7 de febrero de 2014 19:00 hs

En 2004 la consultora especializada en la administración de patrimonios y análisis financiero, Bomsztein Partners, adquirió vida propia. Michel Bomsztein trabajaba en el estudio profesional de su padre, dedicado a temas contables y tributarios, fundamentalmente con clientes del exterior. Los clientes empezaron a consultarlos sobre sus ahorros, y fue así que identificaron un nicho. Michel Bomsztein empezó entonces a orientarse hacia el manejo de ahorros y finanzas personales. Para Bomsztein, el valor agregado de su firma es la independencia de ese asesoramiento. “Es preferible pecar por ejecutivo, que por ineficaz, es en el balance de los aciertos y de los errores, donde se juzga el valor de una gestión y no en la falta de errores de quien no ha sido capaz de tener aciertos”, reflexiona.

¿Cuales son las consultas más frecuentes?
Generalmente se dan cuando el cliente recibe una herencia y en la gran mayoría no tiene ni idea de todo lo que implica. Hay casos en los que hay testamento, pero no es común. En general no se involucra a la familia en estos asuntos. Creo que esta situación en algunos casos tiene razón de ser porque hay veces que el padre abre el juego a sus hijos y se plantean reclamos y exigencias. Quien hizo el dinero tiene derecho a hacer lo que quiera pero puede crear una bomba y parte de mi trabajo es desactivarla. Es fundamental saber lo que el cliente quiere, qué riesgos está dispuesto a asumir.

¿Cómo se organiza esto?
Los ahorros tarde o temprano terminan en una sucesión. En otros países hay una cultura de planificación sucesoria, pero aquí es nuevo. Hay herramientas que van hacia la planificación sucesoria. Es fundamental porque no dejar el patrimonio organizado implica que muchas veces termine degradándose o perdiéndose parte.

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¿Cómo es el uruguayo con respecto a esta temática?
No quiere hablar de la muerte, difiere el problema. Existen herramientas para organizar el patrimonio, que aquí son muy incipientes.
El uruguayo no es amigo del capital de riesgo. Mientras que el americano y el brasilero están acostumbrados a invertir, el uruguayo prefiere la segura, y -según las tasa de interés- esto puede ser bueno o malo.

Su libro “Sin amigos en Wall Street” publicado en 2012, ¿fue una forma de emprender?
Sí, fue un emprendimiento y un descubrimiento. Me he dado cuenta que soy naturalmente emprendedor porque impulsé a mi esposa a empezar su emprendimiento (la tienda virtual, Clementine). El libro es una recopilación de experiencias, casos, consultas y algunos artículos, en un lenguaje simple y entendible. Era para distribuir entre clientes y amigos pero (el editor) Roberto Fattoruso me impulsó a que lo enviara a las librerías. Nunca me imaginé que se iba a agotar. Fue una gran satisfacción.

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