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¿Hacia dónde va la moda?

Sin Lúmina, con Moweek en proceso de cambio y la necesidad de vender en el exterior, el sector de diseño de indumentaria nacional se pregunta hacía dónde ir

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14 de abril de 2018 a las 05:00

Hubo un tiempo en que la moda estuvo de moda. Después de aquella efervescencia de los primeros años de siglo XXI –cuando desde la Ciudad Vieja y las galerías del Centro emergieron los nombres y las firmas de Ana Livni, Cata Bouza, Sol Alonso, Srta. Peel y V2– llegó la ebullición. A los egresados del Centro de Diseño (ahora Escuela Universitaria Centro de Diseño), la Universidad de la Empresa, los institutos Strasser y Peter Hamers se les sumaron las primeras generaciones de ORT y de Integra Escuela Pablo Giménez. De pronto, en el microscópico Uruguay, habían opciones variadas para los que querían estudiar diseño de moda.

Apareció un concurso llamado Lúmina ideado por el shopping Punta Carretas para premiar a los talentos nacionales. Unos años más tarde La Rural –responsable de la Bafweek de Buenos Aires– desembarcó en Montevideo y junto a la empresaria y entusiasta Carina Martínez crearon Moweek. Una uruguaya llamada Vale Valuchi llegó a la versión latinoamericana de Project Runway. Se gestaron marcas y diseñadores con espalda suficiente como para abrir tiendas en los barrios costeros de Montevideo. Nacieron fotógrafos de moda; maquilladores; peluqueros; blogueros que ahora se autodenominan influencers y cobran por su presencia en acontecimientos y se empacan si no están sentados en primera fila. También se gestó así un diminuto star-system alrededor de un sector joven y pequeño que necesitaba show, ruido, conversación. Todo se transmitió en vivo por las redes sociales del momento. Primero fue Facebook; después, Instagram. Hay, incluso, una nota multimedia que hizo The New York Times en 2015 sobre la escena de la moda uruguaya.

Las modelos empezaron a salir de las fronteras del país y viajaron a Nueva York y París, desfilaron en las semanas de la moda y llegaron a protagonizar campañas que tapizaron el mundo (es probable que nadie haya superado aún a Carolina Sánchez sosteniendo una bandeja con tres variedades de Coca Cola). Las marcas que, de alguna manera, se vinculaban con la moda acompañaron el crecimiento. Bancos, autos de alta gama, productos cosméticos y de cuidado personal, bebidas alcohólicas se asociaron con diseñadores, firmas y acontecimientos como, por ejemplo, Moweek. Que, como sucede en el hemisferio norte, antes de su nombre tiene una marca. Allá es Mercedes Benz, acá es Itaú. Hubo campañas de colecciones, desfiles, mudanzas de locales, multiplicación de locales, espacios como Sinergia dedicados en su casi totalidad al sector de la moda. También –como lo hacen los gigantes H&M o Target– hubo alianzas entre firmas de fast fashion y diseñadores o marcas de diseño. Primero lo hizo el hipermercado Géant. Años más tarde lo hizo Indian.
El consumo creció. O al menos eso demuestran los números de acontecimientos como Moweek (ver recuadro).

Hasta que en un momento dado, sin mucho preaviso, la ebullición se naturalizó. La novedad se volvió habitual. Y el entusiasmo pasó a ser costumbre. Moweek dejó de prestarles atención a los desfiles y se convirtió en una feria multitudinaria. Lúmina desapareció a fines de 2017 y las escuelas de diseño se quedaron sin un fuerte motor para los alumnos que estaban en los últimos años de su carrera. Vanina Friedmann, jefa de marketing del shopping, lo explicó así: "La plaza local revista un sinnúmero de eventos y acciones que van en la misma dirección y el diseño ocupa un sitial verdaderamente trascendente en nuestra comunidad, lo cual celebramos. También creemos que este ciclo nos ha enseñado que uno de nuestros roles, desde el liderazgo y la responsabilidad empresarial, debe ser precisamente impulsar y amplificar iniciativas y desarrollos hasta su consolidación. Entonces nos pareció oportuno cerrar una década de Lúmina".

Baridon expresó: "Siento que al estar tan enfocados en la venta y en la prenda se pierde en la búsqueda la innovación, el concepto, y todo termina teniendo el mismo barniz y siendo uniforme. Mi lucha es con los proveedores de telas porque después se usa el terciopelo y está en todos lados el mismo. Por eso decidí empezar a traer mis propias telas. Ahora lo trendy importa menos, lo que importa es tener un estilo, una forma de vestir".
Además, en este estado de situación donde hay menos dinero para invertir, los fashion films se disipan. Las campañas toman menos riesgos. Las colecciones llegan, temporada tras temporada, sin demasiada sorpresa. Aunque cada vez son más las marcas, cada vez es más difícil diferenciar una de otra. ¿Cuál es la identidad del diseño de moda uruguayo? Por momentos –como ocurrió en la pasarela Hit que conjugaba en decenas de pasadas a todas las marcas que reúne esta edición de Moweek– es difícil encontrarla.

Vientos de cambio

Vivian Sulimovich y Florencia Gómez de Salazar fueron las últimas ganadoras de Lúmina. Juntas dieron vida a la marca Zarvich. Su colección –tal vez una de las más sofisticadas que se haya visto en el concurso del shopping, y fuera de él también– llegó al prestigioso Fashion Clash de Holanda. "Si no hubiera sido por Lúmina, jamás hubiéramos llegado. Ahora se dificulta mucho la salida del diseño de autor y emergente nacional", dijo Sulimovich.

La colección otoño invierno de Zarvich fue elegida para protagonizar la última campaña de Moweek. No fueron las únicas ganadoras o finalistas de Lúmina que después protagonizaron la campaña de Moweek. También lo hicieron Tavo García, Laura Almeida, Lucrecia de León y Lucía Benítez, entre otros.

Con la ausencia del certamen, el sector de la moda nacional se queda sin un semillero que, año a año, daba a conocer la creatividad de una generación.

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Petra, Tach Clothing de Sabrina Tach y Agnès Lenoble en la presentación de Moweek 2018
Petra, Tach Clothing de Sabrina Tach y Agnès Lenoble en la presentación de Moweek 2018
En esta ola de cambios o de necesidad de transformación, por primera vez y después de haber demostrado (como se hace internacionalmente) que los desfiles más atractivos son los que toman espacios de la ciudad, la dirección de Moweek, con Sofía Inciarte al frente, decidió separar la pasarela de la instancia de venta. De esta manera, durante las dos semanas previas al acontecimiento, hubo tres jornadas de desfiles. El primero fue la presentación de la nueva edición. Los diseños de Pacta, Sabrina Tach y Agnès Lenoble fueron los seleccionados para caminar el hall central del edificio del Correo en la Ciudad Vieja. Después Sulimovich y Gómez de Salazar mostraron sus creaciones para esta temporada en un espacio del edificio Fórum en la rambla. Y, finalmente, se realizó la pasarela Hit en el salón Roble del LATU.

”Las marcas que están establecidas tienen que hacer un esfuerzo mayor por destacarse, tener productos de calidad y ser competitivas”, dijo Sabrina Srur, fundadora de MUTMA
Moweek, en su nueva versión con una agenda más enfocada en charlas de especialistas de la región y en presentaciones más novedosas de marcas o diseñadores con propuestas que se destacan por el uso de sus materiales o sus técnicas de trabajo (Alba con la lana, Cerrito de los Indios con su moda sustentable y consciente, por solo mencionar a dos), empezó ayer viernes. Durante todo el fin de semana habrá actividades y un abanico extenso de marcas y diseñadores con sus stands.

Sabrina Srur, cofundadora junto a Agustina Pereira y Alexia Berthelemy, de Mutma, sabe que Moweek fue en buena medida responsable del crecimiento de su marca y de gran parte de la moda nacional. Sin embargo, en esta edición, por primera vez los zapatos de Mutma no van a estar en el predio del LATU. Las tres socias de Mutma junto con las hermanas Florencia y Lucía Otonello de Pastiche (que tampoco estará en Moweek esta vez) trabajan juntas en su local multimarca Tienda y en 2017 a sus espacios de Punta Carretas y Carrasco les sumaron los de Sinergia Design y WTC. "Nos queremos concentrar en nuestros puntos de venta. Por el crecimiento que tuvo Tienda y por el crecimiento que queremos que tenga. Apostamos a que la forma de vender sea esta, donde todo está más cuidado. Moweek ya está naturalizado y nuestro espíritu es tratar de innovar", explicó Srur.

Tiempos de madurez y decisión

Hay frases que se repiten: "El mercado es chico", "La moda dejó de estar de moda", "Hay que trabajar con colaboraciones", "Tenemos que salir entre varios", "Al diseño uruguayo le falta", "No tenemos identidad, ¿cuál es la diferencia entre una marca uruguaya y Zara?".

Muchos de los diseñadores –en buena medida veinteañeros que hoy ya están en sus 30 y necesitan lograr que sus negocios sean rentables– están en un momento de reflexión constante de hacia dónde ir. Están los que se enfocan en el mercado nacional y los que saben que para sobrevivir y crecer hay que salir. Zarvich, Mutma (que vendió hace unos años en Urban Outfiters en Estados Unidos y ahora forma parte del e-commerce de Falabella en Chile) y Margo Baridon son tres ejemplos de marcas o diseñadoras que buscan trascender los límites del país.

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"Como acá no hay mercado voluminoso somos muchos los que necesitamos colocar nuestros diseños afuera. Pero no hay herramientas desarrolladas, desde las universidades o desde la cámara, para decirte cómo hacerlo. Hoy si le embocás es de suerte. La industria todavía no está desarrollada para la exportación. Ni hablar de que la producción en Uruguay no está nada fácil. Creo que participar en las ferias como un grupo colectivo de diseñadores de un país es el camino. Eso es mucho más representativo que que vaya uno solo y tire una cañita. Los diseñadores de muebles lo hicieron así", dijo Baridon, que en este momento vende sus prendas en locales multimarca de Ciudad de México y Guadalajara.

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Además de las herramientas, Baridon y también Sulimovich y Gómez de Salazar saben que para entrar al mercado internacional hay que tener un diferencial, una identidad, algo para decir. "Acá falta alma, identidad, experimentación. Que haya un objetivo más allá de vender ropa. Nosotros somos generadores de cultura. La moda tiene que reflejar el lugar donde vivís. Y acá en Uruguay no pasa", dijeron las responsables de Zarvich.

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Baridon expresó: "Siento que al estar tan enfocados en la venta y en la prenda se pierde en la búsqueda la innovación, el concepto, y todo termina teniendo el mismo barniz y siendo uniforme. Mi lucha es con los proveedores de telas porque después se usa el terciopelo y está en todos lados el mismo. Por eso decidí empezar a traer mis propias telas. Ahora lo trendy importa menos, lo que importa es tener un estilo, una forma de vestir".

Srur, por su parte, concluyó lo siguiente: ”Las marcas que están establecidas tienen que hacer un esfuerzo mayor por destacarse, tener productos de calidad y ser competitivas”.

El estado de situación de la moda y el diseño nacional se enmarcan en un acontecer internacional. El consumo desmedido dejó de ser hace años un motivo de orgullo. Hace unas semanas la ONU calificó a la industria del fast fashion de emergencia medioambiental. La polución que genera esta industria, que gasta litros y litros de agua en sus procesos de producción, la ubica como una de las más contaminantes del mundo. Ya nadie debería querer cambiar su ropero (¿quién tiene tanto espacio hoy?) de una temporada a la otra. Porque, además, con un abril de 28 grados, es difícil asegurar que existen las estaciones. El mundo cambia, las prioridades también, la moda se adapta, contrario a la rapidez de su producción, de forma más paulatina. Mientras tanto, decenas de diseñadores en Uruguay se siguen preguntando, ¿cuál es el camino?

Moweek en números

Desde abril de 2012 –cuando Itaú empezó a ofrecer el beneficio del 25% de descuento con sus tarjetas de crédito– hasta octubre de 2017 la factuación creció de forma exponencial. Primero fueron 15 stands con una facturación de casi $ 1 millón. En abril de 2015 los stands eran 60 y el gasto de dinero llegaba a los $ 12,3 millones. La cifra continuó en ascenso. En octubre de 2017, con 80 stands (el número estuvo estacionado durante las últimas tres ediciones, no así la cantidad de transacciones) se gastaron $ 17,5 millones.

MOLA

Desde el año pasado la fundación Entre Soles y Lunas –que tiene como objetivo intervenir de manera positiva en la migración– organiza en Uruguay MOLA, un acontecimiento que funciona como una plataforma de moda sostenible en Latinoamérica. Esta vez el evento que busca generar consciencia sobre la industria textil, se realiza desde el 22 al 27 de mayo.

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Además de desfiles y venta de productos habrá una serie de conferencias y debates enmarcados en dos grandes temas: el patrimonio y el agua. Valen Suárez, colombiana radicada en Uruguay desde hace más de una década y responsable del evento, contó que es necesario encontrar un camino para que todos los proyectos que surgieron en Uruguay sigan creciendo. "Desde MOLA apostamos a fomentar el desarrollo de una industria de la moda sustentable, diversa y de fuerte identidad latinoamericana", dijo Suárez.

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