El colorido impacta ni bien se traspasa la puerta de la fábrica de Cotton Flor que cuenta con 3.500 metros cuadrados en el corazón de Montevideo, en la calle Cuareim.
Morris Saúl dirige la empresa familiar que nació en 1991 dedicándose a la fabricación de acolchados, que comercializaba a través de las marcas Zyporah y Soniar. En la actualidad la firma tiene en su cartera 123 productos.
En el 2000 debido a los problemas con las importaciones, el precio de la guata no permitía ser competitivos: en Cotton Flor decidieron tirarse al agua y comenzar a fabricar guata. El inicio de la operativa fue accidentado, ya que les enviaron una máquina equivocada –anécdota que Saúl describe como difícil de olvidar–. Luego de seis meses de trabajo para poner en marcha el equipo, marchó viento en popa y les permitió competir con las importaciones y ampliar su abanico de productos.
La necesidad de fabricar guata y la falta de proveedores de fibras en Uruguay llevaron al empresario a Alemania para participar de la feria más importante de la industria textil, Heimtextil. Gracias a su compañero de viaje, descubrió la marca Cotton Flor. “Cludius vio la palabra (Flor de algodón) en un pasacalle de una autopista de Fráncfort y me dijo que la tenía que patentar. Me gustó. Si me preguntan de qué era el pasacalle no tengo idea”, comentó entre risas.
"Es difícil conseguir personal capacitado"
El director de Cotton Flor cuenta cómo su empresa familiar dedicada a la blanquería y ropa de cama logró superar duras pruebas y competir en un mercado “conservador”