Nacional > Entrevista / Luis Barbeito

"Hay cierta decepción y muchos jóvenes científicos están con ganas de irse al exterior"

La falta de apoyo económico en la ciencia aparece como uno de los problemas más grandes en el área en Uruguay, ya que queda permanentemente relegada

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15 de abril de 2018 a las 05:00

El director del Instituto Pasteur está convencido de la importancia en la inversión en ciencia y tecnología para construir la sociedad a futuro, pero sabe que esa inversión no da resultado en el corto plazo y siempre aparecen urgencias que la postergan. Ese, entre otros, es uno de los motivos por los que algunos jóvenes científicos analizan desarrollar su carrera en otros países. De este y otros temas habló Luis Barbeito con El Observador.

¿Qué es el Instituto Pasteur?
Es una iniciativa que nace entre el gobierno de Uruguay y el Instituto Pasteur de París que ve un interés en poner un instituto con proyección internacional en esta región de América. Es una fundación sin fines de lucro que está compuesta por tres partes: el Instituto Pasteur, el gobierno de Uruguay y la Universidad de la República que pone recursos humanos, no dinero. Más allá de los cinco millones de dólares iniciales que labró este convenio y que fue un recanje de deuda y que permitió la construcción del edificio y algunos equipos, a partir de ahí más del 90 por ciento estuvo a cargo del gobierno de Uruguay, hoy por hoy unos 5 millones de dólares.

¿Cuánto destina Uruguay a investigación?
Para ser optimista digamos que es un 0,4% del PBI.

¿Cuál es la media mundial? ¿Cuánto sería lo correcto?
Depende del impacto que tiene la investigación sobre tecnología. Hay países que invierten 3 o 4% de su PBI en ciencia y tecnología con aporte grande del sector privado. En Uruguay el aporte del sector privado es bajo.

Y 0,4% del PBI es bajo.
Y estamos en la parte más vulnerable. Lo ideal que se había pensado para este gobierno era el 1%, pero hay otros sectores que están solicitando esos recursos.

¿Por qué es importante invertir en esto?
Aquí el tema es la manera en que el país piensa que quiere construir la sociedad de futuro. Hay pilares culturales, productivos y económicos. Hay un modelo que es la economía basada en conocimiento que invierte en cultura y en conocimiento tecnológico y científico y usa la investigación como medio de ser competitivo a nivel internacional para que el país tenga esa impronta de la innovación. Eso se contrapone con otro modelo cultural, económico y productivo que es el país que produce materia prima, que es el país que nos dejó la colonia española, que se basa en una explotación de los recursos ambientales, de los recursos naturales y la exportación de esos bienes y eso requiere poco conocimiento. Esto requiere baja intensidad en investigación y alta intensidad en lo que es la exportación de productos naturales.

¿Cómo una investigación puede impactar en la economía?
Hay muchos ejemplos. Pensemos en la Suiza de los años 60 en donde los químicos empiezan a descubrir familias de fármacos que empiezan a tener beneficios ansiolíticos. Eso generó tal impacto en la economía suiza, en el comercio exterior y la proyección internacional que marcó un rumbo histórico en el país. Lo mismo con Nokia en Finlandia o la industria metalúrgica de posguerra en Suecia. Pero hay ejemplos en Asia, Corea del Sur, Singapur, hay un número creciente de países que encuentran un nicho a través de un modelo intensivo en conocimiento.

¿Algún proyecto que esté trabajándose en el Pasteur podría tener impacto en la economía?
El Pasteur está cumpliendo 11 años de vida, tampoco ha madurado lo suficiente. Hay una decena de proyectos que son frutas que deben madurar pero que nos hacen saber que es factible avanzar y conseguir socios para que el conocimiento que se produce encuentre un impacto social. En salud animal hay dos proyectos, uno con una vacuna contra la leptospirosis y estamos trabajando con la Universidad y el ministerio, y también hay un test diagnóstico que con bajo costo puede erradicar la leucosis bovina que es endémica. En salud humana se creó una empresa, una start up con fondos privados que trata con una familia de fármacos nuevos realizados junto con la Facultad de Química. En cáncer hay patentes apuntando a conseguir fondos para hacer un desarrollo de un marcador. Es complicado esto. El investigador solo, en un instituto no puede hacerlo, y es un eslabón de una gran cadena.

Esa complejidad, sumado a que esto requiere tiempo ¿contribuye a que la comunidad política no entienda la importancia de invertir en investigación?
Parte de los actores políticos comparten que Uruguay en un momento tendrá que agregar valor a sus productos y aumentar el conocimiento científico de toda la sociedad porque es una forma de pensar la vida. Pero por otro lado, al momento de poner prioridades y tomar decisiones es algo que no es imperativo esta inversión, porque da rédito a largo plazo y siempre hay coyunturas más urgentes. Ese es uno de los problemas que tenemos en Uruguay y es que la ciencia va quedando relegada.

¿Esto hace que los científicos se vayan del país?
En este momento hay una cierta decepción. Muchos jóvenes en esa área biomédica están mirando con ganas irse al exterior.

¿Por qué vino el Pasteur a un país que no le da importancia a esto?
Es que el presidente Jorge Batlle tenía la visión de que Uruguay tenía una fortaleza en las ciencias de la vida ya que tuvo investigadores destacados. Vio una proyección de que ese conocimiento se visualizara como una actitud científica de salud médica y animal, pero también en exportaciones. En el primer gobierno de Tabaré Váquez había una decisión clara y pasaron cosas importantes como la ley de Ciencia y Tecnología y hubo un aumento de las inversiones y pareció que se tomaba un camino con la creación de la ANII (Agencia Nacional de Invsetigación e Innovación) y el sistema de becas. Después eso fue cayendo. El gobierno de (José) Mujica no renovó el crecimiento y el segundo gobierno de Vázquez lo tenía en sus planes pero no se concretó. No hay acciones decididas y recién el año pasado nació una iniciativa, el Uruguay productivo, que promete hacer nuevas inversiones en conocimiento.

No es muy auspicioso el panorama.
Y no, yo creo que la investigación científica quedó relegada en un nivel bajo de prioridad y hay otro actores reclamando recursos como salud, educación, vivienda que lucen más prioritarios que la investigación.

En esta sociedad violenta, ¿qué importancia juega la neurociencia?
Todo un tema. Las neurociencias están comprendiendo que cosas que ocurren en una sociedad en un momento dado se pautaron años antes. En momentos de estrés cuando los adultos fueron niños se fueron cableando con el medio ambiente. A comienzos de los 2000 estábamos sumidos en una crisis y más del 50% de los niños estaban sumidos en la pobreza y eso es un factor de estrés que impacta en el desarrollo del niño y propicia que se generen conductas violentas. Ahora puede haber un componente de riesgo y Uruguay tendrá que esperar una generación para tener gente más medida en sus actos.

¿Se están haciendo cosas?
Yo creo que se está haciendo. Ese porcentaje de niños pobres bajó. Luego, la asistencia a la primera infancia mejoró. Hubo inversiones decididas de asistencia a ese sector. Sabemos que el dinero mejor invertido es el invertido en la primera infancia. La neurociencia habla ya de la gestación intrauterina. Eso es muy importante y los productores de animales de consumo ya sabían que la calidad de la madre antes de concebir importa porque le deja una impronta al crío que viene al mundo. El conocimiento de la neurociencia no hace más que confirmar estas cosas. La nueva sociedad deberá prestarle atención crucial a estas cosas para que los individuos puedan quedar bien preparados.

Hay cierto punto de contacto entre la escasa importancia que la política le da a la ciencia por la incomprensión y los réditos a largo plazo, y la inversión en minoridad que tiene parecidas características.
Comparto totalmente. Existe el conocimiento pero el momento de tomar decisiones cruciales le van a dar importancia a lo imperativo y a lo otro lo van a postergar

¿Cómo se siente usted ante esto?
Una vez lo discutí con un presidente y el presidente me dijo, 'bueno, esto no es tema de una clase política o de un presidente sino cuando toda la población pida por algo eso se dará'.

¿Cómo se hace para que la población pida por estas cosas?
Hay múltiples variables. Entre ellas los medios de comunicación, que hoy quizás tienen más incidencia que un político hablando desde una tribuna. Pero también la visión de los padres que ayudan a sus hijos a tomar decisiones. Es multidimensional, influido por cosas que no dominamos como las redes sociales. Pero precisamos seres humanos responsable y bien formados.

Hay debate sobre el sistema educativo, pero la neurociencia nos dice que el partido se juega antes de los tres años. Al final es más importante un plato de comida que determinado plan de estudio.
Es interesante este punto. Para la misma información que recibe en un contexto educativo el niño, puede tomar decisiones A, B y C de acuerdo a cómo se le formó el cerebro desde el día que fue concebido hasta el tercer año cuando el 90 por ciento del cerebro está formado. Está todo entramado. Y por eso digo que la revolución de una sociedad pasa por eventos transgeneracionales, que tiene que ver con la cultura, con su sensibilidad para con la gente, el medio ambiente, etcétera.

Cuando uno dice que después de los tres años se jugó el partido pero luego le quita dramatismo nadie se anima a usar la palabra irrecuperable, es posible que el político no se vea alarmado por la situación.
Ningún científico va a decir eso. Entiendo la crítica pero hace a la modestia del sistema porque sabemos que en esto un niño puede estar cometido a las peores condiciones y luego ser un fenómeno. Hay que tener modestia a la hora de hablar de la construcción del cerebro. Hablamos de vulnerabilidades. Cuando pasó estrés, va a estar más vulnerable a reproducir sobre sus hijos lo que le pasó a él: impulsivo, violento, el reproducir un esquema alimenticio y reproductivo similar, con menos apetencia por actividades intelectuales.

Cuando se impuso la idea de los 18 años para manejar o tener armas la neurociencia no existía ¿fueron tan acertados en fijar esa edad como para seguir manteniendo el paradigma de los 18 años?
Eso está cambiando y quizás un joven de 16 años hoy equivale a uno de 20 años de hace 40 años. Pero desde que se acuñó la palabra adolescencia nuestros abuelos sabían que al influjo de las hormonas sexuales los jóvenes tenían conductas extrañas. Hoy la neurociencia da como que el cerebro madura entre los 21 y 24 años.

O sea que podríamos fijar la edad de imputabilidad a los 21.
Es todo muy individual pero puede haber elementos de juicio para decir en este caso en particular podría ser inimputable. Es tarea de los jueces pero actúan con una presión social y tienen que resolver el tema sin mucha teoría detrás.

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