"Medio estresante". Así define el trabajo del despachante Pedro Castro, quien se desempeña como presidente de la Asociación de Despachantes de Aduana del Uruguay (ADAU). Esto, dice, porque siempre se está contrarreloj: “todo el mundo lo quiere ya”. La expresión “todo el mundo” parece más que adecuada para quienes juegan un papel clave dentro del comercio exterior de un país, sirviendo de intermediarios entre los empresarios que tienen negocios con el exterior y el sector público. En Uruguay, este rol lo asume la Dirección Nacional de Aduanas (DNA), con la que, según Castro, la ADAU tiene una relación “excelente”. Castro tiene palabras elogiosas para el director de la DNA, Enrique Canon: “modernizó la Aduana, le cambió la cabeza”. Uruguay tiene hoy 420 despachantes de aduana, y el 98% pertenece a ADAU. El sector, en tanto, emplea entre 20.000 y 25.000 personas, según cálculos de la gremial. Los despachantes vienen disfrutando de años de intenso trabajo, de la mano del crecimiento del comercio exterior. En 2014 se alcanzó un nuevo récord histórico de exportaciones (US$ 9.178 millones). En tanto, se importaron bienes por US$ 9.632 millones (exceptuando petróleo y derivados).
¿Cómo es la relación con la DNA?
Excelente. Tenemos un gran director de Aduanas, un tipo que llevó a la Aduana a la modernización, que yo no vaya más a la Aduana: todo es desde el escritorio. Él va a sacar una orden del día por X problema y nos la manda para que la estudiemos en conjunto y sacar lo mejor posible. No es un lineazo. Los lineazos siempre llevan a tensiones y a equivocaciones, porque nadie tiene la verdad.
¿Cómo califica a la actividad en Uruguay en comparación con los países de la región?
Nos reunimos ocho veces al año el directorio de la Asociación de agentes profesionales de Aduana de las Américas (Asapra), la asociación de agentes marítimos para América Latina, el Caribe, España y Portugal. Creo que Canon nos llevó a los primeros lugares. Porque Argentina es muy parecido a nosotros, pero tiene otras contras. Chile está muy bien, estamos a la par. Todos los demás mienten. Dicen que están mejor pero son un desastre. Argentina podría estar muchísimo mejor, pero como existe Cristina y un montón de gente…
¿Argentina es un dolor de cabeza constante para ustedes?
Sí, porque siempre tiene algún cambio nuevo, a nivel de normativas. Tenemos lugares como Nueva Palmira, que era una monstruosidad lo que se movía, al que le cortaron los víveres. El otro día veía con tristeza que hay una empresa, que está instalada acá, internacional, que va a hacer un puerto allá para terminar con el problema. No sé si saldrá o no, pero amagó con eso. Argentina nos complica, permanentemente, en todo. No sé cómo lo vamos a solucionar, si el 15 de diciembre se nos termina el calvario o no.
¿Se reúnen con pares argentinos?
Sí, siempre. Pobres tipos. Mi colega, el presidente, poco menos que llora. Está desesperado, porque siempre le ponen algo para demorarles el trámite.