7 de junio de 2013 20:55 hs

¿En qué consiste su trabajo?
Desde hace bastante tiempo, Ferrere tiene un programa de capacitación constante para sus profesionales. Lo que hago en ese contexto es dar cursillos para pulir la expresión oral y escrita de los distintos estamentos profesionales, no solo abogados sino también economistas.

¿Cómo encontró este mercado?
El mercado me encontró a mí. Hay una necesidad, una demanda de mayor expresividad, sencillez y eficiencia en la escritura profesional.

¿A qué problemas responde?
Los jóvenes profesionales crecen en un medio en el que se les exige menos el redactar bien. Me temo que redactan peor y no sé si en algunos sentidos no piensan peor. Creo que nuestro sistema educativo, al igual que muchos otros en el mundo, está fallando en esta época de transición a una sociedad de la información. Esa falla requiere políticas y programas específicos que permitan disfrutar y acceder a lo mejor de los dos mundos.

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¿De qué forma se organiza su trabajo?
Permanentemente estoy dando cursillos, edito texto junto con los profesionales y verifico que las pautas básicas de redacción sean atendidas. Es eminentemente práctico.

¿Cuáles son los problemas más comunes?
Aparece una estructuración de los textos que muchas veces es o redundante o confusa, aparece un conocimiento que se tiene pero que no se utiliza con ductilidad en la expresión escrita, faltas de ortografía… Se notan algunos problemas de redacción, de estructuración, se nota la tendencia a las oraciones largas, a los párrafos largos, al uso excesivo de convenciones y lugares comunes. Aun en los mejores alumnos, aun en los jóvenes de muy buen nivel académico, se encuentran problemas de este tipo. Lo que me hace pensar que no es una entera responsabilidad de ellos, sino que hay algo que se quebró en el sistema educativo.

¿El lenguaje escrito está venido a menos?
Yo no puedo afirmar que el lenguaje escrito esté venido a menos, sí el uso de la palabra escrita por parte de profesionales que se dedican a eso, porque no se está hablando de un odontólogo, sino de cronistas, abogados, economistas, sociólogos, docentes. Por lo tanto, sí se nota que hay un uso menos hábil del lenguaje escrito, y en muchos casos, además de problemas de sintaxis y de ortografía, se encuentran verdaderos bloqueos en términos de la expresión analítica.

¿Para usted es claro que la habilidad de lectoescritura del profesional de antes no es la misma que la de ahora?
Sí, las nuevas generaciones parecen tener problemas mayores en ortografía, en su sintaxis y mayores problemas en ordenar su pensamiento. El problema es notorio, aun los profesionales egresados en estudios terciarios de calidad cometen errores de ortografía, cometen espantos sintácticos y perpetran descalabros analíticos, y eso es más frecuente de lo que antes se aceptaba. Hoy parece aceptable que profesionales que viven escribiendo lo hagan con menos habilidad, y eso se acepta.

¿Se ha tocado fondo?
Yo creo que si hay algo que se ha demostrado es que siempre podemos estar peor; lo que también creo es que hay que hacer algo. Hay gente que entiende que hay que hacer algo y que empezó a hacerlo. Hay empresas que empiezan a exigir que quienes se postulen para un trabajo hagan pruebas de lenguaje, y hay estudios de abogados que empiezan a decir “en este lugar necesitamos mejorar la expresión escrita”. ¿Es un problema serio? Sí, y en todos los ámbitos, no creo que sea privativo de los abogados ni de ninguna otra profesión, es un serio problema de los diplomados profesionales.

¿Qué tan importante es para una sociedad hablar y escribir bien?
Es un rasgo civilizatorio. Si se empobrece la escritura, es razonable pensar que se empobrece el pensamiento y la fluidez de la comunicación entre las personas. l

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