruguayo

Sily se considera un Quijote que sin Sancho ni Rocinante, ataca a los molinos gigantes de un sistema que para sus parámetros hace retroceder en todos los frentes al “macho” clásico. Y lo que él ve que sucede en Buenos Aires es un fenómeno global que va “atacando” a todos los países.

El Observador lo consultó sobre su percepción del “macho” uruguayo y sus características. Su relación con Uruguay fue muy fluida desde chico, porque su padre, que trabajaba para una empresa importadora de acero, vivía seis meses en cada orilla del Plata. “Yo viajaba mucho a ver mi padre y aprendí mucho del ‘macho’ uruguayo”, dice Sily, quien considera que se parece mucho al argentino. “Tiene muchas similitudes, con códigos de barrio y de pueblo. La única diferencia quizá es que como es un país más chico ha estado más resguardado como bastión del macho”, agrega.

Pero de todas maneras, en la visión del humorista, los uruguayos están cambiando “para mal”. “No sé qué les pasa, viejo. ¿Le cambiaron el agua a los termos de los mates y le pusieron daiquiri?”, pregunta Sily con un grito histriónico.

Su presencia en el balneario es parte de su actitud provocadora. “Actúo en Punta del Este porque es un centro internacional de la putez”, dice Sily, quien hace tres años ya había actuado en el cine Cantegril.

¿Hasta dónde las opiniones del personaje son las de Sily persona? “Bueno, eso es algo que prefiero que los espectadores decidan”, aclara.

Sily vive en Parque Patricios, está divorciado y su segunda pasión luego de la actuación es el póquer, con el que ha viajado por el mundo y ha competido a un nivel que considera “amateur casi profesional”.

Llega a Punta con la boca bien sucia y abundante humor y dinamita para la polémica. Y ni siquiera las fuertes olas de las playas del Atlántico parecen poder limpiársela.

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