The Sótano > OPINIÓN

¡Aguante Ipswich!, Ed Sheeran

Un músico y cantante inconfundible llega en su plenitud a Montevideo

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19 de febrero de 2019 a las 14:23

Ed Sheeran nació en Halifax, Yorkshire del Oeste, Inglaterra. De ese condado solo hay un equipo en la Premier League en estos momentos, el Huddersfield Town, que va último y necesitará de un milagro y medio para poder salvarse. Cerca de su cancha está la de otro histórico, el Leeds United (visité ambas hace 11 años, porque ahí se escribieron páginas históricas del fútbol).  Sheeran no es hincha de ninguno de esos dos clubes, sino del Ipswich Town, de Suffolk, región de Anglia Oriental, club en el cual jugó el uruguayo Adrián Paz en la temporada 1994-95. El Ipswich ocupa hoy la última posición en la Championship, o Primera B, del fútbol inglés (aunque en la liga también participan clubes galeses, como el Cardiff y el Swansea).

El Ipswich Town tiene un interesante record: es el único equipo en salir campeón de primera división (la antigua English Football League, EFL, hoy Premier) el mismo año en que ascendió. Fue en la temporada 1961-62. Fue hace mucho, el cantante no había nacido. El club también es dueño de otro interesante record; las veces que participó de competencias europeas, venció de locatario a equipos grandes, como el Milan, el Real Madrid, el Inter de Milan, y el Barcelona. Desde hace tiempo pasó a ser residente casi permanente de segunda división, pero pinta para que este año se vaya más abajo. En 2013, el padre de Sheeran convirtió a su hijo en hincha del Chelsea, porque, ¿a quién no le gusta ser seguidor de un club que gana y aspira a conseguir campeonatos?

Ipswich Town, va último, a once puntos de la salvación, y todo indica que va perder la categoría. Ed Sheeran, en cambio, ha ido ascendiendo a la velocidad de la luz, escalando categorías, hasta convertirse, tal como es, en el cantante pop más popular y prolífico del mundo en la actualidad. Hasta ahora ha conseguido mantener la proeza de editar discos sin altibajos. Los tres que grabó, + (más, 2011), x (multiplicar, 2014), y ÷ (dividir, 2017), han tenido fenomenal recepción en todas partes. Pocos a esa edad –acaba de cumplir 28 años- tienen un repertorio tan variado y destacado. Usando el lenguaje del pugilismo, puede decirse que kilo por kilo Sheeran es el mejor baladista de la actualidad. Sus primeras canciones, que ya casi tienen una década, suenan tan bien como el día del estreno. Nacieron con un ritmo intemporal incluido.

Sheeran es un regisseur del ritmo y la melodía, por lo que en los tiempos actuales puede fácilmente pasar por genio. Cuesta encontrar otro cantante pop con tanta avasalladora inspiración y tantas canciones convincentes, de esas que los demás músicos envidian. Con muchas de ellas pasa algo peculiar. Aunque a las primeras escuchas puedan pasar por cursis, se convierten enseguida en clásicos de esos que atraviesan las épocas con blindada frescura, caso por ejemplo de los temas Give Me Love yPerfect. Si uno se pone a escarbar y a buscar comparaciones con los grandes maestros de la melodía pop, encontrará infinidad de parecidos entre el repertorio de Sheeran y el de otros cantautores contemporáneos y anteriores.

Por ejemplo, se hace difícil afirmar que Sheeran no escuchó hasta el más mínimo detalle el álbum Stop All the World Now, de Howie Day. La canción de Sheeran, Small Bump (2012), parece ser un homenaje directo a Collide (2004), uno de los temas más representativos de Day. Y lo mismo puede decirse respecto a los primeros álbumes Waiting for My Rocket to Come  (2002) yChariot (2003) de Jason Mraz y Gavin DeGraw, respectivamente, con los cuales varias canciones de Sheeran no esconden su parecido.

Pero las afinidades y similitudes no solo se restringen a contemporáneos, sino que Sheeran, como músico inteligente y respetuoso con todo lo que estuvo antes es, viaja incluso más atrás, hasta la década de 1970, lo cual puede verse en dos de sus mejores y personales canciones, Happier y Castle On The Hill (ambas estarán con toda seguridad en el repertorio montevideano), en las que no es difícil descubrir vasos comunicantes con Paul Simon, Dan Fogelberg, Lobo, y Jim Croce, entre otros que no son los únicos, pues en más de una canción es posible encontrar asimismo “afinidades” con temas emblemáticos de los Moody Blues, entre otros Isn't Life Strange, obra maestra. Alguien al que comparan con esas figuras, debe tomar los comentarios como gran elogio, no como una duda respecto a su paternidad sobre sus propios temas.

Sin embargo, más allá de los parecidos que puedan detectarse con otros músicos en ese mismo rango, hay algo inconfundiblemente propio en el “estilo Sheeran”, lo cual permite que el artista imponga su aporte innovador a un género, como el pop melódico, que será tan eterno como la propia música. Sheeran es, y se nota a la legua, un detallista en busca de arreglos perfectos, los que generan eso que los productores anglosajones llaman “catchy melody”, y que no son sino esos compases pegadizos que se instalan de por vida en el jukebox colectivo. No en vano, a sus conciertos asisten niños, adolescentes, estudiantes universitarios, y señoras y señores que en las décadas de 1970 eran los Adonis y Afroditas de Lancelot, Zum Zum y Ton Ton Metek, cuando las “lentas” eran las reinas de la noche, por lo menos, de los mejores momentos de esta.

El cantante con pelo de Archie, a quien Clark Kent le prestó los lentes, y cuya imagen trae el recuerdo de aquellos personajes de historietas que se convertían en nuestros amigos imaginarios, llega a Montevideo con la bolsa cargada de éxitos que son además canciones inconfundibles (The A TeamThinking Out LoudBloodstream, Perfect, Shape of You, etc. etc.). Las canta solo, acompañado de una guitarra española que nunca lo deja a pie, aunque cante parado, convirtiendo a su voz en la protagonista de la noche, como diciéndole a la audiencia, “esto es música mis amigos, y la interpreto sin efectos especiales, sin necesitar nada aparte de mi propio talento”. Llega un grande en serio, y viene forrado de canciones, las que se han convertido en antídoto de lujo contra la chabacana procacidad de ese ruido abominable llamado reggaetón.

 

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